Fuera de Concurso
Crítica de Cine: La que has liado, pollito

La que has liado, pollito

  • Título: El gangster
  • Título Original: Edwin Boyd
  • Nathan Morlando
  • 2011
  • Canadá

Edwin Boyd fue soldado durante la Segunda Guerra Mundial.

A su vuelta, Edwin Boyd se convirtió en padre de familia; de la típica familia de clase media canadiense de los años 60.

Edwin Boyd también es un gran atleta, un buen actor y, al parecer, también sabe cantar (aunque no le gustan especialmente los musicales).

Edwin Boyd  también es un gangster (aunque todavía no lo sabe), pero no en el sentido tradicional de la palabra, sino en un sentido más oriental del término, entendido como “hombre libre”. Es decir, el sistema y las normas se las pasa por ahí y, por tanto, hace lo que le sale de por allá.

Edwin Boyd también es un vago. Y, cansado de la rutina y monotonía que le produce la vida como chófer de autobús, decide convertirse en gangster (ahora sí), o lo que es lo mismo, ganarse la vida por el camino fácil. Así que, se pinta estrafalariamente la cara, saca de pistola alemana (un souvenir de la guerra) y se pone a atracar bancos él solo. Y ¡coño! Resulta fácil, muy fácil; tan fácil que si la película hubiese tenido mayor repercusión, hoy tendríamos imitadores por todos lados.

La premisa puede parecer básica, pero la gracia estriba en que la película está basada en hechos reales y tal, y hay que reconocer que Edwin Boyd realmente ha liado un buen pollo.

Edwin Boyd en el fondo es un buen tipo, pero nadie lo entiende, ni siquiera su mujer. Bueno, su nuevo grupo de amigos sí. También son “hombres libres”. Así que se dispone a atracar más bancos con ellos. Y todo resulta más fácil todavía. Es como si todos los héroes hubiesen muerto en la guerra.

Pero claro, siempre hay quien coge el testigo. Conque también tenemos, por supuesto, al detective bueno que persigue a los ladronzuelos, especialmente a Edwin Boyd, obvio, que para eso es el protagonista. Aunque, en realidad, a nadie le importa un comino este detective. A Nathan Morlando, el director de esta producción canadiense, tampoco.

Sí, ya sé, otra peli canadiense. Casualidad, lo prometo.

Al caso. Si llegados a este punto estás pensando “como mola, un atracador de bancos, va a haber tiros y acción a raudales”, ehm… sorry, pero esta no es tu película. Pudo serla, que conste, pero este material en las manos del debutante Morlando, se convirtió en otra cosa totalmente diferente. En un drama para ser más exactos.

Así que más importante que las escenas de acción (ojo, que están magníficamente rodadas, sin la típica artificiosidad a la que estamos acostumbrados en este tipo de películas), es la evolución de los motivos que mueven a Edwin Boyd a seguir haciendo lo que hace. Porque claro, atracar bancos es todo risas al principio: Subidones de adrenalina, fama, pasta en el bolsillo, coche y casa nuevos… Pero, y he aquí la trama de la película, ¿merece la pena?

Sin duda, Nathan Morlando firma un gran trabajo con lo justo (no le hubiese venido mal atracar un banco para disponer de un poco más de presupuesto, sobre todo para invertir en distribución y marketing). Pero, aun así, gracias a una fotografía sin alardes pero efectiva (el gris lo impregna todo y le da el toque estético que la película necesita), un guión bien construido, una banda sonora amena y divertida y, sobre todo, gracias a una cuidada ambientación y puesta en escena, con un coro de actores que no desafinan en ningún momento, hacen de esta película un título muy recomendable. Mención aparte merece Scott Speedman en el papel de Edwin Boyd, que hace tres papeles en uno y clava los tres. A saber: el de bueno, el de guapo y el de malo.

O sea, que si quieren saber quién fue Edwin Boyd y qué fue de un hombre cuya principal batalla se entablaba en su interior, entre su insaciable ego y su preocupante realidad familiar, pónganse este biopic, que tiene muchas más cosas interesantes, que otros muchos que gozan de más fama.

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