II Edición
Crítica de Cine: No creo en los terrores, pero haberlos, haylos

No creo en los terrores, pero haberlos, haylos

  • Título: La bruja: Una leyenda de Nueva Inglaterra
  • Título Original: The Witch
  • Robert Eggers
  • 2015
  • EE.UU.

Existe cierto grupo de eurosnobs que recae en el cliché de la escasa historia de Estados Unidos, ese escenario predominante en casi todas las atmósferas cinematográficas desde que el señor D.W Griffith tuvo en suerte coger una cámara y comenzar a contar historias con un estilo único que sentó las bases de lo que hoy conocemos por cine.

Servidor no es alumno de esa escuela de euroidiotas repelentes, todo lo contrario, si algo creo que hay que destacar en el cine americano es la relativa facilidad de exprimir hasta la saciedad los no tan escasos momentos históricos que han deambulado por ese país, regalándonos géneros tan propios e inmortales como son el western o el cine negro.

No estoy aquí para dar un clase de historia del cine, pero es a una parte histórica poco recurrente a la que nos traslada La bruja: Una leyenda de Nueva Inglaterra, que ambientándose dentro de los primeros estados de colonos europeos, no recurre a una narrativa histórica de la época, sino que se adentra en el folclore, en algo tan simbólicamente arraigado en los inicios de la América colonial como es la brujería.

Siendo una película que toma como referencia el terror psicológico, no recae en los clichés modernos del género, tan solo nos narra la historia de unos personajes tal y como se podría haber contado en esa misma época, sin necesidad de comentarios o explicaciones modernas y posicionándolo desde un punto de vista exterior. Esto ayuda durante todo el film a crear una atmósfera pesada y enervante, por momentos afectada por una excesiva lentitud en el ritmo de la propia película, pero que inevitablemente producirá en el espectador ese malestar en las entrañas que solo las buenas películas del género pueden lograr.

A pesar de que el cuadro artístico deambula entre lo independiente y lo desconocido, sorprende ver que los actores crean una especie de tren donde todos los nudos dramáticos van avanzando por cada uno de los personajes, creando así un desarrollo en cada uno de ellos que se convierte en el verdadero eje de la historia. Hablamos de una película que se apoya en el folclore, la religión y la simbología, y es justo aquí donde la película juega desde los distintos puntos de vista de los personajes, de cómo cada uno percibe y traslada esa simbología a la historia.

En base a esa simbología también encontramos lo que para mí es lo mejor de toda la película, es decir, el uso del encuadre de la imagen. Hacía tiempo que no me encontraba con una película con un espíritu tan pictórico como esta. Cada escena parece extraída de una serie de cuadros del barroco oscuro, algo que nos traslada a cuadros tan famosos como Lección de anatomía de Rembrandt pero elevado a lo verdaderamente macabro. No puedo olvidarme tampoco del uso del plano y contraplano que tan olvidado estaba en películas de este género, elaborando esa transición de puntos de vista del que antes os he hablado.

Creo y espero que La bruja sea una regeneración del género de terror psicológico, llevándolo por un camino sin trampas en forma de sustos fáciles y repentinos, sino contando de buena manera uno de esos cuentos que nos ponen el vello de punta a la vez que nos abren una puerta a la interpretación de los horrores que cada uno lleva dentro.

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