II Edición
Crítica de Cine: Oda a la tragicomedia

Oda a la tragicomedia

  • Título: Feliz Navidad
  • Título Original: Joyeux Noël
  • Christian Carion
  • 2005
  • Francia

Si mezclamos una pizca de honorabilidad, un puñado de aflicción, una dosis de anulación de la voluntad individual, una parte de sinrazón y lo sazonamos con el sentido del humor de lo mundanal obtenemos como resultado una historia que se erige como toda una oda a la tragicomedia, que se desarrolla espléndidamente entre el absurdo y la ironía.

Candidata al Oscar, a los Globos de Oro, al BAFTA y a los premios César entre otros, Feliz Navidad es de esas películas repletas de detalles que invitan a la reflexión acerca de cuestiones tan tremendas como es un conflicto armado a gran escala, combinando los rasgos que caracterizan el afán de supervivencia y la empatía. Un envoltorio de comedia absurda, en ocasiones, despierta la simpatía de cada uno de los bandos enfrentados.

Define cómo la usurpación del libre albedrío de los individuos puede causar la más cruel de las situaciones sin posibilidad de una solución mínimamente satisfactoria. Un relato acerca de los puntos de vista de los diferentes regimientos, las miserias de los enfrentamientos bélicos, la pérdida de la normalidad y la presencia de la valiosísima esperanza.

Se trata de una coproducción que cruza media Europa, tanto en sus localizaciones como en su participación, desde Francia a Alemania pasando por Rumanía, Bélgica y Reino Unido. Cuestión similar ocurre en su reparto internacional encabezado por Daniel Brül (El quinto poder), Guillaume Canet (Solo una noche), Diane Kruger (Sin identidad), Benno Fürmann (Devorador de pecados), Gary Lewis (Billy Elliot) y Dany Boon (Llévame a la luna).

El director, el francés Christian Carion, nos muestra un escenario de fondo que refleja la hostilidad entre los ejércitos alemán, escocés y francés durante la Primera Guerra Mundial, a finales de 1914. Presenta el abordaje de la contienda desde distintos ángulos y reacciones, que componen el punto de partida para el desarrollo de la trama.

Tres partes diferenciadas en la presentación ponen a la audiencia en situación por medio de antiguas fotografías, un inquietante recital de discursos patrióticos y las tomas aéreas de paisajes naturales que, junto a una música bucólica de la mano de Philippe Rombi, dejan servido el marco para causar curiosidad por el argumento.

Definidas las escenas en que la cara paradójica se combina con la cómica, convirtiéndose en el auténtico hilo conductor entre los personajes y su destino común, como ver unas tropas alemanas que se ven obligadas a distribuir y exhibir un árbol de navidad iluminado cada cinco metros en las trincheras por Navidad. Y, convirtiéndose en el culmen, la tregua a la que llegan los implicados en Nochebuena de no atacar, que desata una serie de acontecimientos que ya no tendrán freno ni lógica en el contexto en el que tienen lugar.

La acción surrealista alcanza un punto que lejos de parecer un campo de batalla se trate de un retiro invernal de confraternización en el campo, donde los momentos entrañables hacen tal mella que ya difícilmente pueden llegar a verse con ojos enemigos. Parte de la fantasía, que se convierte en el mejor remedio aliado contra la crudeza de la realidad, es llevada al extremo en algunos casos como se ve representado en el soldado que tras perder a su hermano continúa escribiendo a su madre para narrarle las proezas de sus hijos.

La banda sonora está repleta de gaitas y clásicos interpretados a golpe de tenor y soprano. Junto con el cuidado vestuario, estos dos elementos son los principales componentes de una más que suficiente ambientación, que traslada al espectador con facilidad a cualquier zona afectada por la conflagración que llevó a uno de los episodios más sanguinarios del siglo XX.

El guión lleva a los personajes a darse cuenta de las pocas diferencias que les separan. Unas prioridades de vidas ordinarias y singulares, de familia y bienestar son compartidas por todos los protagonistas de los extraordinarios sucesos acontecidos. Incluso se atreven a desafiar a esferas superiores una vez creados los irremediables lazos empáticos, porque una vez que la conciencia despierta ya es imposible acallarla.

Una de las moralejas plasmadas en el film es el poder vengativo del ser humano ante la pérdida de autoridad de quienes ejercen la fuerza y el dominio. El placer que experimenta el opresor ante el sometimiento de los más débiles, la superioridad moral de quienes encuentran la claridad y la verdad. Tristemente, una faceta común que no diferencia entre nacionalidades o creencias y que se repite sin cesar a lo largo de la historia y en la totalidad de los ámbitos de la vida diaria.

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