II Edición
Crítica de Cine: Llorar, apto para todos los públicos

Llorar, apto para todos los públicos

  • Título: Bajo la misma estrella
  • Título Original: The Fault in Our Stars
  • Josh Boone
  • 2014
  • EE.UU.

Resulta ridículo cuando ante un momento más que complicado, por no decir imposible, alguien sugiere que puede enriquecerte como si se tratara de una elección voluntaria atravesar una experiencia inevitablemente devastadora. No nos engañemos, aquello de que lo que no te mata te hace más fuerte es una realidad porque no queda otra. A veces no es más que la conjunción de mala suerte y condicionantes que te conforman como el candidato perfecto para ser el conejillo de indias en lo que parece la confabulación del universo en su laboratorio particular entre los humanos.

Este es el regusto amargo que te deja Bajo la misma estrella, que se filtra entre historias de vida comunes a muchos de nosotros y que nos acaban por unir a través de la necesidad, la empatía, el sentido común o la generosidad, por enumerar algunas razones de peso.

Estamos ante un guión adaptado de la novela homónima de John Green que se fundamenta en las creencias, las esperanzas, los momentos presentes, los pros y contras de permitirse amar, incluida la decepción ante las conductas de otros. Unos dramas personales en sus diversas formas que azotan al ser humano y cuyo punto en común es cómo controlemos lo doloroso de la vivencia. Al fin y al cabo, un recordatorio de lo mucho que importa el viaje cualquiera que sea para cada uno de nosotros, además de dejar latente que llorar es apto para todos los públicos.

Nada de grandiosidades en ningún apartado cinematográfico, tan sólo las pinceladas justas al servicio del argumento, que por de por sí se basta para captar la atención del espectador y no distraerlo con otros elementos. Pero sí encontramos ese halo con que la vieja Europa es presentada y que se torna envolvente en las producciones norteamericanas, como un vino añejo y aromático.

Al frente del reparto los jóvenes Shailene Woodley como Hazel Grace Lancaster y Ansel Elgort dando vida a Augustus Waters. Ambos actores formaban parte, también en 2014, del elenco de Divergente. Una siempre válida Laura Dern y el camaleónico Willem Dafoe añaden un punto de solidez en la parte interpretativa, bajo la tutela del director Josh Boone.

El papel de los involucrados, que se enfrentan a complejos cruces de caminos, a menudo se confunde y llega a invertirse. Unos y otros creen que deben entregarlo todo a quien tienen enfrente, actuando a través de un juicio nublado, lo que da como resultado unos comportamientos que no siempre se ajustan a la realidad y rozan la incongruencia.

El instinto natural de los personajes de curiosear aflora a pesar del gran órdago al que se enfrentan, lo que sirve a Hazel para salir de su zona de confort y arriesgarse, multiplicando así sus oportunidades. Esta inquietud se convierte en el vehículo para dejar de basar su tiempo en una encubierta autocompasión que tiñe de tedio y pasividad sus días, comienza a experimentar como cualquier otra persona sin su problema haría. Una incipiente relación que le conduce desde la dulce desesperación de la espera en los inicios a la intensidad de un profundo mar de sentimientos a lo largo de las diversas situaciones que vivirá.

Uno de los pesos pesados en el contexto de los sentimientos humanos que exploran los personajes trata cómo puede afectar y transformar a una persona que alguien de confianza llegue a defraudar en un momento dado, en contraposición al calado de por vida que alcanza el detalle de otro no tan cercano y que deja una huella imborrable.

Al examinar el leitmotiv de la película surge el pensamiento de disfrutar del sentido del humor como tabla de salvación y hacer de tu vida una travesía agradable. A lo que se suma que si miras con atención es probable que aparezca una nueva aventura que lo cambie todo. Los problemas son inherentes al ser humano y el modo de actuar es la única oportunidad de luchar y salir adelante.

Por otra parte, en el punto más dramático del argumento se presenta la disyuntiva de hasta dónde hay que llegar, cómo de lejos hay que llevar las cosas y cuándo es suficiente. En este sentido se presenta una única solución válida y es la de perseguir tu intuición, haz lo que creas que debes hacer porque solo a ti mismo te debes una explicación, sea cual sea la situación a la que te enfrentes.

Si tal vez, de algún modo inconsciente, elegimos quien puede llegar a herirnos la conclusión más lógica tras disfrutar de estos 126 minutos es deshazte de las personas que se autoimponen y te hacen daño, sepas o no cómo y cuándo será el final. Tu tiempo es tu tesoro más preciado.

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