Fuera de Concurso
Crítica de Cine: Pacto de ficción entre flores

Pacto de ficción entre flores

  • Título: Loreak (flores)
  • Título Original: Loreak
  • José María Goenaga, Jon Garaño
  • 2014
  • España

Si no recuerdo mal, Juan Carlos Onetti en su relato “El pozo” define a las cosas, los hechos y los objetos no por su valor intrínseco, sino por la vinculación emocional que guardamos hacia ellos. Su valor no reside en su realidad objetual, sino en la relación espiritual que mantenemos con ellos. Loreak (flores en euskera) presenta en su cartel el siguiente lema: “Solo son flores”. Pero es una cita irónica; desde luego, no solo son flores. Porque si las cosas son para nosotros en tanto que fijamos su ser sentimental en nuestro espíritu, el arte, el cine, la literatura, son el juego que teje, cubre y descubre esas relaciones emocionales.

El pretexto de un ente material, las flores, para el inicio de la búsqueda de la verdad es el eje sobre el que circunda la trama de Loreak. Es la excusa para abordar, para despertar e incitar la necesidad de un relato ficcional que rellene los pasos vacíos de una historia sentimental frustrada. Por tanto, relato ficcional sentimental. Toda obra de cine no deja de ser una narración ficticia de una necesidad emocional que reclama ser satisfecha. Loreak lo es y es también su expresión explícita. En este sentido, la película de José María Goenaga y Jon Garaño es una reflexión sobre un aspecto de la condición humana que, a su vez, se manifiesta en el plano cinematográfico. Dicho de otra manera, en este caso el arte y la vida están indisolublemente ligadas. El arte, la necesidad ficcional narrativa, y la vida, los pasos temporales, los vínculos emocionales, son el anverso y el reverso de una realidad: un trayecto personal por el mundo. La existencia exige ser expresada en lenguaje, exige la razón de sentido. El relato necesita de la vida para obtener el contenido, la fuerza, el sentido.

Los pasos vacíos, los huecos de la incomprensión o los agujeros a donde no llega el entendimiento son el resultado del silencio, del secreto, de la intimidad callada, pero sutilmente expresada en los gestos objetuales, que remiten a una realidad emocional, a un deseo. Las flores son la manifestación ritual de una vida íntima, postergada a la confidencia personal. Son también el rastro y la clave para entrecruzar nuevas relaciones en el futuro.

Las flores son el desencadenante. Llegaron como regalo, se asentaron como recuerdo y perviven como punto de encuentro. Cuando nos vamos de viaje solemos recoger algo del lugar a donde hemos ido, una pieza que nos permita no olvidar nuestro paso por ahí. Cuando nos piden algo y queremos acordarnos de ello lo anotamos en un papel, en la mano o nos hacemos un nudo en el dedo. Estas son técnicas materiales para fomentar el recuerdo, son la inscripción de un valor mental en la realidad: son recordatorios.

En Loreak las flores son el recordatorio de las relaciones calladas, de los deseos secretos, del amor frustrado. Son la vivencia simbólica entre personas que no se han conocido y acaban por conocerse gracias a y por las flores. En fin, un relato ficcional de los huecos incomprendidos de la vida sentimental. Por tanto, una reelaboración de los vínculos sentimentales con el objeto, las flores.

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