I Edición
Crítica de Cine: Segunda gran belleza para Sorrentino

Segunda gran belleza para Sorrentino

  • Título: La juventud
  • Título Original: Youth - La giovinezza
  • Paolo Sorrentino
  • 2015
  • Italia

Es posible que una de las cosas que más me gustan de Paolo Sorrentino sea su falta absoluta de estereotipos. No sé si es por una férrea convicción en contra de su uso, o porque, directamente, no los necesita para llegar al espectador y emocionarlo encarecidamente. Al menos conmigo lleva funcionándole desde 2011, echando mano de un incombustible Sean Penn en Un lugar donde quedarse. Y de ahí sigue in crescendo hasta llegar a hoy, con su nuevo y seguro exitazo: La juventud (2015).

No hace cine de masas y es más bien complejo y rebuscado para mentes fanáticas de lo simple o la ficción. Siempre se rodea de los mejores para cada uno de los ámbitos que conforman sus películas, pero no le harían falta, porque tiene, más que nadie y sobre todo, la capacidad de deleitar con una exquisita sensibilidad. Nos dejó boquiabiertos con La gran belleza (2013) y vuelve a hacerlo con la que bien podría tratarse de su segunda parte.

En La juventud cambia al todopoderoso del cine italiano, Toni Servillo (Il divo, Viva la libertad) por uno que puede aún más —no solo en edad, sino en experiencia, dilatada trayectoria, reconocimiento y, por supuesto, registro—, el británico Michael Caine (Hannah y sus hermanas, Las normas de la casa de la sidra). Lo convierte en Fred Ballinger, compositor y director de orquesta retirado, le da unas vacaciones en un hotel de ensueño, lo acompaña de su íntimo amigo y cineasta que reniega de jubilarse, Mick Boyle (Harvey Keitel); lo apoya en una hija con problemas sentimentales a quien le cuesta entenderle (Rachel Weisz) y, mientras, lo empapa todo de guiños a los grandes del séptimo arte. Emplea la retórica y, por supuesto, la poesía para transmitir tal cantidad de sentimientos purificados a una edad avanzada en la que parece que todo está ya dicho. Pero queda mucho por enseñar, y nosotros lo vemos tan bien reflejado que parece que purifica el alma y salta la pantalla, haciendo lo que mejor se le da: arte.

El italiano presta especial atención a la música —no se equivoca, es su gran nominación a los Oscar de este año— y, por tanto al ritmo sereno, a veces melancólico del film, en esta ocasión confía tan importante labor en el neoyorquino David Lang, quien sin duda encauza mejor aún —si se puede— la musicalidad y el transcurso de la obra, quizá suscitado por el argumento. Sorrentino cuida la pulcritud en una fotografía que transmite por sí misma y, aún encima, le suma unos diálogos incomparables que se intercalan en un guión también por cuenta propia. Debería hablar de delicadeza y expresión, pero La juventud está a un nivel de belleza que hipnotiza y seduce de una manera tal, que solo puede comprenderse si se siente, así que siéntense a sentirla y disfruten.

Deja un comentario