II Edición
Crítica de Cine: La Generación X

La Generación X

  • Título: Movida del 76
  • Título Original: Dazed and Confused
  • Richard Linklater
  • 1993
  • EE.UU.

Jóvenes, aunque sobradamente preparados, a pesar del exceso de cerveza y marihuana. Esa es la síntesis del retrato de toda una generación que Richard Linklater realiza en Movida del 76 (1993), una película que captura, con casi 20 años de perspectiva, la magia de una noche veraniega cualquiera de mediados de los años 70.

En la obra de Linklater, se aprecia la existencia de varios mundos en uno, todos conviviendo en armonía gracias al cumplimiento reverencial de ciertas tradiciones que ayudan a mantener el equilibrio entre ellos y tender puentes entre sus habitantes: los jóvenes que se dirigen al instituto por primera vez; aquellos que lo abandonan rumbo a la universidad; y los que se encuentran más allá, al borde del precipicio de un futuro que nunca llega. Tras la tradicional paliza/humillación, los del último curso te invitan a salir esa misma noche con ellos, cuando aún te arde el trasero y tu autoestima se encuentra desparramada por el suelo. Es una especie de ritual que se transmite en el imaginario social de los habitantes de Austin, Texas, pero que podríamos reproducir de manera infinita en todos los lugares del mundo y, en la aparente sencillez de su ejecución, reside una de las más valiosas virtudes del film de Linklater.

Reitero la existencia de varios mundos englobados uno dentro de otro porque da la impresión de que los jóvenes que moran cada uno de ellos miran hacia delante como el que mira al espacio exterior, preguntándose constantemente qué habrá más allá, y lo cierto es que nadie tiene la respuesta. La juventud es el nihilismo por accidente, la rebeldía intrínseca de una época que se agota demasiado deprisa y lentamente a la vez, como una noche de verano. Y durante esta noche en particular, son muchos los jóvenes que lanzan preguntas al cielo y a la carretera, la mayoría de las veces no de manera literal, a excepción del personaje que interpreta una melena rizada pegada a Adam Goldberg, pero el existencialismo inquieto de cada uno de ellos se palpa en el ambiente, en la atmósfera perfectamente construida a base de situaciones aparentemente banales que, curiosamente, son las que luego llegan más lejos en la memoria.

Madres que apuntan a estudiantes con escopetas; repartidores de barriles de cerveza que llegan con una hora y media de antelación; chicos y chicas que pasan su primera madrugada fuera de casa; entrenadores de fútbol americano que se han olvidado de la esencia de la vida…si realmente existen películas cuyo reparto se sienta íntegramente coral, hasta en la aparición puntual y estelar de secundarios, esta es una de ellas. La cosa se vuelve aún más divertida cuando reconocemos entre los protagonistas a intérpretes que gozan actualmente de una fama mucho más globalizada, como es el caso de Ben Affleck, un matón cuyo par de neuronas se excitan sobremanera atemorizando y apaleando a los chicos de primer curso; Matthew McConaughey, que pronuncia aquí una de las líneas más famosas de su carrera: “alright, alright, alright”; o Milla Jovovich, que si ciertamente no habla demasiado, se exhibe como musa generacional mientras toca la guitarra entre el humo de los porros y el embrujo de la luna.

Si bien Movida del 76 va sobrada de valor por encerrar en sí misma un par de gotas de juventud eterna, también se descubre como una de las pruebas cinematográficas más evidentes para desmentir la existencia de la llamada “Generación X”, o, al menos, darle un nuevo matiz a su definición, ya que la Generación X no pertenece a ninguna época concreta, en tanto en cuanto cada época, desde la edad de piedra hasta la actual edad de Instagram, siempre ha poseído su propia Generación X, reencarnada en cada generación de jóvenes aturdidos y confundidos que ha habitado el mundo. “All I’m saying is that if I ever start referring to these as the best years of my life – remind me to kill myself” pronuncia Jason London cuando a la noche se le agota ya la oscuridad, algo así como “Si alguna vez me refiero a estos como los mejores años de mi vida, recordadme que me suicide”, desafiando ilusamente a ese principio fundamental que reza que toda época pasada fue siempre mejor, sin constatar que, probablemente, no exista una época mejor para convertirnos en lo que ahora somos y siempre seremos.

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