I Edición
Crítica de Cine: Sinfonía de los sueños en Valparaíso

Sinfonía de los sueños en Valparaíso

  • Título: Los soles vagabundos
  • Tito González García
  • 2016
  • Chile

Hay algo en Los soles vagabundos que evoca a aquello tan sencillo y a la vez tan complejo que se atribuye al cine de Malick: la intención constante de captar el momento, el instante, el fugaz destello de luz o el leve movimiento de una brizna de hierba. O el parpadeo, el gesto, el mínimo arrebato emocional del personaje que su cámara enfoque. La aspiración de este cine poético casi siempre tiene como consecuencia la dispersión de la historia narrativa que la película presente, por mucho que el verdadero interés de sus creadores esté en realidad puesto en las abstracciones más grandes del proyecto.

Los soles vagabundos presenta muchos caminos por los que la película podría haber discurrido, y es cierto que abandona algunos de ellos. Hay en los dos personajes protagonistas un pasado tan interesante que podría dar lugar a otras historias muy diferentes (de cine negro en el caso de él; de áspero barniz social en el caso de ella); en su lugar, sus personajes quedan detrás de la historia de amor fou, de un breve encuentro en un confín del mundo mostrado a través de los detalles más cotidianos de dos personajes en realidad mucho más complejos de lo que llegamos a saber.

Pero hay algo en el eclecticismo de Los soles vagabundos que tiene coherencia sobre todo con su contexto. Como Valparaíso, esa ciudad soñada, la música, los géneros, el estilo… todos los elementos de la propuesta, en definitiva, son como ese caos desvencijado y bello que es la ciudad, un acumule incesante de construcciones misteriosas que se precipitan sobre los cerros y las colinas hasta hundirse en el Pacífico. Se podría estar mirando fijamente cualquier punto de ese lugar y extraer una historia de cada uno. O se podría hacer una película para cada uno de los extraordinarios (y esta palabra la uso en un sentido literal: fuera de lo ordinario) personajes reales que desfilan por el mundo de los Los soles vagabundos.

Pero como Valparaíso, una ciudad que evidentemente el director novel Tito González García, ama; Los soles vagabundos es una caótica y hermosa sinfonía orquestada en torno a los sueños de sus dos protagonistas, recreaciones oníricas que van de la pesadilla a la belleza y que son a su vez hermosas piezas de videoarte con una fotografía y un tratamiento de la imagen hipnótico, hermoso, capaz de llevarnos hasta las latitudes remotas de la Tierra de Fuego donde muchas de esas imágenes, casi cuadros imposibles, se rodaron. No se trata de hacer un enfoque psicologista, ni de los personajes ni de la trama, pero consiguen que la sensorialidad de sus imágenes acaben por impactarnos y hacer que nos importe, mucho, lo que sus dos fantásticos actores (David Kammenos e Ingrid Isensee), viven; esa historia de amor loco, por encima de lo racional o el verdadero conocimiento, un amor sustentado en el misterio de no conocer realmente al otro, y de estar envuelto, en la abstracción de una ciudad lejana y olvidada, en un mundo donde incluso se podría traicionar a ese amor por empezar de cero.

Deja un comentario