II Edición
Crítica de Cine: La cultura como arma contra el abuso

La cultura como arma contra el abuso

  • Título: Jimmy's Hall
  • Ken Loach
  • 2014
  • Reino Unido

Unas imágenes de la ciudad de Nueva York en las primeras décadas del siglo XX, salpicadas por una melodía propia del jazz de la época en los clubes de Harlem, son la presentación de una película que en su inicio genera la duda de si se trata de otro rodaje enredado exclusivamente en la confrontación política.

Nada más lejos de la realidad. El incombustible y eternamente comprometido cineasta británico Ken Loach dibuja una historia en torno a los hechos verídicos de la vida del irlandés James Gralton. Tal y como suele ser recurrente a lo largo de su carrera, Loach traslada a la audiencia un mensaje crítico contra el abuso ejercido por quienes ostentan el poder, proponiendo como arma defensiva un compendio desbordante de ideales inspirados por diversas manifestaciones culturales en una pequeña comunidad autosuficiente, que basa su fuerza en la puesta en común desinteresada de conocimientos.

Una coproducción de Irlanda, Gran Bretaña y Francia que presenta a escala la realidad de la sociedad que se resiente ante la opresión de quienes no dejan evolucionar hacia la libertad de acción y pensamiento. El caldo de cultivo perfecto para generar una inevitable lucha de resistencia alimentada por los libre pensadores.

La acción tiene lugar en 1932 en el condado de Leitrim, una década después de los enfrentamientos de Irlanda contra el Imperio Británico y tras una guerra civil que resultó a favor de los partidarios por un tratado anglo-irlandés. El protagonista, James Gralton (Barry Ward), vuelve de Estados Unidos a su lugar de origen para atender a su madre lo que genera entre jóvenes y amigos una gran expectación.

La preocupación que se advierte entre los lugareños por si Gralton echará raíces sitúa al espectador ante la clave de los porqués de su vida itinerante. Debido a esta incertidumbre se genera una curiosidad comprensible acerca de las vivencias del recién llegado en la ciudad, quien se erige como buque insignia de las nuevas oportunidades.

Algunos ven su retorno como una amenaza contra el sistema establecido de terratenientes dictadores y arrendadores desprotegidos. Otros recuerdan con su presencia tiempos de entretenimiento y aprendizaje. El carisma del protagonista, reconocido por sus más férreos contrarios como un espíritu generoso, se interpreta como peligroso y genera temor entre las rígidas mentes que dirigen el rebaño.

El punto de reunión comunitario se convierte en el corazón de la historia, representando los valores de la colectividad, manteniendo unidos a sus integrantes, en paz, alegres y motivados. Un lugar seguro donde desarrollar la creatividad, donde se fomenta el debate abierto, las actividades artísticas, deportivas y lúdicas en general, gracias a la contribución desinteresada de quienes acuden al encuentro.

La música, conducida por el internacionalmente reconocido George Fenton (El rey pescador, Las amistades peligrosas), presenta un fuerte componente tradicional a base de violines, acordeones y cantos tradicionales, siendo el instrumento libertario que une a los personajes. Un himno a la histórica confrontación entre religión, sometimiento y pecado frente a la libertad de pensamiento que genera la educación, el divertimento sin motivo y la pasión. Un discurso narrativo basado en la conciencia repleta de miedo a lo desconocido y a la pérdida de autoridad.

A lo largo del desenlace se muestran algunos momentos que traslucen la tensión y el temor a las represalias, como entrar en una lista negra o la revelación de los nombres que la componen públicamente.

Destacable la escena a solas entre Gralton y su partenaire femenina Oonagh (Simone Kirby) que, con un uso intimista de la luz y el sonido marcado de sus pisadas, crea una atmósfera de máxima emoción a través de la memoria táctil de la que hacen gala los personajes.

Formando parte del reparto y como cara más reconocible para el gran público encontramos a Andrew Scott (Sherlock) encarnando la facción más dialogante de la curia, pero que no se atreve a alzar la voz más allá de cuatro paredes por una falta comprensible de valentía en tiempos inciertos.

Como en todo film europeo que se precie los finales fáciles no son habituales aunque si el espectador está atento podrá discernir ese giro que establece el punto de no retorno para el protagonista, para bien o para mal. En el caso de nuestro héroe local tiene especial relevancia el alegato en defensa de tomar el control de la vida de uno mismo para vivir como un ser humano libre y adoptar la cultura como arma contra el abuso.

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