Fuera de Concurso
Crítica de Cine: Sexo, drogas y espías

Sexo, drogas y espías

  • Título: Archer
  • Bryan Fordney, Adam Reed
  • 2009
  • EE.UU.

Aristóteles definió la comedia brevemente en su Poética  como “una imitación de personajes ruines, pero sin abarcar toda su vileza; más bien lo cómico forma parte de lo feo, pues lo cómico es un defecto y una deformidad exenta de dolor y destrucción”. La tradición poética, es decir, la tradición que se dedicó a interpretar y fomentar unas normas sobre el arte reinterpretó estas palabras y propuso la siguiente norma: los personajes de la comedia deben ser de extracción social baja, pues el habla cómica (la fea) solo puede corresponderse con este tipo de personas. Esto es, por una cuestión de decoro, de adecuación, de cohesión entre el que habla y lo que dice, este personaje debía representar o imitar a las gentes cotidianas, modestas y, a poder ser, sin valores de honorabilidad.

Afortunadamente, los paradigmas interpretativos de la realidad y del arte han cambiado y, con ello, las ideas sobre la realidad y el arte. En este sentido, el campo de lo posible en la comedia se ha ampliado, transformando nuestras posibilidades de visión y acercamiento a la realidad, por un lado, y, por otro, las posibilidades técnicas y creativas en la comedia.

Archer, serie de animación, ambientada en el mundo del espionaje estadounidense es una clara exposición del contraclásico ideal de la comedia. Los personajes, en este caso, no son de extracción social baja. No son personas de la vida cotidiana, corrientes y, por lo tanto, portadoras de las expresiones lingüísticas de lo feo. De hecho, la esencia cómica de Archer reside en la inadecuación presupuesta entre la apariencia social de los personajes y de sus tanto reprochables manifestaciones como comportamientos.

Intentaré ejemplificar lo anterior. La comicidad de la serie brota del quiebre de expectativas en el espectador. Este asiste a la proyección de Archer con un conocimiento previo del mundo, de uno concreto: la esfera de representaciones artísticas (audiovisuales en su mayoría) vinculadas al mundo del espionaje. Un ambiente articulado en base a la sofisticación, el elitismo, en fin, los exponentes de la clase social alta. Los espías han sido en la representación cinematográfica la cúspide de los valores de la elegancia: hombres enguantados en los mejores trajes, mujeres bellas, alcohol de etiquetas prohibitivas, espacios de acceso restringido… Todo ello construye un mundo, un mundo que reside en el imaginario colectivo del espectador. Un mundo que es quebrado por la acción de una serie de animación.

En Archer los personajes (Archer, Sterling Cooper Archer, es el protagonista, una especie de correlato de James Bond) residen entre los elementos del lujo. Pero no es tan relevante su habitabilidad en ellos, sino su apego emocional a ellos. Uno de los mecanismos de humor más empleados en la serie consiste en crear una irreverente deshumanización. El personaje, sea Archer o su madre (Malory), desatiende el valor humano de los otros, en favor del cuidado por los objetos, por el alcohol, por los jerseys de cachemir o las alfombras hiladas con algún tejido inaccesible. Esto provoca la comicidad, ya que se desquebraja el proceso empático desarrollado por el espectador ante la desgracia de un otro, un otro-como-yo. Esto es, cuando uno de los personajes es disparado o afronta una situación penosa, la compasión del resto de personajes se orienta hacia la desgracia que ha sufrido el objeto de lujo.

Si todo esto lo insertamos en un mundo complementado con el resto de ítem (sexo, alcohol y drogas), obtenemos un espectro de personajes que muestran una inadecuación entre lo esperado por nosotros y lo mostrado por ellos. Esto es, el personaje cómico no surge de la cohesión entre la procedencia de su extracción social baja y lo que dice. Expectación, por otra parte, prejuiciosa y clasista. El personaje cómico surge de la inadecuación, de romper la cohesión entre ética y clase social. Los personajes de Archer se expresan además en el slang neoyorquino. No existen unas grandes palabras, para unos grandes personajes. Existe un comportamiento deplorable, para unos personajes reprendables, a los que irremediablemente acabaremos cogiendo cariño por desmontar un mundo cinematográfico y llenar nuestro ánimo de comicidad.

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