I Edición
Crítica de Cine: Buenos fundamentos

Buenos fundamentos

  • Título: La entrega
  • Título Original: The Drop
  • Michael R. Roskam
  • 2014
  • EE.UU.

Cuando el espectador medio rebusca en el archivo de su memoria cinematográfica para encontrar referencias al cine clásico, probablemente lo que halle de inmediato sea una película en blanco y negro, con actores y actrices muy dignos y una escenografía plagada de ornamentos. Si ahonda un poco más, lo encontrado se englobará dentro del cine negro (o noir, que siempre brilla más), quizá el género que más ha hecho por erigir una imagen de clasicismo.

Sin embargo, los intentos contemporáneos por actualizar esa esencia detectivesca, desempolvando el canallismo y otorgándole un toque menos näif, siempre han encontrado dificultades para dar con su alma definitoria. Ejemplos como la fallida Gangster Squad: Brigada de élite (Ruben Fleischer, 2013) dan sobrada cuenta de que no por mucho nombre de fulgor y presupuesto se hará un mejor elogio al cine de antaño.

La entrega (2013), primera película con nacionalidad estadounidense del director belga Michaël R. Roskam, supone una agradabilísima sorpresa para los amantes del mentado género. Encuadrada dentro de ese cine que resulta de la mezcla del gangsteril de los primeros trabajos de Scorsese con el aura callejera de títulos como Adiós pequeña, adiós (Ben Affleck, 2007), la cinta busca narrar de la forma más sincera posible una historia simple, que brinde a sus protagonistas la oportunidad de brillar sin deslumbrar.

En el Brooklyn actual, donde los bares de barrio tienen el aspecto de cavernas para hombres poco amigos de la filosofía, el dinero negro, con difícil solución para el blanqueo, corre como la pólvora. Por eso, los tugurios se convierten en reclamos perfectos para hacer entregas de sumas astronómicas de forma diaria y convertirse así en un caramelo para los ladrones de poca monta que abundan en las calles.

Dennis Lehane, unos de los autores más adaptados a la gran pantalla en los últimos años, se basa en una novela corta escrita por él mismo para crear un guión sin impurezas, con el aroma del humo del cigarrillo impregnado en cada página. Juega un poquito con el pasado de los personajes, les otorga el envoltorio de misterio adecuado y se esmera lo suficiente por crear relaciones atractivas entre ellos sin que ninguno de estos puntos se resten peso entre sí.

A su vez, Roskam se aparta de la puesta en escena, sin querer ganarse al público con complicados tiros de cámara o sellos personales. Elige el mejor modo de hacer brillar a su equipo: dejar actuar a sus intérpretes otorgándoles total libertad. Exprime lo mejor de unas localizaciones que son el color vivo de la obra: el bar convertido en hervidero, sin más artificio que una cuidada iluminación, y las frías calles del invierno neoyorkino, intuyéndose la violencia en sus calles gracias a una estupenda fotografía.

Si bien tiene algunos puntos en común con la estupenda Mátalos suavemente (Andrew Dominik, 2012), La entrega juega sus cartas con mayor astucia gracias a un protagonista portentoso. Tom Hardy ha cincelado su nombre en la industria a base de sudor, esfuerzo y buenas decisiones. Entrelazando blockbusters con proyectos más arriesgados, se ha convertido por derecho propio en uno de los actores más ilusionantes del celuloide contemporáneo. En el film, lo es todo sin hacer nada especial, que es mucho. Borda un personaje en apariencia simplón, con un obvio desorden entre lo mostrado y lo escondido, pero sin los rasgos característicos que le permitieron a Kevin Spacey ser para siempre Keiser Soze. Bien secundado por James Gandolfini en uno de sus últimos trabajos, no desmereciendo su carrera, pero sí un tanto acomodado y una Noomi Rapace que, ella sí, se asfixia encorsetada en un papel demasiado estereotipado.

La entrega se presenta como un buen ejercicio de clasicismo noir, con un guionista que se mueve como pez en el agua, un director con mucho oficio a pesar de su corta carrera y un protagonista descomunal. Fundamentos aplicados a la contemporaneidad.

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