II Edición
Crítica de Cine: Cuando el amor desaparece

Cuando el amor desaparece

  • Título: El desprecio
  • Título Original: Le mépris
  • Jean-Luc Godard
  • 1963
  • Francia

La sinergia entre cine y literatura, entre el mundo moderno y el antiguo; el diálogo que un cine moderno abre para referirse a una cinematografía que ya no existe, que  ha muerto; la referencia al cine dentro del propio cine, confluyen en la puesta en escena de un cine de la modernidad, Le Mépris (El desprecio, 1963) majestuosamente  dirigida por el director francés Jean Luc-Godard.

Desde el comienzo, Godard, integra al espectador en el yo cinematográfico: una voz en off anuncia el nombre de cada uno de los componentes del equipo que ha hecho posible el filme, mientras vemos en pantalla el proceso de rodaje. Cuando la voz en off concluye, la cámara se dirige hacia nosotros, nos filma: “El cine, sustituye un mundo amoldado a nuestros deseos” (André Bazin).

Godard alude al padre de la Nouvelle Vague para presentarnos un filme que nos habla de los sentimientos y de su naturaleza cambiante.

 En esta ocasión el director francés recurre a la novela de Moravia, para crear un filme en el que se cruzan la poética del mundo antiguo, La Odisea de Homero; con la realidad moderna, que alude al filme del italiano Roberto Rosselini, Viaggio in Italia (Te querré siempre, 1955), para hablarnos de la transformación de los sentimientos, del fin de un profundo amor y del vacío que permanece.

El director define ambas épocas situando el filme en dos lugares bien diferenciados, así la modernidad se representará en la ciudad de Roma, y el mundo antiguo será recreado en Capri, la isla italiana. El sentimiento de libertad y de virginidad que transmiten el mar y la naturaleza de Capri es un reflejo del devenir de los sentimientos que, como el mar, se transforman constantemente.

La excelente pareja formada por Brigitte Bardot y Michel Ponti encarna a la perfección la desaparición de la pasión. Godard evita el desarrollo lineal del amor para centrarse en el instante mismo en que se produce la ruptura del sentimiento, el preciso momento en el que aparece el desprecio. Hace de este instante la trama central del filme.

Y cómo no, el erotismo de la actriz francés, Brigitte Bardot, que brilla por su opacidad, la inaccesibilidad a sus verdaderos pensamientos; y es que cuando una mujer deja de amar no hay nada que comprender, tan solo podemos observar cómo los gestos y la mirada de Camille (Brigitte Bardot) van enfriándose poco a poco. Ella, a diferencia de su marido actúa por instinto vital, como la naturaleza misma. La actuación de Bardot además de sensualidad y libertad, destilan vitalidad y ganas de amar; al contrario que su marido, Paul, que actúa psicológicamente, en contra de sus verdaderos sentimientos.

Los encuentros y desencuentros entre marido y mujer, tiene lugar en el apartamento de la ciudad de Roma, caracterizado por el vacío de las salas, el blanco de las paredes y el simbolismo del color rojo de los sofás, o del azul de las sillas. Una habitación vacía donde el uso de un color equivale al significado de un silencio o de una conversación.

“Nada se parece a sí mismo en este mundo, donde nada es estable. Lo único estable es una violencia secreta que subvierte todas las cosas”, las comillas pertenecen al italiano Lucrecio, y sirven para definir la poética de la realidad, de los sentimientos. Nada es eterno, la única certeza es el constante cambio.

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