I Edición
Crítica de Cine: Dejad que los niños se acerquen a mí

Dejad que los niños se acerquen a mí

  • Título: Beasts of no Nation
  • Cary Joji Fukunaga
  • 2015
  • EE.UU.

En un país africano desconocido, un niño tendrá que sobrevivir a la cruenta guerra civil que asola a todo lo que le rodea. Durante el largo trayecto que recorre, tendrá que sobrepasar las condiciones más adversas a las que un niño pueda verse afectado, acabando por convertirse en un soldado, uno de tantos “niños de la guerra”. La dirección del largometraje corre a cuenta de Cary Fukunaga, que alejándose de la riqueza visual y la detallada fachada de sus anteriores trabajos, opta esta vez por representar una realidad menos detallista, más cruda de cara al espectador. Debido a la buena mezcla de la dirección escénica, un reparto eficaz y un guión sencillo a la par que paradigmático, esta película alcanza una forma admirable y conmovedora.

En un argumento cuya clave está demasiado alejada de otras películas bélicas pero sí ha sido anteriormente utilizado, como es la visión o la vivencia de un niño en la guerra, lo que realmente resulta complejo es la elección y los caminos que tomará ese personaje infantil. A lo largo de todo el film, se va dibujando un sencillo laberinto de vivencias que el protagonista atraviesa de la única manera que puede, sobreviviendo. La creación de un personaje que sea un niño es una de las mayores dificultades a las que un guionista se deba enfrentar y es posteriormente donde entra en juego la propia versatilidad del actor y la dirección escénica. Es aquí donde nos encontramos con el joven y desconocido actor Abraham Attah, que realiza una actuación tan sumamente brillante, que tan solo nos tendremos que dejar llevar y deleitarnos con su firme avance a lo largo de la historia, donde se topará, muy a su pesar, a un sanguinario comandante interpretado por el polifacético Idris Elba, uno de esos actores que caminan con pies de plomo a lo largo del celuloide y que otra vez, no defrauda.

Cabe la posibilidad de que el espectador tenga alguna que otra reminiscencia de películas bélicas del estilo, pero en este caso se hace una descarnada representación de una de las cosas más horribles que conoce el ser humano, más alejado de lo espectacular, la artificial destrucción o del simple drama, no siendo tampoco rácano a la hora de consumir kilos de dinamita y sangre a borbotones.

Quizás, entrando ya hacia una conclusión final, la cinta se apoye demasiado a un uso abusivo de la voz en off. Puede que sea aquí donde su visionado denote cierta monotonía, pero no debemos olvidarnos que es un tipo de historia que intenta profundizar en el propio punto de vista del personaje, como si de alguna forma tuviésemos la obligación de entrar en su cabeza y remover en sus pensamientos y, lo que es más importante, en sus miedos. En cualquier caso, estamos delante de una historia demoledora, incómoda para el propio espectador, pero que sencillamente hace que salga a flote un gran sentimiento de esperanza, y es ahí, donde el hecho más desgarrador puede también conducirnos a la más profunda de las alegrías.

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