II Edición
Crítica de Cine: Aguantar y resistir

Aguantar y resistir

  • Título: La noche del cazador
  • Título Original: The Night of the Hunter
  • Charles Laughton
  • 1955
  • EE.UU.

Charles Laughton consiguió la excelencia como director a la primera. Quizás por eso nunca volviese a dirigir película alguna tras La noche del cazador (The Night of the Hunter, 1955), otro inverosímil caso de obra de culto que fue vilmente vejada por la crítica cinematográfica y el público de la época. Aun así, no le hizo falta romper su inamovible decisión de no volver a colocarse tras las cámaras para perpetuar su incomparable estampa en el celuloide a través de la historia, con papeles en películas mastodónticas de la talla de Espartaco (Spartacus, 1960) o Testigo de cargo (Witness for the Prosecution,1957), aunque por el camino brotasen rencillas con otras figuras coetáneas de la industria, como Alfred Hitchcock, quien pronunció la famosa frase: “Nunca trabajes ni con niños, ni con animales, ni con Charles Laughton”.

Dejando atrás el consejo del rey del suspense, nos adentramos en la Norteamérica de la gran depresión, en un rincón perdido de la inmensidad rural, donde unos niños juegan al escondite sin advertir cuán cerca se encuentra el cadáver de su madre, mientras la miseria, el hambre y la muerte acechan tras la valla. Todo lo que encierra esta primera secuencia, desde el reflejo natural y bohemio de la infancia, hasta el desafortunado encuentro con la cruel naturaleza del mundo, será lo que desarrolle a posteriori el gran Laughton: el choque de realidades entre el mundo infantil y el adulto; las vicisitudes sociales de la época enmarcadas en una mujer rendida y servicial al patriarcado (salvo honrosas y afortunadas excepciones); incluso el ingenuo juego del esconder, transformado en una incansable huida por la supervivencia.

Tras esta suerte de epílogo sintético, da comienzo la premisa de nuestra historia, en la que Ben Harper (Peter Graves) un padre desesperado, hastiado y rebelde, roba un banco y entrega el botín a sus hijos John (Billy Chapin) y Pearl (Sally Jane Bruce), bajo el juramento de no revelar bajo ningún concepto el escondite del dinero. Más tarde, en la cárcel, cruzará su consumido destino con el reverendo Harry Powell (Robert Mitchum) un falso predicador que alimenta su guadaña purificadora con el alma de mujeres sumisas y desamparadas. La culpa traicionará a Ben noches antes de su enjuiciamiento, y las palabras que susurra en sueños sobre el botín escondido estimularán la codicia y el hambre del reverendo Powell, que una vez libre, hará todo lo posible por conseguir el tesoro, cegado por un fanatismo desalmado e incansable.

No hay que ser un entusiasta del expresionismo alemán para dejarse llevar a través de las composiciones en blanco y negro que dibuja Stanley Cortez, con esos parajes nocturnos repletos de largas sombras y faunísticas siluetas encauzando en la narración la metáfora del cazador y la presa, la continua e innata lucha por sobrevivir en la naturaleza y, por consiguiente, en el mundo. Así, los actos más terribles se presentan ante el espectador como los más hermosos, como en el caso del cadáver sumergido en el fondo del río, o el acecho certero de una letal y espléndida lechuza, lo que presupone una visión delicada y preciosista de la realidad por parte de Laughton, que enmarca a la perfección sus imágenes en los principios narrativos del cuento clásico norteamericano.

Porque La noche del cazador (The Night of the Hunter) no es más que un cuento y, como tal, esconde profundas reflexiones e inquietudes del imaginario popular de aquella América deprimida: la frágil estabilidad de la familia trabajadora, tanto a nivel económico como a nivel estructural; el terrible poder del fanatismo religioso en momentos de debilidad y crisis de valores; la influencia ineludible de las costumbres, la cultura y la masa informe de la sociedad; y la supremacía opresora del hombre sobre la mujer en cada aspecto de su vida, como sustento económico, sexual y existencial. Todos estos elementos forman y componen al reverendo Harry Powell, villano emblemático cuyas zarpas tatuadas serán la amenaza omnipresente que persigue sin descanso a dos huérfanos mientras estos vagan sin rumbo en una barca a merced de la corriente, como deambulamos todos por el mundo desde que llegamos a él, descubriendo sus imperfecciones y sombras y donde, a pesar de todo lo anterior, aún aguantamos y resistimos.

2 Comentarios

  1. Es una pena que Charles Laughton se haya dejado influenciar por las malas críticas, lo creía más fuerte de carácter. Esta es una de mis películas favoritas, es realmente una obra de arte. La primera vez que la vi me sorprendió mucho, tanto en la factura como en la interpretación. El actor Robert Mitchum logró atemorizarme con su espectacular papel. Una película donde se destaca el carácter artístico y creativo que influenció a la mayoría de los directores desde 1955. Esta es una obra que seguro todo cinéfilo debería conocer.

    1. Quizás, tras todas esas críticas, no le compensase la tremenda carga de trabajo y responsabilidades que suponía la dirección de películas, sobre todo cuando ya era una estrella como actor.

      Sí que es una obra maestra, una de esas obras sencillas de espíritu inquebrantable.

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