I Edición
Crítica de Cine: Pequeñas singularidades

Pequeñas singularidades

  • Título: Ant-Man
  • Peyton Reed
  • 2015
  • EE.UU.

Hay una fórmula en Marvel, una serie de elementos integrados en una ecuación que a su vez es insertada en cada una de sus piezas desde que la encontrara allá por 2012, en la reunión de los superhéroes más poderosos de la Tierra. Es inamovible en su esencia, pero sus variantes se adaptan a cualquier contexto, ya sea a una space opera, a un thriller con aromas a los años 70 o a la época contemporánea. Con Ant-Man el encaje resulta más sencillo, pues el tono y el entretenimiento familiar que termina ofreciendo concuerda con unas señas de identidad reconocidas por la mayor parte del público y que son potenciadas, precisamente, por esa conexión más natural en el film dirigido por Peyton Reed.

Así, de productos para “todos los públicos”, se cierra la Fase 2 con un acercamiento más familiar y un pequeño héroe impulsado por el carisma de Paul Rudd. Con una primera parte acelerada y algo atropellada por unas excesivas ganas de establecer las bases de su pequeño universo, el origen de este singular personaje reúne el humor y la ligereza necesaria junto a las características marca de la casa. Y singular también es la aportación realizada a la Casa de las Ideas, consolidada en una segunda mitad de un ritmo mucho más medido, y en la cual, la inventiva y la personalidad empieza a aflorar acorde a los poderes mostrados, cuajando un clímax sorprendentemente diferente y divertido y unas escenas de acción que saca jugo a sus particularidades. Un aspecto que es de justicia atribuirle buena parte de mérito a un Edward Wright, que en su paso transitorio por la factoría, consigue dejar patente su legado en una cadena de ideas que rezuman brillantez, algo inteligentemente respetado por Reed tanto en su ejecución como en la puesta en escena. Por ello, termina imperando una sensación de oportunidad perdida, de haberse quedado en el cajón una cinta transgresora en el género, pues el delirio imaginativo de su tercer acto no se extiende a todo el metraje y ver una versión paródica y cómica (en un punto más extremo) queda relegada a nuestra fantasía.

Aun así, la encantadora simpatía y sencillez que desprende por los cuatro costados esta Ant-Man es lo suficientemente satisfactoria para dejarnos un buen sabor de boca y sobre todo, para alejarse de la monotonía que con La era de Ultrón estaba empezando a caer el modelo de Marvel. Se cumple así una idea pocas veces llevada a la práctica por Hollywood, esa donde “menos es más” aunque ese “más” no termine por ser explotado en su máximo esplendor. Hay ingenio, corazón y cabeza en esta juguetona aventura donde los pequeños envoltorios guardan una bienvenida ración de originalidad y frescura que el género superheroico estaba pidiendo con urgencia.

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