De la imagen poética a la imagen fílmica. Vicente Huidobro. Escritores y el cine I

La relación entre la literatura y el cine ha generado, genera y generará un desbordante conjunto de repertorios bibliográficos. El gusto, afán y perversión de los teóricos y críticos, tanto cinematográficos como literarios, nos empuja a buscar los nexos subyacentes entre los dos campos de creación artística. Hasta tal punto que muchas veces nos atrevemos a afirmar que el cine es un género literario más. Aseveración fundada en el hecho constitutivo de la imagen cinematográfica como tal, que no es otra cosa que verbalizar con la imagen en movimiento un pulso interno del alma. Dicho de otra manera, el cine bautiza con la imagen cinética las inquietudes de un ser o las esporas de un ser colectivo.

Mi formación académica, losa que cargaré el resto de mi vida, al estilo de un Sísifo persistente y condenado, podría incitarme a seguir alimentando los anaqueles de esas bibliotecas que ahora apenas son visitadas por los curiosos en celo de ciertas materias. Sin embargo, no quiero, aunque acabaré haciéndolo, alimentar las hojas de libros o artículos que caerán en el bullicio de las relaciones entre literatura y cine. Prefiero, en cambio, en una serie que me propongo inciar desde ahora, desentrañar las relaciones, imbricaciones o diferentes casuísticas que llevaron a diferentes escritores a adentrarse en el mundo del cine, hoy referentes indiscutibles de la tradición poética occidental y, en especial, la hispánica.

Muchos iniciaron sus trabajos como críticos cinematográficos en diferentes revistas de crítica cinéfila. Otros quisieron ser en sus inicios novelistas, pero los golpes de la realidad les condujo a la profesión de guionista. Otros han engordado con ceros (a la derecha) las cifras de sus cuentas corrientes, gracias a las adaptaciones de sus novelas. Y todos, en fin, como trabajadores de la cultura, se han movido de una forma u otra hablando o escribiendo por y para el cine. El artista, ya desvinculado de los centros de mecenazgo es un lumpen más. Por ello, buscará sus formas de vida en esa actividad tan propia de los buscavidas: el pluriempleo. Ya no será solo un escritor, sino un agente de la cultura. O, por otra parte, se sentirá atraído por la persuasión de una forma de arte que, siendo núbil, reclama los amores clandestinos y esporádicos de unos diletantes.

Cagliostro. La búsqueda de una película, el encuentro de la novela

El caso que hoy nos ocupa es el de Vicente Huidobro, poeta chileno, genio de la palabra y personaje ególatra. Si Huidobro era un ególatra, al menos tenía razones fundadas para serlo. Genio de la palabra, creador de síntesis verbales, donó al mundo en imágenes creacionistas no una forma de hacer poesía, sino la forma de poetizar. Reconocido, aparte de discusiones personalistas, como fundador del Creacionismo, casi por unipersonal asunción y apropiación del movimiento, ejerció el acto de poetizar en los diferentes géneros que hoy conocemos. Se atrevió en la novela con Sátiro o el poder de las palabras, renovó el poema largo con Altazor y, finalmente, fue seducido por el cine al escribir Cagliostro.

La novela film Cagliostro presenta una historia textual interesante para aquellos que gustan de estas historias. Intentaremos resumirla. Parece ser que en un principio Huidobro planea un guión cinematográfico allá por entre 1923 y 1924, alentado por el director de cine Nime Mizú, y que dicho texto es redactado. Incluso parece ser que la película fue rodada. Sin embargo, el film habría sido realizado, según las técnicas del cine mudo, y, para su desgracia, en 1927 se estrena El cantor de jazz, primera película del cine sonoro. Esto provocaría un desaliento en la incursión del genio creacionista en el cine y, por tanto, la película estará oculta, perdida, si no perviviendo en alguna logia ocultista en la que se reunirán espíritus y nostálgicos de Giuseppe Balsamo (auténtico nombre del conde de Cagliostro), personaje inspirador del guión. En definitiva, parece ser que la película fue rodada, así lo afirma Gabriele Morelli en su edición de Cagliostro, sin embargo, no tenemos noticias de dicha grabación, ni de la película. Por tanto, nos movemos en los límites de lo especulativo y confabulatorio.

Sí tenemos, en cambio, constancia de algunos documentos que muestran un decoupáge de la novela film. Es decir, en el archivo de la Fundación Huidobro se encuentran algunos textos que probarían la planificación fílmica del guión. Por tanto, si la película no se llegó a realizar o si fue efectuada pero perdida, sabemos que existió al menos el proyecto como tal.

Por otra parte, la novela film Cagliostro fue publicada por primera vez en 1934, por la editorial Zig-Zag en Chile. En el prólogo de esta edición el autor, Vicente Huidobro, declara que la novela fue publicada fragmentariamente en la década anterior en diferentes revistas literarias de vanguardia. Es un hecho bastante probable, sin embargo, nuestro conocimiento no nos permite corroborarlo.

Huidobro, Vicente, 1893-1948. Portada de Cagliostro . Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-100349.html . Accedido en 27/7/2016.
Huidobro, Vicente, 1893-1948. Portada de Cagliostro . Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-100349.html . Accedido en 27/7/2016.

Sí sabemos, por contra, que el libro no se publicó por primera vez en español, sino que su primera edición fue en inglés, bajo el título Mirror of a Mage, por la casa Houghton Mifflin Company en 1931. Este hecho es significativo, pues demuestra la movilidad de Huidobro muy probablemente para promocionar y generar interés por su película ya fallida. De hecho, en 1927 la novela gana el premio League for Better Motion Pictures, generoso galardón que donaba 10.000 dólares al agraciado.

Sea como fuere, la nerviosa personalidad del poeta chileno se movilizó con la intención de crear su propia película. Parece que el proyecto fue fallido, pero las intenciones ahí permanecieron y prueba de ello es esta historia textual que nos sitúa a un Vicente Huidobro interesado por el mundo del cine. Hasta el punto de querer realizar su propia película. Si otorgamos veracidad a las palabras de Alberto Rojas Giménez que recoge Gabriele Morelli y no parece que haya razón para dudar sobre ellas, el proyecto de la película existió:

“Ahora estoy ocupado con mi film. ¿Sabía usted que yo preparaba un film? ¿No sabían esto en Chile? Será algo nuevo, muy nuevo en París. Mosjowskine es un actor de talento y dirigido por mí hará una cosa buena. Yo tengo condiciones para ser el mejor director cinematográfico. También el mejor actor. (…) Mi Film se llamará Cagliostro.”

Es más, si atendemos a las palabras incluidas en el prólogo de la edición chilena, parece que el fracaso de la película pudo deberse a cuestiones externas:

“En 1922 con el metteur en scéne Jaques Oliver, que acababa de realizar su film La fautee des autres, empezó el autor el decoupáge de esta novela por encargo de una firma cinematográfica francesa. Cando llevaban más de las tres cuartas partes del trabajo, la firma quebró. Al año siguiente, 1923, el manuscrito fue pedido al autor por el actor Mosjoukine, el cual se mostró muy interesado en llevarlo al cine, pero…, tuvo que salir de Francia en el momento preciso. Alemania y luego América le ofrecieron mejores contratos que París.”

¿Quién es Cagliostro?

Ya conocemos la relación directa del poeta mantenida con el cine. Detegámonos ahora en los hechos conservados y busquemos en ellos los gustos y sabores del cine presentes. Leamos, pues, Cagliostro, la novela film. Presento, a continuación, una breve introducción al personaje histórico de Giuseppe Balsamo y una lectura crítica del texto.

Sobre el conde de Cagliostro ha surgido una bibliografía que parece teñida del mismo misterio que envuelve al personaje, ya no sabemos si histórico o mítico. Chamán, sanador, alquimista, fundador de logias masónicas, el primer copto y fundador también del Rito Egipcio o, para simplificar con la mirada racionalista, un charlatán engatusador. No sabemos a ciencia cierta cuales eran las cualidades distintivas de este individuo, pero sí sabemos que cautivó la conciencia de ciertas personalidades en la segunda mitad del siglo XVIII. Adivinador del número premiado de la lotería, quizás por casualidad, quizás por artes nigrománticas, implicado en el famoso caso del collar robado que agitó los nervios de María Antonieta y casi catapultó su paso hacia el cadalso de la guillotina. Fue, en definitiva, un personaje que se movió en el siglo de la razón, el siglo de las luces, pero que no cubre sino este siglo de sombras. Siguiendo la opinión del biógrafo Iain McCalman. Fue, quizás, un engatusador, un embaucador de la conciencias colectivas. No sabemos si con artes ocultas o con artes explicables dentro de nuestro marco racional. Como dice Huidobro en su prefacio: “curioso argumento es este que, queriendo destruir hechos maravillosos, los explica por medio de otros hechos no menos maravillosos”, en referencia a la atribución de Cagliostro como un versado en las artes de la sugestión colectiva, hipnosis. Lo que, en definitiva, le lleva a postular la posición más prudente, pero más sugerente, a mi entender: “Solamente me parece que hay unos fenómenos que no conocemos aún y que, si no se pueden explicar de un modo inteligente, más vale la pena no explicarlos y declarar con franqueza que por ahora no pueden explicarse”.

Busto del Conde de Cagliostro, por Jean Antoine Houdon. Wikicommons
Busto del Conde de Cagliostro, por Jean Antoine Houdon. Wikicommons

Y para, si no explicar, sí comprender lo inexplicable, lo incognoscible en términos kantianos, lo inconcible si atendemos a terminologías más didácticas como en Amor y pedagogía de Unamuno, no existe mejor campo de realidad que el poético o, dicho de otra forma, el artístico. Existe otro ámbito también proclive a ello, que es el religioso. Pero su feroz y férrea institucionalización no permite el juego de las sombras y luces que envuelven a Cagliostro. Personaje, no sé si persona, que promovió, a su vez, una reordenación de lo teológico, muy vinculado siempre a los avatares de lo mundanal.

Es, por esto, que vicente Huidobro escribe su novela film. Seducido por el misterio del personaje. Quizás también crédulo en reencarnaciones o transmutaciones anímicas: “’en otra encarnación, tú fuiste Cagliostro’”, le dice una adivinadora. O, simplemente, inquieto y creativo, llevado por los ritmos estéticos de su tiempo, jugó con la identidad mítica, histórica y poética de Giuseppe Balsamo, para brindarnos la oportunidad de continuar con nuestros ojos los trazos de su poesía.

De hecho, el argumento de la novela film Cagliostro corre en consonancia con el cine expresionista alemán. Un personaje misterioso que se sirve de la magia negra y con ello pretende dominar la conciencia y devenir de su tiempo histórico. La trama muestra claras similitudes con El gabinete del doctor Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920) y la estética, por otra parte, presenta elementos de continuidad con El estudiante de Praga (Der student von Prag, 1913), Nosferatu (1922) y El gabinete de las figuras de cera (Das Wachsfigurenkabinett, 1924), por ejemplo.

La técnica cinematográfica en la novela

Si atendemos a la construcción formal de la novela, descubriremos ciertos aspectos que nos invitan a saltar de la imagen poética a la escritura volcada hacia la sugestión de una imagen cinematográfica. Huidobro había destacado en el terreno de la poesía por renovar o, mejor dicho, por descubrir y mostrar las posibilidades creativas en lo literario. La máxima manifestación de dicha gesta la encontramos en su poema Altazor. Aquí podemos observar los procesos presentes en la creación de la imagen poética. La imagen poética se define por ser un fenómeno poético consistente en la generación de un vibrar emocional interno, resultado de la combinación verbal armónica de elementos no relacionados entre sí. Es, por esto, que la analogía surge como uno de los procesos primordiales en la creación de imágenes poéticas. Pongamos algunos ejemplos para descansar la vista y mente del lector:

“Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor”

En este caso la analogía se establece entre el “diamante” y el “mar”, por una parte, “el diamante” y el hecho de romperse, por otra. La analogía visual puede establecerse por el carácter diáfano de ambas materias. El diamante es cristalino y traslúcido, el mar es líquido y también permite la filtración de la luz. La piedra preciosa es conocida por ser la más dura (en el sentido físico de la palabra, es decir, su resistencia a ser rayada por otro material), hecho que contrasta con la ruptura, el quiebre. El cristal que se quiebra y, mejor dicho, se diluye. Si atendemos, además, a los elementos materiales mencionados y su relación con los elementos abstractos presentes, el poder de la imagen poética es aún más convincente y perturbador. Pongamos otro ejemplo:

“¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos los vientos del dolor?”

La síntesis analógica en este caso reside en el poder de “convevrger” y “cruce” que funcionan como puntos de común unión para los “vientos del dolor” y los “pensamientos” de Altazor.

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Altazor . Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-69083.html . Accedido en 27/7/2016.

En definitiva, la imagen poética es un hecho puramente poético. Un arte de la palabra, del verbo, que supera la metáfora, donde una cosa se sitúa en lugar de otra, “las perlas (los dientes) de tu boca” y al símbolo, esa palabra o elemento que pretende aglutinar en su mínimo punto el desbordante orden de lo inabarcable, el mar como símbolo de la inmensidad. La imagen poética es un hecho puramente creativo que en la inmanencia de lo verbal trasciende lo lingüísitico rasgando los tejidos de nuestro ser interior.

Como huidobro era una fiera indomable de la poesía, era casi inevitable que la novela film Cagliostro no estuviese plagada de esos destellos poéticos. Sin embargo, en un alarde de conciencia creativa se puede comprobar cómo la orientación del genio poético está vertido hacia la imagen cinematográfica. Dicho de otra forma, el torrente poético se adapta para crear una imagen en el lector que remite casi exclusivamente a lo visual, al marco de la pantalla de cine. En este sentido, la primacía de la comparación se hace patente:

“Grandes nubes negras y llenas como vientres de focas sobrenadaban en los vientos mojados” (la cursiva es nuestra).

Otro ejemplo:

“Sus ojos fosforescentes como los arroyos que corren sobre las minas de mercurio” (la cursiva sigue siendo nuestra).

En definitiva, la imagen poética de Altazor se civiliza para poder vivir en los límites contextuales de lo cinematográfico. Así, la comparación es un recurso de perfecta adecuación formal, no obstante, siempre orientada a la primacía de lo visual. Si atendemos a una comparación presente en el poema del paracaidista que sube, podemos observar alguna comparación que difiere de las anteriormente expuestas:

“Siento un telescopio que me apunta como un revólver”

Si bien, es cierto que los ejemplos aquí tomados, los referidos a la novela film Cagliostro se sitúan en el “Preludio en tempestad mayor”, el capítulo más visual y menos novelesco o literario de toda la novela. La precisión estilística de Huidobro demuestra un alarde creativo y artesano que nos permite disfrutar de un gozo cinematográfico sin salir de las páginas de un libro.

Por otra parte, como en toda novela, hay presente un narrador. Ahora bien, heredero de las vanguardias históricas, por ser parte de ellas, entre otras cosas, Huidobro emplea un narrador de carácter irónico y práctico. Es decir, en algunos casos expondrá patentemente la condición del narrador, apelando al lector de forma cinematográfica y exponiendo los límites de la novela. Por ejemplo:

“Mi feo lector o mi hermosa lectora deben retroceder algunos metros para no ser salpicados por el misterio de estas ruedas que pasan”.

Pero en otros casos empleará al narrador para recurrir a lo pragmático, eludiendo por completo las pesadas descripciones de la tradicional novela decimonónica:

“Lector, piensa en la mujer más hermosa que has visto en tu vida y aplica a Lorenza su hermosura. Así me evitarás una larga descripción.”

Estos recursos parecen evidenciar el carácter literario de la obra y disminuir, en cambio, su valor cinematográfico. Sin embargo, si atendemos al marco creativo del que proviene Huidobro, las Vanguardias Históricas, se puede comprender mejor su empleo. Una características de estos movimientos artísticos consiste en manifestar de forma patente los rasgos esenciales y constitutivos del arte, es decir, en este caso exponer palmariamente la condición del narrador. De esta forma, se consigue no solo revelar las condiciones creativas del arte, sino también exponer los límites del mismo. Y como una vez escuché a un filósofo, en el límite está el ser.

Colofón

Cagliostro, en resumen, se presenta como el intento de Huidobro por adentrarse en el mundo del cine. Es bastante probable que represente un fracaso, pues la película o no llegó a rodarse o nunca disfrutó de la exhibición cinematográfica. Sin embargo, ha supuesto uno de los legados más interesantes de este poeta y del arte de la novela. La técnica narrativa apela a nuestra visión y si seguimos los caracteres con el movimiento de nuestros ojos, podremos proyectar el sueño fílmico de Cagliostro.

Para seguir leyendo:

Huidobro, Vicente, (Gabriele Morelli ed.), Cagliostro, Cátedra, Madrid, 2011.

Huidobro, Vicente, (René Costa ed.), Altazor. Temblor de cielo, Cátedra, Madrid, 1981.

McCalman, Iain, (Cecilia Belza trad.), Cagliostro: el último alquimista, Crítica, Barcelona, 2004.

Foto de cabecera:

Vicente Huidobro, 1893-1948 . Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-99197.html . Accedido en 27/7/2016.