I Edición
Crítica de Cine: La farsa del amor romántico

La farsa del amor romántico

  • Título: Langosta
  • Título Original: The Lobster
  • Yorgos Lanthimos
  • 2015
  • Grecia

La ciencia ficción, incluso desde sus orígenes literarios, se ha caracterizado por mostrar especial interés en el futuro cercano, por tomar rasgos de nuestra sociedad actual y exacerbarlos para dar una idea de hacia dónde no están conduciendo. La presentación de estas sociedades (futuras o paralelas) se ha caracterizado también por cierta espectacularidad, por los retratos a gran escala y por aprovechar las posibilidades estéticas que entrega reimaginar una sociedad. Dentro de esta descripción costaría imaginar la escena indie y la estética de una factura de menor presupuesto en la mezcla. Sin embargo, en los últimos años, la austeridad ha probado ser una de las formas más interesantes para llevar a cabo un mundo paralelo. Lejos de las naves en llamas más allá de Orion o de los sables láser, filmes como Upstream Color (Shane Carruth, 2013) se valen de escenarios cotidianos, de departamentos en vez de megalópolis para construir el imaginario de su mundo paralelo, y resulta sorpresivamente efectivo y cautivante. The Lobster no es precisamente una película indie, pero está bastante lejos del presupuesto e intenciones visuales de una película como Gravity (Alfonso Cuarón, 2013). En The Lobster no tenemos avanzadas tecnologías o grandes sociedades, sino una suma de comportamientos sociales modernos llevados a un extremo.

En la cinta tenemos a David (Colin Farrel) entrando en un hotel para solteros. En el hotel está forzado encontrar a su nueva pareja en un período de 45 días, o de lo contrario se convertirá en un animal que será enviado a vivir a un bosque. Con esta descabellada propuesta Lanthimos nos introduce de golpe en su mundo. La primera media hora es sin duda la más fuerte y lograda, manteniéndonos en la intriga permanentemente sin dar introducciones ni explicaciones sensatas a este universo. The Lobster explica las reglas del hotel verbalmente, en una decisión que carece de sutilezas. Formar una familia se convierte en una presión social del mundo occidental a una obligación gubernamental en la versión de Lanthimos, y por más exagerado que parezca aceptamos el código al no sentirse tan lejano. Sin embargo este mismo interés provocado por la presentación de estos mundos nuevos se disipa a medida el filme progresa, especialmente cuando Farrel deja el hotel. Una crítica común a cineastas como De Palma o Winding Refn apunta a como su obra parece primar estilo sobre contenido. Pues en The Lobster se encuentra un caso más raro de lo contrario. Las críticas al contrato amoroso y la deconstrucción de todos los mitos del amor romántico resultan bastante logradas y realizan una actualización a algunos discursos de cineastas como Fassbinder. Pero la obra falla en terminar de atrapar al espectador y se cuelan algunas incongruencias. La actuación inexpresiva, practicada por una larga lista de cineastas, pasa de interesante y coherente con su mundo a cansina, y el interés creado en el hotel se empieza a diluir en la parte del bosque (más extensa por lo demás).

Hay que reconocer como Lanthimos crea un mundo de ciencia ficción completamente creíble con pocos elementos, sin tecnología y casi sin salir de su primera locación. También hay que reconocer como el director supo adaptarse a una narrativa más convencional sin perder su intención y estilo encontrados en sus previos trabajos. Pero queda la sensación que The Lobster podría haber sido un filme más cercano a una joya, pero algunas decisiones estilísticas la dejan a mitad de camino.

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