Fuera de Concurso
Crítica de Cine: Oh mi videoclub, mi videoclub...

Oh mi videoclub, mi videoclub...

  • Título: La perrera
  • Título Original: Dog Pound
  • Kim Chapiron
  • 2010
  • Canadá

Entre las miles de producciones que salen año a año a las pantallas de cine, es prácticamente imposible que la repetición de temas, argumentos y tópicos no dejen a los espectadores de hoy en día un poco saturados. Aun así, es increíble la fuerza de voluntad que tenemos los adoradores de este arte, sobre todo cuando se trata de tomar la difícil decisión de ¿qué película veo hoy?

Y no es fácil en nuestros tiempos modernos, en los que la oferta supera con creces la posible demanda, con miles y miles de títulos, en las ya no pocas plataformas de alquiler online, que hacen la función de los antiguos y olvidados videoclubs, situados en una esquina al fondo de alguna calle…

No solo hemos modificado con ellos el lugar al que acudimos para escoger una película, sino que ha cambiado la forma en la que lo hacemos. Hace no mucho, entrar en un videoclub era como una especie de ceremonia. Necesitabas tiempo y paciencia para perderte entre títulos y títulos, normalmente poco ordenados entre sí, en la que la única sección clara era la de estrenos; la misma sección en la que ya estaban siempre todos los títulos alquilados y la película que estabas deseando ver entre ellos. Esto provocaba dos consecuencias inmediatas: Por un lado, aumentaban tus ganas por ver la película de la que había tantas copias y ninguna disponible, y, por otro lado, provocaba que tuvieras que conformarte con escoger otra película para ver con manta y gominolas tirado en tu sofá durante el fin de semana. Y sabías que tu elección era importante, porque una vez escogida no había vuelta atrás. Pero, con las plataformas online la disponibilidad es inmediata, los títulos se hallan ordenados por muchos y variados filtros y si tu elección no te parece acertada durante los primeros minutos de metraje, decides con un sencillo acto cambiar de título y ponerte a ver otro film.

Es así como llegué a La perrera (Kim Chapiron, 2010). Perdido en un mar de ofertas hallé esta película, prácticamente desconocida por el gran público y de la que ni yo mismo había tenido noticias de su existencia, aun siendo un gran aficionado a las producciones canadienses. No puedo negar que siento una gran predilección por el cine de la tierra que vio nacer al extravagante David Cronenberg. Me fascina la vuelta de tuerca que le suelen dar a los grandes géneros por antonomasia; siempre bordeando la línea entre lo que es y no es políticamente correcto, como una perenne guerra de provocaciones a sus vecinos del sur.

Así que, sin más esfuerzos que acomodarme y presionar el play, me dispongo a ver una película que en realidad no me motiva demasiado, por el mero hecho de tratar un tema tan vapuleado y estrujado como es el género carcelario (un internado para jóvenes delincuentes en este caso). Pero, al tratarse de una producción canadiense y hallarse la firma de un director joven detrás, que había sorprendido de forma bastante grata con su anterior película de terror Sheitan (2006), repleta de caras hoy muy conocidas dentro del panorama del cine francés, lo cierto es que tenía los elementos necesarios para que le diera la oportunidad del visionado entre tantas y tan varias opciones.

Puede parecer, o por lo menos esa es mi pretensión, que este título me ha dejado un poco indiferente, que no me ha llegado a calar, que no encuentro ningún motivo válido por el que alabar esta película, y lo cierto es que ni quería escribir esta crítica una vez finalizó la misma.

La perrera parece empezar con esa exigencia moderna de tener que enganchar al espectador desde el segundo uno del metraje. Lo que consecuente e inevitablemente lleva a presentar a sus protagonistas con una serie de clichés y estereotipos de los que ya estamos bastante cansados. Y así transcurre toda la película, con unos personajes que ya conocemos (pese al buen hacer de los actores), un telón de fondo que nada nuevo aporta y una historia más que exprimida. Lo único por lo que puedo recomendar su visionado es por su excelente banda sonora, que te acompaña por los lugares ya antes transitados de una forma mucho más llevadera, y, a destacar, la excelente fotografía con la que se retratan las abundantes escenas violentas que en esa “perrera” tienen lugar. Es cierto que la película está rodada con buen pulso, el ritmo narrativo es alto y como entretenimiento puro la película vale su entrada. Pero, todo aquel espectador algo exigente, no podrá perdonar el deshilo narrativo sobre el que tienen lugar los acontecimientos más que previsibles.

Pero, por suerte, o no, ¿quién sabe?, con otro sencillo movimiento de pulgar, podremos rebuscar otra vez entre miles y miles de títulos, una nueva joya cinematográfica, que merezca la pena ser guardada en nuestro joyero particular.

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