Fuera de Concurso
Crítica de Cine: ¿Una peli lenta?

¿Una peli lenta?

  • Título: Magical Girl
  • Carlos Vermut
  • 2014
  • España

El ser humano es tiempo o el tiempo es el ser humano. No es fácil resolver la cuestión. Y existe suficiente literatura sobre ello como para intentar adentrarnos ahora en el problema. Pero, sea como fuere, el ser humano tiene un experiencia, percepción o sensación del decorrer temporal. Es un hecho que se manifiesta en el plano existencial y, por extensión, en el plano cultural de la vida humana. En el cine, tema que nos ocupa, dicha experiencia se manifiesta en diferentes niveles. Para empezar, la película tiene un principio y un fin, momentos que definen la duración de la cinta: una hora, dos horas, una hora y media… Pero el nivel más relevante es el del ritmo. Y este nivel implica una valoración subjetiva del tiempo. Ya no es la simple medida del tiempo en base a un criterio objetivo: el segundo, el minuto, la hora. No, es la mensuración del tiempo en base a una experiencia concreta y subjetiva de algo que dura objetivamente un tiempo determinado.

Como el ritmo es algo, entonces, subjetivo, toda valoración que se exponga en adelante sobre Magical Girl es una exposición de una experiencia, percepción o sensación subjetiva. Por tanto, ya puede ahorrarse cualquier malintencionado de tildarme de aculturado, cultureta o diletante. Porque, repito, todo esto no es más que fruto de mi expierencia, de mis sensaciones y de mi percepción. Es el resultado de la tensión rítmica, de la ruptura de expectativas dramáticas y del mundo extraño que crea Carlos Vermut. Entonces, ¿sí que hay algo objetivo, algo palpable y comentable más allá de mí mismo?

Como amante de la contradicción y ferviente defensor de la postura abogado del diablo, me gusta y ejerzo la negativa a lo que acabo de decir. Sí, en efecto, la experiencia subjetiva, la sensación subjetiva, la percepción subjetiva del tiempo, en este caso el ritmo, es objetivable y comentable. Ahora bien, voy de lo subjetivo a lo objetivo. Empiezo en lo subjetivo porque implica la captación intuitiva de algo, la captación de que algo raro está pasando en esta peli. Y voy a lo objetivo porque sé que esa captación se puede explicar; no es una construcción exclusiva de mi imaginación. O, dicho de otro modo, no me masturbo compulsivamente en mi torre de marfil de cinéfilo. No, aunque también.

Empezamos. Magical Girl es una de las genialidades más desbordantes que he visto en los últimos años de mi vida (como si tuviera yo muchos años). Y es una genialidad por el mundo que se crea. Mundo que, en mi opinión, está esencialmente articulado por el ritmo absorvente y extraño que marca el desarrollo de la película. Magical Girl es muchas cosas, como toda película. Pero siendo muchas cosas es también solo una: el paso tenso por un mundo incómodo, inquietante, que despierta la necesidad de más, de una resolución. El paso pausado, sin prisa, lentificado de una creciente tensión dramática que se encamina a lo fatídico, pero siempre en constante pausa y suspensión de la acción.

Y, ahora, paso a relatar, comentar y exponer los hechos objetivos que considero que proporcionan a Magical Girl ese tono rítmico. Para empezar, Carlos Vermut es un presdigitador de los momentos dramáticos. Es capaz de jugar, de disponer a su antojo, de componer los momentos de avance de la acción, de forma que las expectativas del espectador se ven frustradas constantemente. Frustración a favor de la sorpresa, a favor de la explicación de hechos en apariencia extraños en un principio. Hechos que cobran relevancia, sentido, con la fractura permanente de la posibilidad de predicción como espectadores. Aviso, nada va a ser como debiera ser y será, no obstante, como debe ser. Ya en su primera película, Diamond Flash, nos enfrentamos a esta situación. Y es un enfrentarse porque en verdad necesitamos armarnos de paciencia, paciencia en el buen sentido. A medida que se dilata nuestra espera, a medida que la acción queda contenida en un tiempo de no pasar nada, la acción crece, se expande, el mundo se abre, las cosas, en fin, tienen sentido y muchos más sentidos.

De momento nos hemos movido en los procedimientos de construcción de la historia. En el juego de los momentos dramáticos. Pero vayamos a lo más puramente formal en el cine: la construcción del plano. Vermut no busca alardes, aparentemente, de cámara, de travellings o planos que muestran el extrañamiento visual (planos picados, ángulos desnaturalizados…). No, sitúa una composición de la imagen casi inmóvil. Donde la imagen, aunque en movimiento, parece estar en un inmovilismo equilibrado: la tensión del movimiento congelado. El movimiento cristalizado en el plano, en el equilibro de la rueda, que gira en sí misma y avanza. Vermut sitúa la cámara para que el ojo del espectador juzgue, sea libre; que no despiste el alarde técnico al espectador. Pero no deja de ser una trampa del arte. Lo que da libertad ata, lo que imprime independencia absorve. El equilibrio del plano, el cristal de la imagen atrapa al espectaror. Conclusión, el algoritmo ofrece el resultado. Primer paso de la operación: jugar en el guión con el movimiento dramático. Segundo paso de la operación: hacer como que no se está condicionando al espectador con la imagen, pero se le condiciona. Condición de inclusión en el mundo de Magical Girl.

En mi opinión, las dos operaciones anteriormente señaladas son los elementos clave en la configuración del tono rítmico. No obstante, existen otra serie de elementos que, si no marginales, sí andan rondando, como si no estuvieran, pero están y conforman definitivamente el mundo de Magical Girl. El mundo de Magical Girl, que es, repito, el tiempo y el ritmo.

Uno de estos elementos es la estación del año en la que está ambientada la película. Algo que podría pasar desapercibido a una primera mirada incauta, inocente. Una estación del año que contrasta con lo sórdido de la historia. Esta es la estación de verano. Y, no sé si debe a una condición de producción, es decir, a si se rodó en verano porque era más barato o porque era lo que había, pero casualidad o no, coincide con lo que puede intuirse también en su película Diamond Flash. Y, aunque sea una cuestión de producción o no, la verdad es que contribuye en la creación de esa atmósfera extraña, absorvente y agobiante. Madrid en verano… Para el recuerdo la escena de Bárbara Lennie vestida completamente de negro, con sombrilla, al lado de una piscina.

Y hablar de Bárbara Lennie es hablar de los actores en la película. No sé si hay que recordar que esta intérprete ganó el Goya a mejor actriz por esta cinta. Bien merecido, por cierto. Pero no solo ella realiza una interpretación brillante, sino que Luis Bermejo, José Sacristán o Lucía Pollán están a un nivel extraordinario. Se me presenta Carlos Vermut como un buen director de actores también. En Diamond Flash cuenta con actores desconocidos, lejos del estrellato y cumplen satisfactoriamente, si no brillantemente, con el ejercicio artístico. ¿Qué tendrá este barbudo para exprimir así la identidad de las personas…? El caso es que la acción de todos los actores en Magical Girl nos sumerge más y más en este mundo extraño. Marcan los ritmos con sus voces, sus pausas, sus diálogos, sus caras…

En resumen, Magical Girl que es muchas cosas, como la deifinición de España, de la cultura española, como una cultura entre lo pasional y lo racional, pero es en esencia una película marcada por el ritmo. Ritmo sin prisa, con pausa, suspense, pero de creciente, de inquietante subversión de nuestro gusto como espectador.

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