Fuera de Concurso
Crítica de Cine: Las grietas de la espera

Las grietas de la espera

  • Título: Las amigas de Ágata
  • Título Original: Les amigues de l'Àgata
  • Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius, Marta Verheyen
  • 2015
  • España

A veces pienso que si un extraterrestre aterrizase sobre este planeta y decidiese observar el comportamiento de los occidentales, un gesto de perplejidad se plantaría en su rostro. Pienso en un extraterrestre con vocación de mirada antropológica o etnológica. Esto es, un ser extraño a nosotros que se dedicase a descubrir las constantes de nuestras costumbres y valores.

Esta sensación se intensificó cuando decidí, cuando un gesto del azar semiobjetivo o, quizás, cuando la portada de una plataforma digital de exposición cinematográfica me presentó la película Las amigas de Ágata. No sé si me reafirmó a mí como ser extraño en este mundo o si me presentó los consuetudinarios ocios de nuestra generación como algo que me es extraño. De esta forma, surgió ante mí una ambivalente sensación. Una repulsa –parecida al gesto de perplejidad del extraterrestre antropólogo– y una ligera identificación con el relato emocional narrado en la película.

Extraña sensación la que reside en el umbral del sí y en el umbral del no. Transeúnte de ambiguas sensibilidades. Breve admiración, intensa aprensión.

Relato iniciado con fragmentarias secuencias de ocio nocturno y diurno. Pero prima el primero, o esa fue mi sensación. El extraterrestre, mirando, anotando en su archivo etnológico, descubre que los jóvenes occidentales, los de Barcelona para ser más precisos, disfrutan en ambientes donde su capacidad visual es reducida, donde su sentido auditivo está menguado, donde las distancias se acortan, como los planos que parecen abordar los rostros de insatisfacción o desubicación de las personajes.

Con este conjunto de fragmentos parece reducirse la vida de una joven a un puñado de cigarrillos liados, conversaciones ahogadas en los oídos y miradas de espera por el metro, por el retorno a la insatisfacción. La frustración permanece más allá del ocio.

Hasta aquí llega el retrato del extraterrestre, el observador perplejo, que no sabe comprender ni identificarse con su objeto de estudio: cuatro jóvenes de unos 20 años, que pululan entre fiestas, paseos y conversaciones livianas.

Después llega la mirada identificativa, la que aproxima la comprensión, la que relata, al menos lo parece, una forma de sentir la vida y el crecimiento, similar al ser humano, quien no puede ser tan extraño en el mundo. La decepción de sentir el quiebre, la brecha, la escisión entre el mundo del que se proviene y el que se inicia. Una suerte de desengaño con la amistad adolescente. Solapada con el descubrimiento, apenas esbozado, de nuevas personas por conocer.

Un relato en apariencia infantil, adolescente: el descubrimiento del desarraigo con el entorno de amistades. Puede surgir la pregunta ¿Alargamos tanto hoy en día nuestra adolescencia, hasta el punto de querer prolongar la amistad, el vínculo…?

Entre tanto dejamos en silencio, en los huecos de la espera, un mensaje que va agrietando el sentir conjunto del grupo. La fricción silente que estalla, que se desborda por las grietas de un pulso íntimo con el grupo.

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