I Edición
Crítica de Cine: El enemigo de mi enemigo soy yo mismo

El enemigo de mi enemigo soy yo mismo

  • Título: Enemy
  • Denis Villeneuve
  • 2013
  • Canadá

Bajo el paisaje conformado por mastodontes de acero y cemento que conforman la ciudad de Toronto, un tímido profesor de historia cuya vida resulta repetitiva y monótona a partes iguales, descubre, gracias a la recomendación de un compañero de trabajo, que existe un actor idéntico a él. Tal es la obsesión por encontrar a este último, que inicia una extraña búsqueda para conocerle. Después de entrar en Hollywood por la puerta grande, Denis Villeneuve presenta Enemy, una adaptación libre de la novela de Saramago: El hombre duplicado. Gracias a un estilo propio, un gusto visual envidiable y el planteamiento a modo de rompecabezas de la trama, estamos quizás delante de una de esas obras que te dejan para bien o para mal con la boca abierta.

Como si de una pesadilla se tratase, la película nos encierra en una atmósfera oscura y pesada, una de esas cintas que no es cómoda de ver, que en cualquier momento puede llegar a dejarnos descarriados por el camino y a obligarnos a tener que repetir su visionado para poder entenderla. El arranque de la misma es magistral y desde el minuto uno podemos llegar a respirar ese ambiente turbio que nos va a acompañar durante toda la trama y, del mismo modo, observar las preciosas imágenes que conforman cada una de sus escenas. Tantos y tan buenos son los recursos visuales con los que cuenta, que aun presentándolos de manera repetitiva no chirrían en ningún momento, haciéndonos de algún modo, deleitarnos cual sesión de sadomasoquismo se tratase.

La labor de Jake Gyllenhaal adaptando su personaje a la trama es sobresaliente, como si de un dictado se tratase, él va de menos a más cuando la historia se lo pide, en ningún momento se atreve a desordenar las piezas tan metódicamente presentadas en este puzle. Que un actor como él haya tenido un “renacimiento” como el que ha sufrido no es cuestión de suerte. Su clave es puro y simple esfuerzo y en esta película trabaja duramente para convertirse en el pilar que el espectador necesita, una transformación de la que es muy difícil no contagiarse.

En cuanto a la realización, tan solo podemos observar y aplaudir los rasgos característicos de Villeneuve, de los cuales se ha adueñado y ha convertido en su sello. En esta ocasión se arriesga demasiado para tratar de crear una obra compleja, en la que el espectador ha de descifrar entre el caos, toda la trama y la simbología oculta que se muestra delante de él, pero, precisamente, ese es el punto fuerte de la trama y, resolverla, será uno de los placeres más reconfortantes para aquellos que elijan ver esta maravillosa película.

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