I Edición
Crítica de Cine: Luna existencial

Luna existencial

  • Título: Moon
  • Duncan Jones
  • 2009
  • EE.UU.

Humanidad en la inmensidad. La luna como fondo en un tema de proporciones pequeñas ante el dilema de la existencia, de los conflictos internos y la soledad. Es ciencia ficción de la de antes, de la vieja guardia, aquella que nos trasladaba a lugares inalcanzables para hablar de temas humanos, esa llena de conceptos y no de abundantes toneladas de efectos especiales, sin trucos baratos ni acción redundante. Esa que al fin y al cabo es la que nos enamoró a muchos de un género fantástico en el cual quedábamos colgados del imaginario de otros mundos, mientras el mayor descubrimiento residía, no en extrañas criaturas, sino en el ser humano como especie. Moon tiene mucho de eso, de la introspección del individuo ante un universo desconocido e inmenso, que sin embargo se hace pequeño frente a las cuestiones de lo que nos hace realmente humano.

Camuflada en conspiraciones inverosímiles de dudosa ética moral, en copias y en sustituciones sin aparente alma, la odisea trazada por el debutante Duncan Jones esconde su verdadera razón de existencia en un Sam Rockwell estelar, que disemina las causas-efectos del aislamiento y la incomunicación, así como sus consecuencias en un absorbente viaje lunar de impactos emocionales. Su tempo lento y su cuidado guión, a pesar de ciertas resoluciones narrativas que pecan de inconsistencia, navegan a través de las partes del alma que intentan sobrevivir en un contexto inhóspito y donde el instinto de supervivencia entra en conflicto con la parte más humana del protagonista. Temas que retornan de otros grandes clásicos del género para llevarlas su director, el hijo de David Bowie, a su territorio y que para suerte o desgracia bebe de ellas en ocasiones descaradamente, pues particular resulta el caso de GERTY, un robot que evoca inevitablemente al recuerdo de HAL 9000, entre otras influencias y cuestiones que avivaran las memorias de los amantes a otras cintas de culto.

Su atmósfera tensa junto al peculiar magnetismo que aporta la dirección confluyen en una misma línea, alejándose de la aventura y centrándose en las inquietudes personales, permitiendo sortear las propias trampas argumentales del libreto. Es entonces, la aportación de Moon a la ciencia ficción, un potente recordatorio de aquello que en otros tiempos primaba por encima de los efectos digitales, la total dedicación a una historia de ideas de la cual resulta difícil no sentirse atrapado. Algunos frentes abiertos y las diversas interpretaciones que pueden realizarse sobre la ópera prima de Duncan Jones, terminan dando forma a una travesía con pequeños cráteres hacia su destino, pero el estimulante paseo lunar ofrecido durante sus 97 minutos compensa cualquier accidente fortuito.

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