II Edición
Crítica de Cine: Devuélvanos a Kevin, señor Costner

Devuélvanos a Kevin, señor Costner

  • Título: Bailando con lobos
  • Título Original: Dances with Wolves
  • Kevin Kostner
  • 1990
  • EE.UU.

En un mundo como es el cine, resulta imposible gustar a todo el mundo. Una de las doctrinas budistas más antiguas defiende que intentar gustar a todo el mundo nos hará infelices a medida que incrementemos nuestros esfuerzos a costa de la aprobación general.

Creo que esta es la línea más marcada en la persona de Kevin Costner, ese hombre que ante viento y, sobre todo mareas, se ha saltado la opinión y las corrientes cinematográficas cada vez que se ha aventurado en la dirección de una nueva película.

Si bien el western a finales de los 80 era un género bastante decadente, resulta sorprendente ver que uno de los primeros papeles importantes del actor se desarrollaba en Silverado, un western que pasó sin pena ni gloria y que, gracias a Bailando con lobos, el género alcanzó un renacimiento jamás esperado que terminaría con su clímax máximo dos años después, cuando el maestro Clint Eastwood engendra la maravillosa Sin perdón.

Volviendo a la cabeza de nuestro héroe, nuestro Kevin, hay que remarcar el nada desdeñable aspecto de que se trataba de su primer trabajo en la dirección, a lo que hay que sumar su propia interpretación, con un estilo propio que a lo largo del tiempo ha sufrido una caída insalvable. Sin duda se había encontrado con una base estable en la novela homónima de Michael Blake, pero la realización de la misma era otro cantar y, dada la duración y el mensaje que intenta transmitir esta colosal película,  tuvo que sudar sangre mientras veía cómo el coste de producción se disparaba a los veintidós millones de dólares.

A pesar de todas estas vicisitudes técnicas, el puro y duro trabajo generó una obra estupenda, donde el cambio de perspectiva volcó a medio mundo a sentir ese pesar del pueblo americano pasando página a esa demonización que a lo largo de tantos años había repicado en esa cultura. No puedo olvidarme tampoco de esa maravillosa banda sonora que tantas veces he tarareado en mis propios momentos épicos de vida interior, suele ocurrir cuando echas mano de un gigante como lo era John Barry, que, gracias a unas pocas notas, convierte ese trabajo intimista que desarrolla toda la película en un salvaje y épico western como los de antaño.

Siete premios de la academia, entre los que se incluyen los de mejor película, director y guión adaptado, avalan como Kevin entró arrasando ese año por las taquillas y festivales con su obra, sin tener miedo al debut ni a la opinión de la crítica, como un salvaje, como ese pueblo Sioux que logró presentar de nuevo a la sociedad, sin todos esos inmensurables tópicos y prejuicios que se habían asentado tan fervientemente en el espectador.

Nuestro Kevin lo consiguió y de qué manera, arriesgándose a ser el propio narrador de la historia, dándonos una epopeya de más de tres horas que no se hace excesivamente larga, con un trato exquisito del personaje principal, que en muchos momentos nos transporta a nosotros mismos al propio plano del oeste fronterizo, demostrando así, una fuerza empática con el personaje que jamás se había experimentado en el género.

Cualquiera puede venir hablando del trabajo y posterior naufragio de Costner, pero su trabajo de autor en esta obra es imborrable y no se debería obviar el fabuloso trabajo que realizó para revitalizar un género en decadencia y que forma parte ya, de alguna manera, como un elemento fundamental  en el fondo de ideas del ser humano.

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