I Edición
Crítica de Cine: La belleza del arte reside en el ojo del espectador

La belleza del arte reside en el ojo del espectador

  • Título: Holy Motors
  • Leo Carax
  • 2012
  • Francia

Hace años, el director Andrei  Tarkovsky, explicaba que una toma consistía en la fijación temporal de una realidad, una manera de preservar el tiempo para comenzar a manipularlo después del tan famoso “¡Corten!” con el que finaliza el rodaje de cada escena.  Para el director soviético no existía arte como el cine capaz de fijar de esa manera el tiempo y de ahí que afirmase que una película era sencillamente un mosaico elaborado de esa magnitud física de la que ningún sujeto en el universo puede huir.

Comienzo mi crítica con esta reflexión ya que creo que el genio soviético  y Léos Carax, el director de Holy Motors, no distan en demasía a la hora de  realizar una crítica de la naturaleza de su cine. Ambos son dos directores que se alejan de ese firme eje cultural que envuelve al mismo, de esos convencionalismos que fácilmente pueden llevarte al exilio del mundillo cinematográfico que dicta con mano de hierro lo que debe proyectarse o no en una pantalla de cine.

Describiría a Holy Motors como un claro ejemplo  del “cine dentro del cine”, como un viaje en el que el espectador, de manera hipnótica,  se verá sumergido en un mundo lleno de anarquía y cuestiones hacia su persona, como si se tratase de una carrera de fondo en la que los obstáculos a los que uno tendrá que enfrentarse son su propio entendimiento, sus sentidos y el propio lenguaje narrativo del film.

¿Cómo puede realizarse una obra de “metacine” alejándose del propio cine? ¿Qué punto de vista del narrador puede utilizarse? ¿Qué clase de personajes tengo que situar en la trama para ello?

La primera cuestión se resuelve gracias a la propia vida, a esa sucesión de acontecimientos que narra la intrahistoria de cada ser humano. Holy Motors no es una película con una trama firme, se recrea en un argumento espeso, difícil de sintetizar, se trata de una sucesión de escenas con un estilo narrativo distinto cada una y que en muchos casos tendrá uno u otro significado para cada persona que la visualice. Es en esta estructura tan cercana a la teatralidad y alejada del cine donde la película se aleja de los estándares a los que el espectador está tan arraigado desde que el cine es cine,  donde se ha estancado en la idea de que el argumento debe ser una unidad continua.

Si hablamos del estilo narrativo, creo que Carax ha concebido una idea extraordinaria en este film: la creación de una guerra intelectual sin tener que estar comunicándose directamente con el espectador. Hablo de una guerra intelectual ya que considero que esta película intenta que el espectador replantee el mundo del cine y el lugar que ocupa en él. Estamos ante una obra en la que el director, al mismo tiempo que nos presenta su propio onanismo para con el cine, está realizando una crítica brutal  a la sociedad hablándonos por ejemplo de ideas tan iconoclastas como la belleza (encarnada en un clásico como es La bella y la bestia), la muerte, la mentira o la propia violencia que encarna el ser humano. Pero no lejos de eso también se crea una cuestión existencial en torno a ese “pensamiento único” que encarna la vorágine de la vida moderna.

Para concluir ese cuestionario del que me he servido para intentar de alguna manera explicar lo que encarna la película, llego a otra de las claves de la misma: sus personajes. Es aquí y solo aquí donde puedo utilizar esa máscara que es el argumento superficial que se nos presenta en una obra como esta de arte y ensayo.

Un maravilloso Denis Lavant encarna a Oscar, un actor que ayudado de su chófer, viaja por todo París en una limusina, y que cual Mortadelo de Ibáñez, realiza un papel diferente en cada uno de los trabajos a los que su apretada agenda diaria le lleva. No, no estoy hablando de un personaje con diferentes personalidades, estamos delante de un “actor” con mayúsculas, trabajando duramente en cada uno de sus diferentes papeles. Algo que se convierte en una crítica del propio star system que envuelve el mundo del celuloide, una profesión, que en muchas ocasiones ha perdido ese arte de transmitir la belleza y se ha vuelto un puro y simple postureo de cara a la galería.

Así pues, valoremos esta película como lo que su director y su propio fondo quieren comunicarnos, no desde una idea refrita hasta la saciedad de lo que tenemos por cine. ¿Acaso no es ese el ideal de todo ser humano y obra de arte? Holy Motors es una sencilla respuesta a esa cuestión: “Debemos ser nosotros mismos, eso es lo que somos”, no es nada fácil, a todos nos encanta gustar.

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