II Edición
Crítica de Cine: La quimera de lo posible

La quimera de lo posible

  • Título: Descalzos por el parque
  • Título Original: Barefoot in the Park
  • Gene Saks
  • 1967
  • EE.UU.

Todos los hombres del presidente, El gran Gatsby, Los tres días del cóndor, Las aventuras de Jeremiah Johnson, Los fisgones, El golpe, Memorias de África, Brubaker, El río de la vida, Quiz Show el dilema, Gente corriente, Dos hombres y un destino, un sinfín de títulos que podrían ser candidatos a merecer cientos de críticas positivas. El responsable bien sea como actor o director, uno de los inigualables mitos vivientes de la historia del cine, el señor Robert Redford.

Difícil elección escoger una sola cinta como ejemplo de una prolífica y envidiable carrera cinematográfica desde hace más de cinco décadas. Pero haciendo honor a sus inicios en Broadway, uno de sus primeros trabajos teatrales, la adaptación cinematográfica Descalzos por el parque representa los albores de una estrella con mayúscula en ciernes a finales de la década de los sesenta.

Por medio de un vasto trabajo a través de los años no solo ha alcanzado un merecido reconocimiento traducido en premios Oscar, Globos de oro y BAFTA, sino que también ha recibido distinciones como la Medalla Nacional de las Artes en Estados Unidos o la insignia de caballero de la Orden de la Legión de Honor en Francia. Además hay que agradecerle ser el precursor del Festival de Cine de Sundance, donde las películas de corte independiente de todo el mundo encuentran su mayor escaparate para el gran público.

Hijo de familia humilde que comenzó por estudiar arte y perseguir su faceta bohemia para acabar encaminando sus pasos hacia el mundo interpretativo. Unos inicios que ponen de manifiesto que la quimera de lo posible es una realidad, no hay sueños inalcanzables aunque a veces se traducen en desvíos azarosos en el camino repletos de sorpresas placenteras, como casi siempre con el punto común de la pasión por la creatividad.

Admirable transición como galán de la época a director e intérprete de solera. En el título que nos ocupa se puede reconocer la vis romántica y cómica de un Redford que hubiera tenido más que complicado otro inicio por el prototipo masculino que representaba. Aun así un papel bien defendido junto a una jovencísima Jane Fonda, de la que también sería difícil resumir una extensísima trayectoria y de la que por poner algunos ejemplos la encontramos en películas como En el estanque dorado, Danzad danzad malditos o La jauría humana.

Tanto Paul (Redford) como Corie (Fonda) encarnan la fuerza de un argumento siempre vigente a través del tiempo, las mieles y dificultades para principiantes en el matrimonio. De la mano de Gene Saks (La extraña pareja) comparten pantalla con Charles Boyer (Los cuatro jinetes del apocalipsis) como Víctor y Mildred Natwick (Las amistades peligrosas) en la piel de Ethel, quienes complementan un entramado de relaciones personales desde diversas ópticas de carácter, seriedad, empatía, experiencia y aquella pizca de química para los humanos que provoca un acercamiento irremediable entre las personas.

La primera escena se presenta en exterior en movimiento a través de la ciudad de Nueva York en contraste con la mayoría de escenas interiores en los 106 minutos que dura la cinta. Un diálogo inicial que ya da a conocer el carácter de cada personaje. Ella, como buena fémina, adelantándose en los pensamientos al futuro y él más pendiente de los detalles mundanales, también haciendo honor a una genética masculina menos sentimental.

La actitud díscola y apasionada de Corie, que escucha serenatas en castillos de princesas en su particular cuento de hadas, entra en conflicto con el comportamiento encorsetado y mucho más racional de Paul.

Los Bratter dan comienzo así a una vida en común rodeada de eternas cuestiones comunes a cualquier mortal, las reducidas comodidades de un primer alojamiento, el chismorreo del vecindario, conflicto de intereses familiares contra ambiciones profesionales, el descubrimiento de la persona que piensas que conoces y un largo etcétera de situaciones ordinarias. Idea romántica del amor versus realidad de la cotidianeidad.

Excelente coreografía de planos admirable en tan reducido espacio del escenario principal de una obra que rezuma su previo periplo teatral. Delicioso juego de diálogos del escritor estadounidense Neil Simon (La extraña pareja) que brindan un paseo por todo un elenco de emociones que se desprenden del desconcierto, la lógica, el comportamiento improvisado o la evolución personal.

La pareja protagonista se ve abocada a la conclusión de tener que apreciar aquello que conforma a la otra persona, virtudes y defectos incluidos. Como tónica general para todo el elenco se presenta la aceptación de la variación de estatus, la adaptación al cambio y ser capaz de abrazar nuevas aventuras. Lo que en un principio puede resultar incómodo puede conducir a un extraordinario y enriquecedor viaje sin importar la duración o el contexto, por lo que dejarse llevar resulta, en ocasiones, igual de trascendental como marcarse objetivos vitales.

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