I Edición
Crítica de Cine:

"Lo único que debemos temer es el temor mismo"... y la duda

  • Título: La duda
  • Título Original: Doubt
  • John Patrick Shanley
  • 2008
  • EE.UU.

“¿Qué hacer cuando no se está seguro? Ese es el tema de mi sermón de hoy. El año pasado cuando el presidente Kennedy fue asesinado, ¿quién de nosotros no experimentó una gran desorientación? ¿Desesperación? ¿Qué camino debo tomar? ¿Ahora, qué? ¿Qué les digo a mis hijos? ¿Qué me digo a mí mismo? La gente se reunía, unida, por un sentimiento común de desesperanza. Pero piensen en ello: lo que les unía con sus semejantes era su desesperación. Fue una experiencia pública. Fue terrible, pero la vivimos juntos. ¿No resulta mucho peor para el hombre solo, la mujer sola, golpeados por una desgracia privada? ‘Nadie sabe que estoy enfermo.’ ‘Nadie sabe que he perdido a mi último amigo.’ ‘Nadie sabe que he hecho algo malo.’ Imaginad el aislamiento. Ahora veis el mundo a través de una ventana: a un lado del cristal, gente feliz, sin problemas; y en el otro lado, vosotros. Quiero contaros una historia. Un carguero se hundió una noche. Se incendió y se hundió. Y sólo sobrevivió un marinero. Encontró un bote, izó la vela, y como era experto en temas náuticos, alzó la vista al cielo y leyó las estrellas. Fijó su rumbo hacia su hogar y, agotado, se durmió. El cielo comenzó a nublarse, y durante las 20 noches siguientes, no pudo ver las estrellas. Creía llevar bien el rumbo, pero no podía estar seguro. Y mientras los días iban pasando, el marinero se iba consumiendo y comenzó a tener dudas. ¿Había calculado bien el rumbo? ¿Se dirigía realmente hacia su hogar? ¿O estaba perdido, condenado a una muerte terrible? No había forma de saberlo. El mensaje de las constelaciones, ¿lo había imaginado, debido a su situación desesperada? ¿O había visto la verdad, y ahora, tenía que aferrarse a ella, sin que hubiese forma de comprobarla? Algunos de los que hoy estáis en esta iglesia, sabéis exactamente la crisis de fe que os describo. Y quiero deciros: la duda puede ser un vínculo tan poderoso y sólido como la certeza. Cuando estáis perdidos, no estáis solos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”

Este es el sermón con el que el Padre Flynn abre la veda y siembra la primera sospecha en La duda, extraordinaria adaptación cinematográfica que de su misma obra teatral hace el dramaturgo John Patrick Shanley, y que esquiva los errores más recurrentes en las adaptaciones teatrales al celuloide: no es literal en cuanto al respeto para con el texto, pero a su vez no recarga y adorna el mismo con complementos innecesarios. Claro que en La duda estamos hablando de un texto superlativo, de milimétrica precisión temática, y de soberbio engranaje en lo que se refiere a sus personajes y sus conflictos.

Porque lejos de tratarse de una crítica feroz a una de las grandes faltas de la iglesia (el abuso a menores), La duda se posiciona en el incómodo lugar de defender que tal vez la verdad no exista, y que la duda está presente en cada acto y gesto de aquello que nos atrevemos a juzgar, por repugnante que nos parezca.

La duda está tan bien escrita, rodada e interpretada, que sería interesante verla varias veces para escrutar cada mínima reacción, mirada sutil, quiebro en las convicciones, cada gesto significativo, etc. de sus personajes principales como si éstos fuesen los interlocutores de un interrogatorio. Gran parte del ambivalente magnetismo de su trama y sus temas está en la acertada decisión de Shanley de no contar todo en su texto. Hay silencios entre palabras, como hay grandes lagunas informativas sobre los personajes que nos presenta, pero que sus actores pueblan como si hubiesen tenido lugar en sus vidas. Ellos son en lo que se han convertido, y como tales, son una infinita suma de experiencias que les construye como lo que son. Es éste, aunque no lo parezca, uno de los grandes retos para un actor, pero desde luego, si cuentas con cuatro de los mejores intérpretes del cine contemporáneo, parece fácil pensar que la magia de ver algo tan bueno tendrá lugar. Porque Seymour Hoffman tiene esa bondad tan oscura, inquietante e hipnótica que demostró en otros personajes tan diferentes como los de El talento de Mr. Ripley, Capote o The Master; porque la voz y las palabras que emergen de Streep están tan llenas de significado, tan cargadas de profundidad, ironía y dialéctica, seguridad y conflicto; porque la prístina pureza de Amy Adams nunca es un disfraz sino absoluta trasparencia; porque la arraigada amargura del rostro y las lágrimas de Viola Davis son inimitables…

Por todo eso, La duda es una extraordinaria película, una casi pieza de cámara que es a la vez ágora de las grandes faltas y miedos del ser humano; y ring de la lucha sin cuartel para conocer la verdad.

Julio Rojas

18 noviembre, 2015
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