Fuera de Concurso
Crítica de Cine: No es una película para asmáticos

No es una película para asmáticos

  • Título: Las acacias
  • Pablo Giorgelli
  • 2011
  • Argentina

Podría empezar esta crítica diciendo que Las acacias (2011) es una película argentina y no estaría mintiendo. Pero, sería una verdad a medias. Las acacias es una película universal. Universal en tanto al lenguaje que utiliza, tanto en su forma de transmitir, como en el contenido que transmite. Las acacias es poesía en movimiento y no necesita de doblajes ni de subtítulos para poder ser entendida.

Sin embargo, no es cine para todos los públicos. La ópera prima de Pablo Giorgelli necesita un espectador preparado, con un alma sensible y un refinamiento estético reposado. Se podría decir que es una película de un poeta para otros poetas. Si eres de los que disfruta con largas horas de lectura reposada pero activa, si sabes disfrutar de un poema aunque no entiendas ni la mitad, pero te gusta su sonoridad, las palabras empleadas, los recursos utilizados, estoy seguro de que Las acacias te embaucará.

Las acacias es el viaje más largo que harás en camión. Te subes en Asunción, Paraguay, y te bajas en Buenos Aires, Argentina, pero el viaje bien podría haber sido de Shangai a Tokio o de Albacete a París, sin cambiar un ápice su significación, con una única variación: los paisajes. Porque este film es en sí mismo una gran metáfora que no podría ser entendida, si no es desde su conjunto; incluyendo el título, indispensable.

Las acacias son un género de arbustos y árboles que cuentan con cerca de 1400 especies diferentes –reconocidas por los científicos– esparcidas por todo el mundo. Cada una con sus propias características especiales, pero con dos presentes en todas ellas; a saber: su capacidad de adaptación al entorno y su capacidad de autodefensa. Las acacias también son muy conocidas por su capacidad invasora o porque la flor de la acacia suele producir alergia a las personas más sensibles a ellas e, incluso, por sus capacidades curativas. Aunque lo más común es que las acacias crezcan juntas formando bosques en su conjunto, existen especies que viven de manera solitaria, sin más acacias ni otros árboles a su alrededor, solas en medio del desierto.

Podemos decir, metafóricamente, que este último tipo de acacia que mencionaba es el que representa al protagonista de esta historia. Un Germán de Silva que realiza una de las actuaciones más formidables que recuerde en la gran pantalla en los últimos años, con un personaje minimalista como la historia que se cuenta, creado a través de delicados gestos y profundas miradas.

Rubén, así se llama el protagonista, es un camionero cuya ruta va desde los bosques de Asunción, lugar en el que recoge la leña de las acacias para que sea transportada a las industrias de Buenos Aires, donde será trabajada hasta ser convertida en muebles u otros elementos. Así empieza la película, de una forma triste y melancólica, con una deforestación. Sin embargo, esta vez el viaje no lo hará solo, pues Rubén recibirá un encargo por parte de su jefe al que no puede decir que no. Así que acepta, suponemos que a regañadientes, llevar a Jacinta (Hebe Duarte en estado de gracia) junto con su beba (un bebé encantador) en su camión hasta Paraguay.

Así nos encontramos con todos los elementos de una road movie dispuestos para ser utilizados a favor de la verosimilitud de los hechos que se relatan. Porque todo está pensado para dar una sensación de credibilidad pocas veces experimentada antes –creo haber percibido algo parecido a lo que debieron experimentar los primeros espectadores que vieron La llegada del tren (1895) de los hermanos Lumiére–.  Porque la cámara estática que utiliza Pablo Giorgelli te teletransporta directamente al interior de la cabina del camión, te hace formar parte de ella, te hace sentir que eres un pasajero más. Porque la única banda sonora de esta delicia visual es el ruido del motor de ese camión rudimentario, los baches de la carretera, el chascarrido de un mechero al encenderse, el sonido que produce un vehículo que te adelanta… Y, muy de vez en cuando, un breve diálogo que rompe el silencio y la rutina de los paisajes que pasan y cambian, pero siempre vuelve el silencio… El tiempo que haga falta para que el espectador reflexione mientras siente la soledad de la carretera y la angustia y los miedos de los personajes que lo acompañan en este viaje iniciático, catártico.

Así que todos aquellos que os veáis preparados para sentir como una “acacia solitaria”, malherida por las adversidades del desierto, ve violentada su intimidad por una “acacia invasora” y como ésta rompe sus impenetrables autodefensas a través de caricias en forma de miradas, sin duda alguna, esta es tu película, a menos que seas un asmático con alergia al silencio y a la pausa.

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