I Edición
Crítica de Cine: Futuro distópico

Futuro distópico

  • Título: Blade Runner
  • Ridley Scott
  • 1982
  • EE.UU.

En 1982 el director Ridley Scott filmaba una película que, insospechadamente, se convertiría en un clásico absoluto dentro del género de la ciencia ficción. Un futuro probable y embriagador, plagado de neones y lluvia, llegaba para quedarse en la memoria de muchos, y convertirse en un clásico. Se estrenaba Blade Runner.

Como referente del género, se trata posiblemente del largometraje más citado al hablar de ciencia ficción y nombrar su director. A pesar de su discreto debut, y de la pobre aceptación tras su estreno, el tiempo la ha colocado en su lugar como la genialidad que es. Su prólogo, ante una ciudad iluminada y entre llamaradas, pone al espectador en situación: la convivencia entre humanos y replicantes, con la Tyrell Corporation como imperio creador de vida inteligente, y la posterior creación de ese cuerpo especial de policía, los blade runners, para dar caza a la imprevista amenaza.

El mundo creado por Scott, con esa ciudad superpoblada y esa lluvia incesante, tiene el mérito de ser perfectamente posible en el presente. Blade Runner no envejece, se ha convertido en una película inmortal, enseñando un futuro probable en el que la máquina supera al hombre, y además no carece de sentimientos. Un futuro alcanzable en el que la silueta humana queda emborronada por una creación, los replicantes Nexus, que utilizados como esclavos, se rebelarían contra la mano que les dio vida.

El reparto, con un inolvidable Harrison Ford como protagonista en el papel del blade runner Deckard, se completaba con Roy Batty, el replicante siempre recordado al que daba vida Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos como el blade runner Gaff, Daryl Hanna dando vida a otra de las replicantes y Joe Turkel como el dueño y señor de Tyrell, la corporación responsable de la creación de los replicantes. Ford, interpretando un personaje que no acababa de entender del todo como declaró tiempo después, dejó con Deckard uno de los papeles más reconocibles del actor. Rutger Hauer como Batty, es el responsable de dejar uno de los monólogos más recordados de la historia del cine, con su improvisación final poniendo el broche de oro a una película inolvidable para muchos, y responsable de marcar una generación.

Aunque Blade Runner se basaba en el ya famoso libro de Philip K. Dick, Sueñan los androides con ovejas eléctricas, se trata de una adaptación totalmente libre que exponía unas ideas y un conflicto moral que tiene total cabida en el tiempo presente. La rebelión de una creación humana, y la humanización de esa propia creación. Lo que persigue Deckard, su trabajo, es posiblemente su propia sombra, una persecución a sí mismo, y a su soledad como cazarrecompensas. Se trata de un bucle del que no es posible escapar. Por otro lado, el replicante Roy es la otra cara de la moneda, en el fondo no tan diferente de su cazador. Sólo quiere saber el tiempo de vida que le queda, y alargarlo, convertirlo en una vida humana real. Quiere vivir, como cualquier ser humano. Se niega a limitarse a un producto alejado de su creador. La escena en la Tyrell Corporation junto a Eldon Tyrell (Turkel) en la que aparecen como padre e hijo es totalmente reveladora y brillante. La creación termina con el creador, se independiza, quiere saber. Es el precio a pagar por superar los límites humanos, por crear vida. Deckard aprenderá esto en el tramo final de la película, en una persecución sin fin en la que la presa se convierte en cazador, y viceversa.

El tratamiento visual de la cinta es también destacable. Una potente fotografía que muestra una ciudad oscura, de vida nocturna agitada, con coches voladores y edificios gigantescos. Un trabajo magnífico de Jordan Cronenweth, y el marco perfecto para el desarrollo de la trama, que nos pone en situación casi de inmediato.

Blade Runner es la cinta futurista por antonomasia. Una película para revisitar varias veces y encontrar algo nuevo en cada visionado. Un regalo para la vista que, acompañada además de la banda sonora de Vangelis, resulta un clásico imprescindible para dejarse maravillar por la grandeza del cine y abrazar un futuro que casi podemos vislumbrar en el horizonte. Un futuro no tan lejano, y que quizá no se aleja tanto de lo que veremos.

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