I Edición
Crítica de Cine: Breve historia del fundamentalismo amoroso

Breve historia del fundamentalismo amoroso

  • Título: Langosta
  • Título Original: The Lobster
  • Yorgos Lanthimos
  • 2015
  • Grecia

Después de que Yorgos Lanthimos haya tratado en sus dos películas más afamadas (Canino y Alps) con temas como la familia, la educación, la sexualidad, el poder, el condicionamiento social, la muerte y la manipulación de la información, parece un paso coherente en esta especie de Trilogía de la Desolación que se completa con Langosta, el abarcar el otro gran tema universal (acaso el más grande y universal de todos): el amor. Pero aunque en Langosta haya momentos tanto de comedia como de drama romántico, está claro que el lanzamiento que hace Lanthimos no tiene nada de convencional, en absoluto.

Hay quien ya desde su estreno en Cannes ha acusado al realizador y guionista griego de acomodarse en ese estilo particular de extrañamiento, y de abusar de sus preciosistas y casi abstractos planos y situaciones. Como a todo creador laureado en el cine contemporáneo, donde siempre coincide el capón con la tercera película (y si no, revisen las filmografías de autores tan dispares como Sam Mendes, Paul Thomas Anderson, Anthony Minghella, Xavier Dolan o Stephen Daldry), es esta una forma de bajar los humos de un artista al que estoy seguro de que esto le importa más bien poco. Porque cuando un director afila tanto su estilo y es tan fiel a su visión y planteamiento de la cosas, eso no se llama acomodamiento, se llama personalidad.

Y personalidad es lo que tiene esta especie de tratado reducido casi como una fórmula química, sobre el amor, las relaciones, y la serie de absurdeces y cortapisas que se ponen (y nos ponemos) para amar a alguien de verdad. El planteamiento distópico de la trama (aquellas personas que permanezcan solteras serán enviadas a un hotel por un corto periodo de tiempo, donde deberán encontrar pareja. Si no lo hacen, se les convertirá en un animal a su elección, y se les abandonará en un denso bosque; en el que a su vez viven en la clandestinidad otros solteros fugados de ese hotel o de la ciudad, fervientes defensores de esa soltería), agudiza los elementos más plausibles y reconocibles de la misma, como en toda buena película de ciencia ficción, aunque Langosta sea más un pensamiento filosófico que una cinta convencional de cualquier género.

Así, somos capaces de ver con simpleza y detenimiento, lo absurdo que es el condicionamiento social para ser una pareja convencional, la búsqueda de lugares comunes con otra persona, aunque sea a puñetazos, las mentiras que decimos y nos decimos a nosotros mismos con la excusa de amar y ser amados, pero también el peligro de cerrarse al mundo, de convertirse en una especie de emblema más que en un ser vivo, con la necesidad del otro que siempre implica el estar vivo; Langosta habla de todo eso, con una sinceridad y una sencillez que atraviesan la esteticista y enrarecida atmósfera tan propia del cine de Lanthimos, que es posible que aleje a muchos espectadores por su coqueteo con el absurdo y su ritmo moroso, pero que yo encuentro una experiencia sensorial y cerebral en sí misma.

En su salto al cine americano (aunque por las particularidades de tono y estilo, es una coproducción entre muchos países), Lanthimos ha sido capaz además de rodearse de un equipo de actores que consigue que no añoremos a esos maravillosos rostros desconocidos de las dos películas citadas. El magnetismo misterioso de dos de sus actrices fetiche (Ariane Labed, su esposa en la vida real, y Angeliki Papoulia) sigue intacto, y es contagiado en las interpretaciones de las figuras más estelares (Colin Farrell, Rachel Weisz, John C. Reilly, Léa Seydoux, Ben Whishaw, todos ellos grandes actores… y sí, incluyendo a Farrell, personajes como este son la prueba palpable de su talento), en unas interpretaciones minimalistas y a la vez hiperbólicas de tantas y tantas situaciones y requiebros que los seres comunes, como lo son ellos, hacemos en nombre del amor.

El amor… Y más allá de la dureza (simbólica, expresiva y explícita) de muchas escenas, lo que parece decirnos Lanthimos es que lo realmente más difícil del amor es la incertidumbre que provoca, tanto cuando es verdadero como mentido. Por eso su tristísimo plano final (por el que Weisz merecería toneladas de premios) puede significar tantas cosas: ¿El mayor sacrificio o el más terrible abandono? Parece que no hay una respuesta, pero mientras el amor siga siendo una cárcel, y la ausencia de él también, poca esperanza quedará auténticamente para nosotros.

Julio Rojas

11 diciembre, 2015
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