I Edición
Crítica de Cine:

"La revolución es guerra, la única en verdad legítima, justa y grande, entre cuantas ha conocido la historia."

  • Título: Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 2
  • Título Original: The Hunger Games: Mockingjay - Part 2
  • Francis Lawrence
  • 2015
  • EE.UU.

Hemos llegado al incendio final de la revolución en Panem. Hemos pasado por una notable y autoral contextualización de este universo imaginario (la primera película), por un espectáculo eficaz y tremendamente entretenido (En Llamas), y por una soporífera y blanda historia de rebeldes acorazados disfrazada de estudio psicologista (Sinsajo – Parte I). Llegados al clímax de la saga, cabe preguntarse si merecía la pena dividir el último libro de la serie en dos, y mi humilde respuesta es un condicional con mayúsculas: Habría merecido la pena. Porque teniendo en cuenta que ese último libro aúna clímax bélico con una interesante confrontación del comunismo y el capitalismo desde una óptica totalitaria y autárquica; y una acertada exposición del poder y la manipulación de la imagen en el mundo ¿civilizado?, había suficiente material en esas páginas para hacer dos buenas películas, y el resultado es una decepcionante primera parte, y una segunda que es correcta y entretenida, pero que no está a la altura ni de las dos primeras ni de los originales literarios.

El problema con ambas es sencillo y claro: por un lado, como se ha suavizado el incendiario discurso político y social que había en los libros, y el escaso interés por profundizar en sus grandes temas; y por otro lado, el nulo talento visual y narrativo de un director, Francis Lawrence, incapaz de inyectar verdadera épica en un relato que lo pide a gritos (como también pide tensión, peligro, emoción, adrenalina, oscuridad…), pero que tampoco es capaz de compensar las partes más espectaculares de su historia con aquellas más intimistas, y que deja a sus personajes y actores huérfanos de un capitán con verdadero interés por la compleja psicología de sus personajes.

Porque al contrario que en otras muchas sagas juveniles, los personajes de Los juegos del hambre, así como los conflictos que manejan, son realmente complejos, a pesar de que en los films se relegue a la mayoría de los secundarios a un segundo plano, con el consecuente disgusto de aquellos a los que nos gustaría disfrutar de grandes momentos en actores tan buenos como Julianne Moore, Tucci, Sutherland, Harrelson, Seymour Hoffman, Elizabeth Banks, Natalie Dormer, Gwendoline Christie, Jena Malone, Jeffey Wright… (las apariciones de algunos son meramente testimoniales). Otros, como Claflin o Hemsworth, se ven perjudicados por el escaso interés que ha habido en la saga por hacerles interesantes. Hutcherson, sin embargo, consigue sacar brillo a su antihéroe atípico, y convierte un personaje pasivo esencialmente, en alguien de carne y hueso, y con un carisma especial. Y aunque se haya dicho hasta la saciedad, puede que el gran acierto de esta saga, fuese ver en la Jennifer Lawrence de Winter’s Bone (porque todo vino de esa heroína solitaria que hace lo que puede por salvar a su familia en un entorno natural hostil), a Katniss Everdeen: la actriz consigue algo que ni el guión ni Francis Lawrence consiguen en ningún momento, y esto es la sensorialidad que emanaban muchos de los párrafos del libro, transmitir los olores, el dolor físico, el agotamiento, el conflicto y el trauma moral de un personaje construido desde el cuerpo y la mirada de una actriz de talento natural nacida para ser una estrella.

Al contrario que su predecesora, Sinsajo – Parte II consigue abrir algo el foco más allá del distrito 13 (tal vez el error al partir el libro en dos, fue el respetar la narración lineal de la historia, ya que en esa primera parte apenas ocurren acontecimientos relevantes), y eso ayuda a que el ritmo sea más fluido. Las escenas de acción, sin ser nada del otro mundo, funcionan por el carácter climático y decisivo de esta última película, y al menos esta división en duplo, deja algo de lugar para que las tesis de sus páginas afloren a pesar del director y la mastodóntica maquinaria de producción y distribución de la saga. Esta distopía juvenil nació en su momento a raíz de la indignación general que esa crisis de la que tanto se ha hablado en esta década, y que ha dejado a una generación entera a su suerte: engañada por la clase política, obligada a lo más peligroso a lo que puede aspirar alguien que es asumir como normal conformarse con un estado común, por inmoral que sea, manipulada desde su imagen hasta sus expectativas y los referentes de plástico en los que hay que mirarse.

Los juegos del hambre, en forma de fantasía retrofuturista, habla de la rebelión contra los fuertes y de la justicia, y tomando prestadas algunas de las grandes ideas de Orwell, 1984, y la actual sociedad del entretenimiento, plantea tesis interesantes e infunde cierta capacidad crítica a los lectores y espectadores jóvenes de estos libros y películas. Y sólo eso, a pesar de los errores de las adaptaciones cinematográficas, es algo loable.

Julio Rojas

28 noviembre, 2015
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