Fuera de Concurso
Crítica de Cine: El arcoiris de la alegría

El arcoiris de la alegría

  • Título: No
  • Pablo Larraín
  • 2012
  • Chile

En 1988 y después de 15 años de dictadura tras el golpe de estado militar encabezado por Augusto Pinochet, Chile tenía la oportunidad de decidir y decidía el futuro de su país. Las presiones internas de la oposición a la dictadura y las presiones externas de la escena política internacional obligaron a la Junta Militar, principal órgano de gobierno chileno, a organizar un plebiscito en el que el pueblo de Chile elegiría entre la pervivencia de Pinochet como jefe del estado (la Junta Militar tenía la desfachatez de llamar república a la forma de gobierno que instauró) y la posibilidad de una transición hacia la democracia. Las presiones internacionales se agudizaron, sobre todo, por los actos de lesa humanidad ejercidos por la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional). Hechos que constataron un terrorismo de estado nacional e internacional. En resumen, a Estados Unidos, Pinochet le había salido rana. Al menos en lo que se refiere al respeto de los derechos civiles y humanos. En lo que se refiere a las políticas económicas fue un alumno avanzado. Para completar el conocimiento sobre la injerencia de los Estados Unidos en el golpe militar y en la política chilena recomiendo el libro Los archivos secretos de Pinochet, de Peter Kronbuhl. En fin, ante el plebiscito organizado, se encorsetó un campaña televisiva a favor del sí y del no. Cada una de las opciones disponía de 15 minutos televisivos al día para exponer sus razones y pedir el voto.

Situados históricamente nos acercamos a la película No de Pablo Larraín. El film comienza con una exposición de las condiciones históricas. Hojas de papel pasan en pantalla explicando la situación. Acto seguido aparece el título de la película, No. Este procedimiento narrativo ya nos presenta la posición ideológica del autor. Pero la ironía y la ruptura de expectativas que siguen nos sitúan en el tono  narrativo y atmosférico que se desarrolla en el film.

Un primer plano cerrado, un discurso optimista, con visión de futuro, un discurso que podría estar en armonía con la realidad política narrada en la película. El plano se abre, la situación se quiebra. No, esto no es política, esto es publicidad. La película cuenta como un creador publicitario se ve implicado en la campaña a favor del no. No a Pinochet.

La realidad política chilena estaba condicionada por los delitos de lesa humanidad cometidos por la DINA y los militares, con permiso de la Junta Militar y, en definitiva, por el jefe del estado: Augusto Pinochet. La Democracia Cristiana, el Partido Socialista, el Partido Comunista, el movimiento Mapuche, daba igual la posición política que se representase o en la que uno estuviese implicado, las desapariciones, encarcelamiento y torturas afectaron a todas las partes del espectro democrático chileno. Es comprensible, entonces, que los dirigentes políticos, afectados por estas atrocidades, prefiriesen crear una campaña informativa y publicitaria seria, rigurosa, fría, expositiva de las atrocidades y las injusticias.

Pero el lenguaje audiovisual y publicitario se rige por otros patrones. Se rige por la generación de emociones positivas en el espectador, en el público objetivo al que está destinado el producto. Surgen, así, las tensiones. Las tensiones entre la seriedad del lenguaje político y la diversión, la alegría, la llamada irracional, emotiva y primaria de la publicidad.

No es la reconstrucción, la narración, a forma de testimonio con ironía, con disputas, del desarrollo de la campaña del no a Pinochet. Es también una reflexión sobre la banalización del discurso político, sobre la primacía del lenguaje audiovisual publicitario en la sociedad contemporánea. Es una mirada que analiza, contempla y disecciona las contradicciones de un discurso político. Discurso político necesario, pero supeditado a los intereses y procedimientos del lenguaje publicitario.

En la técnica narrativa empleada, en un primer momento, se puede percibir un cierto descuido en el encuadre, en el tratamiento lumínico, en el enfoque. Sin embargo, a medida que avanza la película se puede comprobar que en realidad está todo medido, casi como si fuese un spot publicitario, donde nada queda al azar. El tono narrativo de testimonio, de casi pseudodocumental se adecúa al descuido de la cámara en mano, al encuadre y al enfoque extraño. Por otra parte, se reproduce fielmente la fotografía empleada a finales de los años ochenta.

Pero, sin duda, el elemento más perturbador y que cobra sentido con el avance de la película, con la adecuación al hecho histórico de la campaña del no, es el tratamiento lumínico y el enfoque. La campaña publicitaria del no optó por el icono del arcoiris para apelar a la alegría del Chile que venía, del Chile del no más Pinochet. Por eso, cuando la luz perfila a los personajes, en un aparente descuido, y presenta una tonalidad cromática diáfana que se corresponde con los colores que componen la luz blanca, todo empieza a tener sentido. El arcoiris perfila el ambiente, perfila a los personajes, crea la atmósfera, que no de descuido, sino de un acertadísimo recurso técnico para recrear la época y para enfatizar el mensaje. Los personajes están iluminados, están dibujados, por la alegría del arcoiris, por la alegría de decidir, de echar a Pinochet.

No es una película que aborda un tema histórico. Este tipo de películas suelen optar por la sobriedad formal, por un estilo academicista que respeta la entidad del hecho. Prevalece el contenido sobre la forma. En No el mensaje es la forma, la forma es el mensaje. ¿No es así en publicidad? El fragmentarismo inicial, con secuencias breves, elipsis y discontinuidad temporal y espacial le ofrece a la película el carácter de estar en construcción, de estar formando el recuerdo. La fotografía reminiscente de la época nos transporta a un tiempo. La opción de aproximación pseudodocumental nos lleva a la reconstrucción, al testimonio de un momento. Y la luz, la luz nos lleva a la alegría, pero también a la ironía. No es una película que no descuida la forma, pues su forma es su mensaje. Y con su forma su mensaje es múltiple, ambiguo, circular y cerrado.

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