II Edición
Crítica de Cine: Los límites del reciclaje

Los límites del reciclaje

  • Título: Irrational Man
  • Woody Allen
  • 2015
  • EE.UU.

Woody Allen es reconocido por sus seguidores como un reciclador, como uno de los más apreciables ladrones. Un reciclador en el sentido más lindo del término, entendiendo que el interpretar una obra ya realizada no se entiende necesariamente como falta de originalidad. Donde apropiarse de la idea de otro puede ser solo el punto de partida para liberar las obsesiones propias. Algunas de sus películas más hermosas parten completamente de premisas ajenas. Los obvios ecos de Fellini, ocho y medio (8 1/2) que tenía Recuerdos, o los paralelos del viaje de carretera existentes entre Desmontando a Harry  y Fresas salvajes de Bergman lejos de quitarle mérito al esfuerzo de Allen, hacían una inspiradora forma de reciclar en el mismo sentido que los más grandes músicos electrónicos han sabido retrabajar lo ajeno como propio. Sin embargo no es solo a los grandes cineastas a los que Allen reformula y actualiza.  También se puede identificar reversiones de Allen dentro de su propia carrera, donde es su propia obra la reversionada. Una de sus películas recientes más populares,  Match Point, poseía más de algún alcance argumental con la superior Delitos y faltas. Sin embargo la mixtura de género todavía se veía fresca en su extrañeza (hacer una comedia que deviene en cine negro da un resultado tan especial que da para repetición), y la segunda versión de la historia que significaba Match Point resultaba en un reverso interesante, en un aporte y profundización de las primeras inquietudes planteadas. Pero cuando viene una tercera réplica de esta mezcla de mezcla de género, de comedia devenida en policial, es difícil sentir un tufo de repetición que resulte igual de efectivo.

Allen recluta al actor perfecto, y entrega con este el punto fuerte de la película con esos manierismos y formas que Joaquin Phoenix imprime al frustado profesor de filosofía que protagoniza la obra. Phoenix funciona en todo nivel en el neurotismo de intelectual deprimido tan recurrente en los protagónicos de Allen. Pero el campus de la universidad funciona tanto cómo exposición de la intelectualidad mostrada por Allen en tantos filmes, que las discusiones de campo entre Phoenix y Stone tiene un efecto bastante menor a la emoción y fascinación que podían causar las caminatas de Keaton y Allen en Manhattan. Y aunque resulta duro hacer comparaciones con una de sus mejores y más clásicas obras, es inevitable ir recordando distintas cintas pasadas del norteamericano en Irrational Man. Huelga decir que el tono cómico, y la presentación del inestable protagonista sí que sumergen al espectador en terrenos que dan ganas de explorar. Pero apenas entra seriamente la idea noir, por no poner palabras más reveladoras, sabemos que nos adentramos en el cinismo y la frialdad de los personajes de Delitos y Faltas. Al mismo tiempo se exponen las mismas preocupaciones psicoanalíticas. Pulsión de vida y pulsión de muerte. Amargura intelectual. Interés romántico por una chica menor. Ninguna exploración novedosa en la cinta.

Al mismo tiempo es imposible no admitir que la cinta funciona. Allen es un director con habilidades de sobra, y cuando se saca algo de manual no hay porque esperar un resultado desastroso. Cuando se atreve en terrenos muy nuevos está en peligro de sacar cosas como A Roma con amor, por lo que se entiende por que alguien de su experiencia podría preferir caminar por senderos más seguros. Pero también es el mismo riesgo reciente el que nos entregó la preciosa y subvalorada Blue Jasmine. Igual a Woody se le quiere, e incluso en estos esfuerzos a media pila dan ganas de que siga sacando material. Mientras no vuelva a los terrenos de A Roma con amor. Y sí, hay que mencionarla de nuevo. Que película horrible.

Deja un comentario