Fuera de Concurso
Crítica de Cine: Tras la búsqueda de la conciencia colectiva

Tras la búsqueda de la conciencia colectiva

  • Título: Muerte de un ciclista
  • Juan Antonio Bardem
  • 1955
  • España

Los límites ideológicos del franquismo condicionaban lo que se consideraba como permisible o inadmisible en el campo de la cultura y el arte. La censura era el proceso ejecutor y limitador de la libertad creadora y crítica. Es, por eso, que el ingenio, la ironía y la astucia fueron los ingredientes necesarios en casi toda obra que mostrase un atisbo de atentar contra los valores patrios, contra la cruzada espiritual de occidente o, en definitiva, contra el orden moral de unos pocos.

El ingenio es condición ineludible de todo proceso creativo, pero si los límites impuestos son constrictores, este aprovecha y agudiza todo su valor para mostrar veladamente o de forma manifiesta, pero sutil, todos aquellos temas que inquietan al poder por ser inadmisibles o por ser evidentes defectos del mismo. Así, el verso 20 del Poema de mio Cid cobra diferentes significados según quien lo diga y a quien: “¡Dios, que buen vassalo! ¡Si oviesse buen señor!” (en román paladino de hoy: “¡Dios que buen vasallo! ¡Si tuviese buen señor!”).

De la misma forma, en la primera película en solitario de Juan Antonio Bardem, Felices pascuas (1954), importa mucho quien dice las palabras “solidaridad” y “equitativo”. Estas palabras son expresadas por el padre de familia a sus hijos, que no superan los 7 años de edad. Mediante un muy sutil, pero evidente, proceso de enfatización y marcación velada de la cuestión clave, Juan Antonio Bardem resalta el valor de estas palabras. Esto es, como los niños son niños, se quedan perplejos ante estas palabras y responden a su padre con “equitaque…” o “solidarique…”. Es curioso que dicho proceso solos suceda con estas palabras en la película. Y, desde luego, no es fruto de la casualidad. El padre responde con la palabra e intenta explicarla… No era fácil explicar la equidad en el franquismo…

En Muerte de un ciclista Juan Antonio Bardem agudiza el ingenio para tratar el tema de la conciencia colectiva y de paso establecer relaciones sutiles con la Guerra Civil. El tratamiento temático de la Guerra Civil ya estaba definido cinematográficamente por la película Raza (1941) del guionista Jaime de Andrade, seudónimo de Francisco Franco. Película de factura en cuanto a producción formidable, película de factura en cuanto a guión infumable. La película Raza fija los límites interpretativos del conflicto civil español bajo los imperativos de la dictadura franquista. El elemento unificador de la película es la categoría de raza; categoría insustancial. El film, dirigido por Sáenz de Heredia, es una justificación del estamento militar como salvador de la patria. Influido el estamento militar por un espíritu revelador y enérgico: la raza.

Bajo estos límites interpretativos de la Guerra Civil, se puede comprender como su tratamiento temático debía realizarse en unas condiciones de velada y patente exposición –simultaneidad aparentemente contradictoria–. Por ello, Juan Antonio Bardem articula su película de forma sutil e ingeniosa para ir desarrollando el tema del paso de la conciencia individual a la conciencia colectiva. Una conciencia individual encerrada en los remordimientos de sus crímenes, en el egoísmo y en la procura de su salvación. Para más tarde recibir un golpe de realidad que le revela su condición y le revela el poder y la justicia de la conciencia colectiva.

La película está narrada con una grámatica cinematográfica precisa, donde las transiciones y los vínculos entre planos acompañan la descripción social de los personajes, así como su desarrollo psicológico en el descubrimiento de su identidad y en la reafirmación de la misma. La película comienza con el hecho que el propio título indica. Una pareja atropella a un ciclista. Su relación es secreta y deben mantenerla así. Comienza el debate moral. Comienza el conflicto entre los personajes principales. ¿Volcarse en su conciencia individual, salvando su identidad y su relación o reconocer su crimen…?

Las siguientes secuencias están narradas en un estilo dual pero único. Los personajes, María y Juan, se han separado. Cada uno convive con su espacio. Ella en una fiesta de la alta burguesía. Él en la soledad de su casa, apenas quebrantada por la compañía de su madre. La angustia se expresa en dos espacios diferenciados: el social y el individual. Es curioso, pero quien comienza reteniendo su angustia en el espacio social no experimentará la conciencia colectiva. Sin embargo, quien inicia su trabajo de duelo, de angustia en el plano individual, sí acabará desarrollando la experiencia de la conciencia colectiva.

Y este hecho tiene un momento crucial en la película, al menos para mí. Es esa secuencia en la que la estudiante con la que Juan cometió una injusticia casi involuntaria (Juan es profesor unversitario) se acerca a reclamar el porqué de su suspenso. La escena sucede en una sala con una larga mesa de juntas. Juan en el extremo final de la mesa, ensimismado, preocupado por su sí mismo, por su situación amorosa y moral. La estudiante entra. Un plano con una larga profundidad de campo. La estudiante se acerca poco a poco exponiendo sus dudas, expresando la injusticia. La larga profundida de campo se mantiene. La distancia entre la conciencia individual y colectiva expresada en un plano con una profundida de campo extensa. No obstante, disipada, a la vez que se mantiene, por el acercamiento de la estudiante y por el inicio del cambio en la conciencia de Juan.

Si el buen lector y el buen escritor se forma con las buenas lecturas, el buen cinéfilo y el buen director se forma con el visionado de las buenas películas. Con buenas lecturas o con buenas películas me refiero a que la construcción de la trama está articulada con unas técnicas narrativas que potencian la estructura lógica de la historia. Es decir, no importa tanto lo que se está contando, sino el proceso de composición y disposición de las partes. En Muerte de un ciclista, Juan Antonio Bardem emplea los recursos de la narrativa cinematográfica para potenciar estas tensiones: la angustia por el crimen, por la relación amorosa secreta y, definitivamente, por el paso de la conciencia individual a la colectiva.

Todo ello infringiendo velada y manifiestamente los límites morales del franquismo. Pues, las posibilidades interpretativas de la Guerra Civil estaban fijadas por Raza y, consecuentemente, las interpretaciones posibles de la sociedad resultante. Fuera de aristocracias mesiánicas, fuera de florilegios a la clase social dominantes, Juan Antonio Bardem narra un conflicto social. Conflicto que resuelve, empero, en los límites morales de la época. El suicidio es imposible; el nacional catolicismo manda. Solución: homicidio y accidente. Sentido trágico para la conciencia colectiva.

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