II Edición
Crítica de Cine: Peckinpah en la España de los 60

Peckinpah en la España de los 60

  • Título: La caza
  • Carlos Saura
  • 1966
  • España

Se cumplen 50 años del estreno de La caza y por ello es un buen momento para recordar una de las primeras y más exitosas obras surgidas de la colaboración entre Carlos Saura y Elías Querejeta.

La película sin duda sacudió la producción cinematográfica española de la época, a años luz todavía, salvo honrosas excepciones, de poder considerarse una cinematografía de vanguardia. Sin duda la represión de la situación política y por ende la acción enérgica de la censura dificultaban el nacimiento de una producción de calidad. Por ello sorprende aún más que esta película pasara todos los trámites y fuera estrenada sin mayores impedimentos que insulsas objeciones al título inicial previsto (La caza del
conejo, sobran comentarios).

El film de Saura no solo fue aclamado en España, sino también fuera de nuestras fronteras, consagrándose en el Festival de Berlín, donde obtuvo el Oso de Plata al mejor director. Vista con ojos del siglo XXI, la película sigue teniendo la misma fuerza y crudeza que en el momento de su estreno. Film metafórico sobre la España de la época, y plausible de ser interpretado desde múltiples puntos de vista.

Para quien aún no la haya visto, el argumento es simple: tres antiguos amigos, más el joven cuñado de uno de ellos, se reúnen para ir de caza en un coto situado en un escenario en el que hubo una batalla de la guerra civil. Durante el día las antiguas rencillas y asuntos personales del pasado vuelven a surgir entre los personajes, creando un clima de conflicto in crescendo y una atmósfera opresiva que desembocará en una explosión de violencia.

La película tiene múltiples detalles de interés y merece un estudio mucho más extenso que este artículo, pero podemos enumerar algunos de los más destacados.

Superando como ya se ha dicho los obstáculos de la censura, el film refleja en esos pocos personajes la España dividida de la época. Los tres amigos protagonistas hablan continuamente del pasado, de la Guerra Civil especialmente y por sus conversaciones y por la posición social que ocupan, no hace falta dar más detalles para discernir en qué lado de la contienda han estado. De hecho, la Guerra Civil está tan presente en el oscuro pasado de los protagonistas, que incluso uno de ellos se enorgullece de conocer el paradero de un cadáver de la contienda. E incluso lo muestra orgulloso al joven del grupo en el interior de una cueva en una de las escenas más grotescas de la película.

También se muestra de forma patente la división de clases. División entre los señoritos, que van de caza, y el pobre campesino que vive en la miseria con su joven hija, consagrado a satisfacer los deseos de sus amos a toda costa. En este sentido es un singular anticipo de lo que supondrá dos décadas más tarde Los santos inocentes.

Entre tanto personaje anquilosado en el pasado, aflora la juventud del personaje de Emilio Gutiérrez Caba, y de la hija del campesino, únicos brotes de aire fresco dentro de una película sofocante. Sofocante no solo por el clima y el paisaje casi desértico en el que transcurre, sino gracias al excelente guión y a la dirección magistral del entonces joven Saura, que consiguen envolver el film de un aura agobiante de principio a fin.

Otro de los grandes aciertos del film es el hecho de no recurrir a ningún tipo de flashback para mostrarnos el pasado de los protagonistas. Saura solo recurre a breves monólogos internos de algunos de sus personajes, pero sin renunciar a cambiar de escenario. Gran acierto porque la sensación de claustrofobia (a pesar de estar rodado en espacios abiertos) y la sensación de asfixia causada por el calor se transmite al espectador, que casi puede decirse que siente esa agobiante temperatura y esa relación asfixiante entre los tres amigos y que va a más a medida que avanza la acción.

Gran acierto también la concisa duración del film: tan solo 93 minutos aproximadamente. El guión, como ya se ha comentado, no se va por derroteros y deja a la imaginación del espectador las situaciones que quedan un tanto difusas.

La película es cruda. Aviso a los amantes de los animales porque las escenas de caza son reales y están rodadas con una gran sobriedad y realismo, como el resto del film. Las escenas de los hurones en las madrigueras, en este sentido, son especialmente impresionantes.

Mención especial merecen las interpretaciones de todos y cada uno de los actores del film. Son pocos pero llenan la pantalla con cada uno de sus gestos, palabras y rostros. Impresionantes todos ellos. Y la música, extraordinaria, de Luis de Pablo y que no tiene nada que envidiar a los grandes músicos cinematográficos de la época. Y es que la partitura no desmerece en nada al resto de la obra. Es austera y cruda, y está absolutamente pegada a cada uno de los fotogramas del film.

Como nota curiosa destacar cierto paralelismo argumental y temático con otro film posterior, Perros de paja, del gran Sam Peckinpah. No se ha ahondado mucho en dichos parecidos, pero los dos films muestran una comunidad aparentemente pacífica pero donde los estigmas del pasado y una situación dramática insostenible llevan a sus protagonistas a un estallido de violencia. Salvando las distancias, claro. El film de Peckinpah no tiene las resonancias sociales del film de Saura. Pero no deja de ser interesante la similitud entre dos cineastas tan diferentes.

En definitiva, La caza sigue manteniendo su vigor hoy medio siglo después. Es uno de los films más importantes del cine español y, en consecuencia, del cine en mayúsculas. Con más mérito, si cabe, al haber sido realizado en aquellos duros tiempos.

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