II Edición
Crítica de Cine: Preguntas sobre la persona y el artista

Preguntas sobre la persona y el artista

  • Título: Oleg y las raras artes
  • Andrés Duque
  • 2016
  • España

Pasos sinuosos realizados por el único autorizado a tocar el piano que custodia el museo Hermitage de San Petersburgo, y que ya perteneció al zar Nicolás II, sirven de metáfora para exponer y describir los pensamientos de una persona genial y rara a partes iguales. Pasos sinuosos que recorren en un ejercicio de sincronía los pensamientos e ideales de Oleg Karavaichuk y las estancias del museo Hermitage de San Petersburgo, que junto a Komarovo, pueblo en el que reside, conforman los escenarios sobre los cuales se desarrolla la declaración de intenciones de Andrés Duque para con Oleg Karavaichuk y los espectadores del documental Oleg y las raras artes. Porque este título hace honor al documental, desnuda a la persona despojándola del peso del artista; y expone las divagaciones de una persona rara y asombrosa. O podríamos decir asombrosamente rara…

El retrato que Andrés Duque hace de Oleg Karavaichuk, músico de 89 años y figura enigmática y desconocida para la cultura rusa y la cultura internacional, muestra el proceso creativo de un artista y persona inclasificable. Y por esto mismo podríamos decir un artista y persona libre. Porque en la figura de Oleg Karavaichuk resulta muy difícil separar al artista de la persona, pues forman parte de una asociación creada o impuesta por el azar y/o el destino. Pero Andrés Duque lo consigue, no sin antes plantearnos nuevas preguntas y enigmas resultantes de esa separación o escisión. Donde Oleg Karavaichuk desafía con su arte a las circunstancias pasadas y presentes transformándose y reinventándose a cada instante, así como desafía al propio director y a los espectadores. Pues estamos acostumbrados a contemplar al artista como un ser humano excepcional cuyo extraño poder lo coloca muy por encima del común de la especie. Ser venerado y envidiado parece el destino inevitable del que es capaz de crear grandes obras de arte. En el caso de Oleg Karavaichuk tenemos que volver a replantearnos estos estereotipos tan enraizados. Su aparente fragilidad choca directamente con algunas de sus posiciones ideológicas, y con algunos de sus actos. Su inexpresividad corporal colisiona con su expresividad artística. Cuando acaricia el piano despierta una bestia sublime y aterradora, y se manifiesta la catarsis artística. Consigue que el espectador reaccione ante lo que late bajo su obra, estableciendo una identificación a nivel psíquico resguardada en las necesidades instintivas y la fantasía. Donde el arte actúa como una especie de terapia, pero no sólo para el individuo que contempla la obra, a modo de gratificación inconsciente a los deseos reprimidos, sino también para el artista, que al proporcionar el camino para que el público conozca el alivio y consuelo de ciertas tensiones psíquicas, cuenta con su gratitud y admiración, logrando satisfacer sus necesidades instintivas. Eso es lo que intenta expresarnos Oleg Karavaichuk al aceptar la propuesta de Andrés Duque. Busca el alivio de sus tensiones psíquicas impenetrables, fruto de una vida llena de un hermetismo producto de la sociedad, la persona y las circunstancias. Un hermetismo lleno de grandes historias, esperando a ser oídas o a que el guardián que las custodia acepte contarlas.

El documental Oleg y las raras artes se vuelve tan enigmático como el personaje sobre el cual gira la historia. Oleg Karavaichuk crea una atmósfera que impregna hasta el último rincón de la pieza. Despertando un sentimiento de reencuentro con la búsqueda, de ilusión por la novedad. Cuando piensas que ya nada te puede sorprender, aparece un Oleg que despierta la curiosidad por la heterogeneidad y singularidad del ser humano.

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