II Edición
Crítica de Cine: Oh sí, allá vamos...

Oh sí, allá vamos...

  • Título: Los imprevistos del amor
  • Título Original: Love, Rosie
  • Christian Ditter
  • 2014
  • Reino Unido

Oh sí, allá vamos… ¿cómo tratar el amor sin caer en la tópica comedia romántica y conseguir que se parezca lo máximo a la realidad de cualquier hijo de vecino? Es fácil pensar en primeras citas, momentos incómodos hasta el absurdo, risas, preparativos de boda, relaciones que empiezan, las que acaban, aquellas de vivieron felices para siempre o un largo etcétera de situaciones aparejadas al romance llevadas al cine a lo largo de su historia. De los últimos años, una respuesta espontánea sería si te tropiezas con Los imprevistos del amor.

Por supuesto hay algunas de esas situaciones reflejadas en la película. No se puede contar acerca de las relaciones sin vivir una serie de circunstancias comunes en su base a la mayor parte del género humano. Lo que sí marca la diferencia es un aire refrescante sobre cómo narrar una historia de amor sin necesidad de ir a extremos ni estereotipos, no ha de ser un drama llevado al filo de las penurias sociales o imposibles dramas personales, tampoco se trata de representar un fantástico cuento de hadas fabuloso y previsible.

Me encontré con esta película por casualidad, a primera vista sin grandes reclamos como un reparto megaconocido o un director aclamado por las masas. Al frente del cartel los prometedores Lily Collins (Blancanieves), como Rosie, y Sam Caflin (Los juegos del hambre), en el papel de Sam. Detrás de la cámara el alemán Christian Ditter que cuenta con una modesta filmografía para cine y televisión, además de escribir y producir. Tras el argumento, basado en la novela Donde termina el arco iris de la irlandesa Cecilia Ahern, encontramos a la periodista y guionista Juliette Towhidi.

Resulta gratificante poder paladear las vicisitudes de una relación amorosa que no acaba de despegar, mientras se escrudiñan los recovecos de la amistad que, en este caso, van más allá de cualquier duda razonable u obstáculo espacio-temporal. El latente trasfondo de amor se ve ensalzado con una deliciosa relación entre dos amigos que son capaces de atravesar de forma beneficiosa, aunque no sin dudas y recelo, las circunstancias que la vida les va imponiendo.

Los protagonistas se muestran con actuaciones naturales, representando de un modo realista los sinsabores que deparan las denominadas mentiras piadosas y las decepciones cotidianas, sin aspavientos innecesarios o moraleja sublime, el mensaje es claro: encaja el golpe y continúa el camino.

Un paseo por las distintas emociones que experimentamos conforme vamos viviendo etapas y las responsabilidades se van filtrando entre las ilusiones. Incluso la ausencia de seres queridos pone de relieve la fragilidad del futuro y la posibilidad del cambio a través de la confianza en uno mismo en el momento presente. Una mirada furtiva a la emoción pura que destila ese momento único de casi beso, como ejemplo de lo hermoso en la simplicidad de los sentimientos más conmovedores.

En cuanto al aspecto cómico, bien distribuido y sin abusos en los momentos en que el absurdo o la tensión emocional se acentúan a lo largo de la historia. Realmente un grado de comicidad identificable con el espectador que hace cercana y entrañable la vida de Rosie y Sam, juntos o por separado.

Y un mensaje de fondo acerca de la posibilidad de cambiar de rumbo, cuantas veces sea necesario o queramos, tan solo con tener la voluntad de dar un paso tras otro. La fórmula es sencilla, en un lado de la balanza cómo van surgiendo las cosas a lo largo de los años, en el otro, nuestra actitud y modo de hacer a la hora de afrontar cada decisión y camino.

Deja un comentario