Fuera de Concurso
Crítica de Cine: Cromosoma 3 ¿Cine de autor?

Cromosoma 3 ¿Cine de autor?

  • Título: Cromosoma 3
  • Título Original: The Brood
  • David Cronenberg
  • 1979
  • Canadá

Cuando escucho el término cine de autor, no sé exactamente a qué se refiere la gente. El uso de esta etiqueta implica que existe un cine que no es de autor. Entonces, es como si existiese la posibilidad de que una obra fílmica no tuviese la firma de un creador. Pero de momento las máquinas no crean películas para nuestro disfrute, al menos que yo sepa. Por tanto, es evidente que toda película tiene que contar con alguien que la realice. Conclusión, toda obra fílmica presupone una firma autoral.

Por otra parte, esta terminología no se aplica a otras artes. Nunca he escuchado la expresión pintura de autor, escultura de autor, teatro de autor, arquitectura de autor o novela de autor. Yo, al menos, no lo he escuchado. Si alguien sí lo ha percibido, por favor, que me lo haga saber. ¿Por qué no aplicamos esta categoría a otras artes? Es fácil, las otras artes son lo suficientemente maduras como para comprender que toda producción humana presupone la acción individual e identificativa de quien la hizo, es decir, su autor.

Pero es que lo más curioso de todo es que si hay alguna de las siete artes en la que la figura del autor se ve, si no difuminada, sí al menos absorbida por el poder del trabajo colectivo, es el cine. Y resulta que es en el mundo cinematográfico donde se emplea tan absurda etiqueta, a saber, cine de autor. Por eso, mi propósito es indagar en la naturaleza de este lema y explicar su razón de ser desde una personalidad como la de David Cronenberg, tomando como ejemplo directo su película Cromosoma 3.

Aclaremos, entonces, primero lo que puede significar la expresión cine de autor. Nos invita a pensar que existe un cine que es de autor y otro que no. Como ya hemos demostrado, es imposible que una película no sea creación de una o varias personas. Podemos deducir, entonces, que autor en este caso tiene una significación restrictiva, es decir, limita la calidad del ser autor. Hay un tipo de creadores que es diferente al resto. Creo que este es el quid de la cuestión: los autores que se diferencian del resto, porque el foco apunta al director, no a la película. La atención se centra entonces en la trayectoria vital de un artista, no en una de sus creaciones particulares. Por tanto, Cromosoma 3 solo es comprensible como un paso más en la carrera, en el decorrer cinematográfico de Cronenberg por el mundo.

Reconozco que no he visto toda la filmografía de este director. Pero reconozco que, habiendo disfrutado con un puñado de sus películas, soy capaz de captar ciertos elementos compositivos recurrentes en sus obras. Para empezar, se percibe una predilección por lo repulsivo, por lo repugnante. Los personajes se ven imbuidos en situaciones que propician un proceso de transformación gradual. Transformación que se manifiesta somáticamente en forma de tumores, metamorfosis o evoluciones. Estas manifestaciones corpóreas son la expresión de un mundo interior turbulento y agónico. El personaje se encuentra en dilemas, en procesos de evolución, de desarrollo psicológico. Una de las maestrías narrativas de Cronenberg reside en su capacidad de acompasar el desarrollo psicológico con la evolución somática. En mi opinión, este recurso compositivo se capta con absoluta claridad en La mosca, Videodrome y El almuerzo desnudo. En Cromosoma 3 este proceso se realiza de forma latente. Es decir, en lugar de situar este tipo de acción sobre el personaje principal, se coloca el peso sobre un personaje secundario, de modo que el espectador advierte esta recurrencia de Cronenberg indirectamente. Por lo tanto, la identificación con el desarrollo transformativo está anulada. No hay empatía, hay observación y comprobación.

Alguna vez he leído que Cronenberg es un director de género, un director que ejecuta películas de terror. La primera vez que observé dicha valoración me quedé perplejo. ¿Se puede comparar a Cronenberg con los bodrios que nos venden como películas de terror? No, rotundamente no. ¿Será porque su cine es cine de autor? Pues, como todavía no tenemos del todo claro lo que significa cine de autor, vamos a responder por otra vía.

Los géneros fílmicos, dramáticos o literarios son categorías que se aplican a un conjunto de producciones por compartir una serie de rasgos comunes. En este sentido, las películas de Cronenberg se pueden entender como obras de terror por presentar una serie de elementos recurrentes en el género. Así, el empleo de situaciones anómalas, la inclusión del personaje en mundos extraños, que controlan su voluntad más allá de sí mismo o, mejor dicho, que su voluntad se manifiesta tal y como se expresa ese mundo. También por el recurso de lo repugnante, lo repulsivo, creando en el espectador una sensación de aversión hacia lo que se muestra en pantalla. Y, por último, por crear situaciones que escrutan las almas oscuras del ser humano. Por estas razones, se puede considerar a Cronenberg como un director de cine de terror.

De hecho, Cromosoma 3 es quizás de los films que yo he visto el que mejor se puede adecuar al género de terror. Los niños asesinos, la creación de una terapia psiquiátrica nueva y la construcción de una sociedad hermética son elementos recurrentes en dicho género. Por eso, Cromosoma 3 puede localizarse dentro de las películas de terror.

Ahora bien, el género es una categoría que cuando se establece como modélica tiende a suplantar la creatividad sobre la aplicación de las necesidades de público. Es decir, cuando el público reconoce un género espera que se cumplan una serie de requisitos, sino sus expectativas se verán frustradas y, como consecuencia, no reconocerá el producto como algo válido, contrastable con el resto de producciones incluidas dentro de la misma categoría. Esto provoca que el mundo de referentes organizado en torno a un género se convierta en un cerco que imposibilita la expresión de un mundo propio, de una estética particular, de una forma de ver el mundo y de hacer arte.

Sin embargo, los grandes artistas, los grandes autores, trascienden la categoría de género para implantar en él su personalidad, para renovar dentro de él los referentes que lo componen. El gran director, el gran autor, utiliza el género como un medio, no como un fin. El género es un mundo de referentes con el que se permite jugar para expresar su estética, el conjunto de ideas que conforman su manera de entender el arte, la vida y el mundo: el ser en el mundo. Cronenberg es uno de ellos. El género de terror o, incluso el de ciencia ficción, se adecúan a sus procesos creativos en la medida en que estos le permiten expresar su idea de arte. Dicho de otra manera, las pelis de terror de Cronenberg tienen un correlato objetivo, a saber, su estética. No son pelis de terror que pretenden provocar el susto, el leve movimiento en el sillón. No, son la expresión de un mundo atormentado, son la materialización, paso a paso, película a película, de una manera de entender la realidad vital y artística. Esto es el cine de autor, aquel cine, aquellas películas que en su conjunto muestran una cosmovisión autoral.

Cromosoma 3 está en esta línea. Y está por presentar los rasgos que más tarde se pueden apreciar en su producción cinematográfica. Metamorfosis, expresión somática del mundo interior, desarrollo paulatino de lo interior y lo exterior y creación de realidades, si no distópicas, sí extrañas. Pero tan extrañas como naturales. Porque lo que se vive en una peli de Cronenberg, al desarrollarse de forma gradual, progresiva, se comprende como normal, a pesar de ser extraño.

Deja un comentario