II Edición
Crítica de Cine: La acción da carácter

La acción da carácter

  • Título: An Education
  • Lone Scherfig
  • 2009
  • Reino Unido

An Education supuso en 2009 el despegue de una joven Carey Mulligan. Una chica poco convencional, inteligente y de aspecto despreocupado, de mirada profunda y aura frágil. Una actriz con extrema sensibilidad.

Carey es Jenny, una brillante estudiante adolescente británica, que vive en la púdica colonia de los años 60; contando con unas inquietudes y ambiciones que poco tienen que ver con el puritanismo. Ella está enamorada de París, de ese paraíso artístico y cultural. Ha crecido con su música y con sus libros, permitiéndole imaginar un futuro próximo diametralmente opuesto al que el contexto actual parece dirigirle.

Sus padres quieren que vaya a Oxford. Y que allí encuentre a un hombre adinerado que la mantenga el resto de su vida, aspirando a ser una obediente esposa que tenga lista la cena a las siete en su salón de diseño en cuyas paredes cuelgue su título universitario. Pero en la vida de Jenny se cruza Brit, interpretado por Peter Sarsgaard, un hombre que le dobla la edad pero que conecta con ella mejor que cualquier persona de su edad, o de su entorno habitual. Jenny es una mente ansiosa de nuevos conocimientos y experiencias, que rápidamente queda deslumbrada por el estilo de vida de Brit y sus amigos. Con ellos solo parece haber lugar para la diversión y la despreocupación, sin dejar de lado el mundo intelectual que tanto conmueve a Jenny. Juntos acuden a elegantes restaurantes, salones de música, subastas de arte… Y así, el punto de vista del espectador pasa a ser el de la protagonista. Quedamos igualmente deslumbrados por el glamour y el lujo que rodea a esa experimentada pandilla de estafadores. Porque… ¿de dónde viene todo el dinero que supone mantener un estilo de vida como ese?

Jenny es una adolescente. No entiende ni quiere saber sobre temas económicos y además es una mujer en los 60: “sus preocupaciones no deben ser las monetarias”. Y ella ya está harta de oír hablar de ello a la voz de su conciencia: su padre. Un disciplinado y trabajador hombre, que ha educado a su hija de forma tradicional.

Solo cuando el fraude se desarrolla descaradamente delante de sus ojos, es la protagonista capaz de entender todo lo que había pasado por alto. Pero las tentaciones pueden ser a veces mucho más convincentes que nuestros valores. Sobre todo cuando se rechaza la educación y costumbres que siempre te han impuesto.

Se refleja muy bien la locura adolescente: como la de aquellos que empiezan a darse cuenta de cómo es el mundo y creen ya saberlo todo. Y como el futuro es difícilmente visualizable, lejano. Solo existe el ahora, y el ahora lo es todo. ¡Y con qué novedad e intensidad se vive todo! Pero sobre todo con qué ingenuidad. La primera lección a aprender es que el ser humano es por naturaleza contradictorio. Y por ello qué fácil puede resultar buscar excusas para no encontrar argumentos que enfrenten nuestras obras, o culpar a otros de no haber visto lo que nosotros nos negábamos a ver. Las debilidades son humanas también. Y no son excluyentes, ni siquiera para los más inteligentes. Pero con las palabras que Jenny hace suyas en un determinado momento: “la acción da carácter”. Y eso es lo que ella, al fin y al cabo, busca. Porque las personas más interesantes son las que tienen algo que contar, y para tener algo que contar hace falta haber vivido.

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