Fuera de Concurso
Crítica de Cine: La fe en la montaña

La fe en la montaña

  • Título: Mimosas
  • Oliver Laxe
  • 2016
  • España

Hace poco comentaba que las dos últimas películas que había visto giraban en torno al tema de la fe. La primera de estas películas en mi cronología fílmica particular fue Mimosas de Oliver Laxe. Fue la primera que vi, pero no la primera sobre la que escribí. En cierto sentido, por el desconcierto que me generó la cinta. Una sensación de perplejidad y cierta incomprensión final. No obstante, quizás la casuística fílmica del momento me reintrodujo en el sentido aprehensor del séptimo arte. Quiero decir, al ver Silencio de Martín Scorsese, encontré un proceso de continuidad fílmica, en este archivo que va creciendo caprichosa y lentamente en mi memoria cinematográfica.

En efecto, ambas películas se sumergen en el espacio donde habita la fe. Sin embargo, las perspectivas y los procesos son diferentes. En el caso de Mimosas la fe es la búsqueda, es el encuentro de un sentido por la vida, por encontrar una razón que haga valer los actos, las decisiones, en fin, un valor significativo y, en cierta medida, trascendental. En Silencio, en cambio, se transita por la incertidumbre de la fe. Es, más bien, una peregrinación interior en un ambiente hostil.

En Mimosas se presenta una peregrinación palpable. Dentro de la tradición simbólica, el viaje, la peregrinación, representa el tránsito del héroe (personaje principal) por las adversidades vitales y su respuesta para obtener una solución y transformación vital. El cambio está implícito en el viaje, en la peregrinación. De la misma manera que en el encuentro está implícita la búsqueda. Y la peregrinación del protagonista en Mimosas acaba por suponer un encuentro, un sentido para su estar en el mundo.

Desde el punto de vista de la búsqueda de la fe y el encuentro, de la lógica del tránsito por un peregrinaje y la adquisición de un valor vital, se pueden establecer algunas recurrencias constructivas en la obra, que, inevitablemente, la insertan en la tradición artística. Por un lado, está el personaje mentor, el Virgilio dantesco, Shakib (interpretado por Shakib Ben Omar, ya presente en Todos vós sodes capitáns). Eso sí, con un cierto tono paródico. Se transcurre, por otra parte, por un camino pedregoso, marcado por las dificultades, por los desalientos. Y hay un objetivo. Objetivo, no obstante, que irá cambiando con el devenir de la obra. Como toda transfformación espiritual exige.

Mimosas narra el periplo de un personaje con el que encuentra un sentido a su vida. Se establece, así, una oposición de valores: el interés monetario y material frente al sentido trascendental y desinteresado por la vida y los demás. Tratar a lo otro como un fin y no como un medio.

Aparte del aspecto temático de la película, hay que destacar su excelente fotografía, que cautiva al espectador, a la par que lo introduce, sumerge e invita a acompañar en el peregrinaje. De esta forma, los planos fijos, con apenas movimiento, donde los personajes caminan fatigosamente contra el frío, con el peso de los bultos, nos inducen el ritmo del viaje.

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