II Edición
Crítica de Cine: Demasiado independiente

Demasiado independiente

  • Título: Lejos del mundanal ruido
  • Título Original: Far from the Madding Crowd
  • Thomas Vinterberg
  • 2015
  • Reino Unido

Resulta extraño pensar en un contexto donde una mujer se auto califique como demasiado independiente. Aunque no nos engañemos, es cierto que la realidad para muchas féminas incluso hoy en día es que son juzgadas y condenadas por esta actitud. No tan difícil resulta entender esta apreciación en el corazón de la Inglaterra victoriana, donde lo que se esperaba de una mujer era obediencia y saber estar acorde con su estatus.

Tan solo son necesarios cinco minutos de cinta para ponernos en situación y disponer de todos los datos que nos indican que estamos ante uno de esos grandes argumentos, incluso aunque uno no se haya leído el exitoso clásico de Thomas Hardy, Lejos del mundanal ruido. Por supuesto habría sido un sacrilegio cambiar tan excepcional título, rico en matices y mensajes.

El reparto está encabezado por Carey Mulligan (El gran Gatsby) quien consigue una mezcla equilibrada de fragilidad, sin caer en la bobería, y determinación. Dándole la réplica el formidable Matthias Schoenaerts (La chica danesa), honorable caballero por valía propia que lleva las riendas de forma equilibrada a lo largo de las dos horas de duración de la película, uno de los remarcables en Europa con notable bagaje internacional en su haber.

Y el siempre interesante Michael Sheen (Frost contra Nixon), cuyo personaje se enfrente al eterno dilema de quien tiene todo y quiere aquello que no puede alcanzar, eso sí con nobleza y sin necesidad de ser un cínico empedernido. Quizá al comienzo de su aparición incluso se podría pensar en un ser algo bufonesco, pero poco a poco va dejando ver la clase de la que hace gala en el desarrollo de los acontecimientos.

Ambientada principalmente en Dorset, en el último tercio del siglo XIX, el guión adaptado de David Nicholls pone en el punto de mira las dificultades para una mujer culta de la época a la hora de proclamar su independencia, sin pertenecer a un marido que la dirija o acalle, a la par que el hombre de clase trabajadora reivindica su derecho a esforzarse para sí mismo y poseer sus tierras sin necesidad de rendir cuentas a un patrón acaudalado. En ambas perspectivas, unas esperanzas de cambio y libertad en el horizonte.

Extraordinaria la utilización de escenarios y luz naturales para recrear un ambiente de crudeza en ocasiones, serenidad en otras o exaltación de emociones en determinados momentos. Como se puede comprobar en la escena a pie de playa en que la cálida luz del amanecer ofrece el contrapunto a la sensación amarga que Oak experimenta en ese instante. Todo envuelto con una elegante banda sonora de la mano de Craig Armstrong.

A lo largo de la historia los dos protagonistas, Bathsheba Everdene y Gabriel Oak, van sobreponiéndose a diferentes obstáculos y poniendo de manifiesto sus rasgos de personalidad más valiosos, actuando en contra de lo establecido, como la renuncia a una carrera militar de falsos halagos o las anquilosadas comodidades del matrimonio.

También representada la eterna lucha de poder público y moral entre hombres y mujeres. Lo cual, si se piensa con detenimiento, no se aleja mucho de la realidad actual a pesar de que se podía esperar otra cosa de la evolución humana tras los últimos ciento cincuenta años. Tal vez solo haga falta otro cuarto de siglo para que el hombre no se sienta amenazado por la mujer, ¡quién sabe!

La relación de Bathsheba con el género opuesto se conforma a lo largo del tiempo como un esquema de cuatro vértices y encarna desde una atracción inconfesa, inducida por la sinceridad inusual con Oak, a la excitación por lo impulsivo que le aporta el sargento Troy, pasando por la empatía hacia los honestos propósitos de su vecino, William Boldwood. Dulce indecisión entre la seguridad y los sentimientos, ante los diferentes modos y ritmos que imprime el amor a la vez que los giros del destino la llevan a unos derroteros inesperados en su porvenir.

Resulta delicioso ser testigo del inicio del flirteo en la época y cómo el orgullo podía interponerse en la felicidad de dos personas a raíz de un simple malentendido o la falta de una comunicación abierta. Ella se va mostrando amenazada y atraída a la par por el único hombre que le habla sin tapujos. El espectador puede apreciar cómo pasan de largo los detalles cargados de significado y esenciales en los pilares de una relación por culpa de las apariencias y el sentido del deber hacia proposiciones con altas miras, no menos honorables pero sí ausentes de pasión.

Solidez en la adaptación de una de las grandes obras de la literatura inglesa, en las que se pone de manifiesto uno de los mayores denominadores comunes en cuanto a relaciones fallidas se refiere, la decepción por parte de quien se supone encarna lo que más nos atrae a simple vista pero que resulta pasajero y no poco doloroso. Lo que deja entrever que en realidad las acciones son mucho más importantes que las palabras embaucadoras. Un error común que nos lleva a perder un tiempo valioso en lugar de reaccionar y reajustar nuestro rumbo adecuadamente junto a las personas apropiadas, que pueden aportarnos positividad y felicidad.

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