II Edición
Crítica de Cine: No hay asesinatos en el paraíso

No hay asesinatos en el paraíso

  • Título: El niño 44
  • Título Original: Child 44
  • Daniel Espinosa
  • 2015
  • EE.UU.

Entre todas las teorías literarias que existen, hay una de ellas en las que se respira el propio sentido de una crítica, ese comentario hiriente o alabador hacia la obra o las ideas de otro. Gèrard Genette llamó a esto la “metatextualidad”, la relación de un texto que habla de otro, o incluso de la creación de un nuevo texto hecho a base de retazos de otros textos, cual caldo de cultivo de una especie de Frankenstein literario.

El niño 44 es una película que quizás peca en exceso de esa metatextualidad, de un carácter variable y dramático que se sustenta en demasiadas líneas y tramas argumentales que pueden situar al espectador dentro de un laberinto argumental que, o bien finalmente produce que éste se pierda dentro de la historia, o bien que pierda todo interés en la misma y caiga inevitablemente en el aburrimiento.

Tranquilidad, pido una llamada a la calma, no todo es oscuridad dentro de este laberinto, tan sólo tenemos que mirar al cielo y rebuscar dentro de esos retales literarios para encontrar la verdadera esencia de esta película, lo que la hace funcionar y la dota de ese fondo humano que llega al espectador. Ya decía Orwell en 1984 que “los mejores libros, eran aquellos que te mostraban lo que tú mismo ya conocías” y con el cine ocurre de una manera muy similar.

Podemos decir que El niño 44 se trata de una crítica política, un drama romántico y un thriller policíaco, pero es la buena mano del director Daniel Espinosa la que consigue que esta mezcla funcione perfectamente en sus tres vertientes.

La crítica política está recreada a la perfección gracias a un trabajo de producción elaborado, que consigue cierta similitud visual a la hermética  y asfixiante Unión Soviética de postguerra, a esas ciudades industriales y encapotadas, cual cárceles de cemento y hormigón, donde sus habitantes deambulaban como ovejas, sin salirse de su fila.

Llego ahora al que creo que es el punto fuerte de la película, la visión de un drama romántico que se retroalimenta de la actuación de una gran Noomi Rapace, que representa a la enérgica y afilada hoz, y de un Tom Hardy al que le viene genial ser el martillo pilón, que de una manera firme y constante va golpe a golpe maleando ese papel tan clásico que es el héroe, esa figura que tantas y repetidas veces hemos visto desde los clásicos griegos. No estamos viendo nada nuevo, otra vez se nos muestra lo que ya conocemos, pero funciona a la perfección como tantas otras veces lo hemos experimentado.

Durante toda la película estas dos tramas van caminando sobre otra que hace de hilo argumental principal, una trama policíaca que para mi gusto es demasiado fina y por momentos hace tambalear cual funambulista a toda la película. Ese carácter de intriga que caracteriza a cualquier thriller, va perdiéndose por momentos y lo convierte de alguna manera en una trama demasiado ligera, como si de alguna manera diese un paso atrás y se ocultase en segundo plano mientras los otros hilos argumentales van enérgicamente hacia una conclusión, como si se agolparan para darle un traicionero toque de gracia al film. No todo podía salir perfecto, aunque muchos se empeñen en que en el paraíso no hay asesinatos.

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