II Edición
Crítica de Cine: “Benditos sean los olvidadizos, pues olvidan incluso sus propios errores”

“Benditos sean los olvidadizos, pues olvidan incluso sus propios errores”

  • Título: Olvídate de mí
  • Título Original: Eternal Sunshine of the Spotless Mind
  • Michel Gondry
  • 2004
  • EE.UU.

Una agradecida no sobreactuada interpretación de Jim Carrey (Joel), y Kate Winslet (Clementine) en uno de sus mejores papeles, encabezan el reparto de este drama indie, Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Eterno resplandor de una mente inmaculada), frase extraída de un poema de Alexander Pope. El título, ya de por sí resulta esclarecedor; su versión española, algo menos poética: Olvidate de mí, un intento sin duda, de acercarla a un público más comercial. Pero lo cierto es que esta no es una película apta para todo el mundo. Si bien todos podemos empatizar con facilidad con cualquiera de los personajes, el guion de Charlie Kaufman (Conociendo a John Malkovich) es tan descaradamente sincero que molesta. De hecho, la primera vez que vi esta película no me convenció. Me dejó con un sabor amargo y una indescriptible sensación de desazón. Años después, con varios visionados y la madurez que otorga el paso del tiempo, me sigue resultando igual de desgarradora, pero mucho más brillante. Sin duda, estamos ante uno de los mejores guiones del cine reciente, con diálogos profundos e inteligentes; sutiles pero de una fuerte carga emocional. Y cualquier historia que logre incomodar al espectador sin caer en lo sórdido o lo vulgar merece, a mi parecer, un tremendo respeto.

¿Pero qué tema es este que consigue afectarnos con tal intensidad?, os estaréis preguntado. Pues el amor, claro. Ese sentimiento capaz de sacar lo mejor y lo peor de las personas. A veces al mismo tiempo. Olvídate de mí aborda este tema, tan manido y usualmente superficialmente tratado, desde una complejidad nunca vista. Una riqueza de matices exquisita, sostenida por unas impecables interpretaciones (completando el reparto vale la pena mencionar a una siempre acertada Kirsten Dunst) y un guion sólido.

Michel Gondry dirige esta historia, la cual nos ofrece una peculiar alternativa al proceso de duelo a partir de una novedosa técnica científica que permite borrar nuestros recuerdos.

Todos los personajes de la trama sufren de desamor, o de amor “de ese que duele”, de aquel que se ha ido malogrando y desgastando con la dichosa rutina  y el azaroso devenir de la vida, que une caminos con la misma facilidad que los separa. Y todos ellos, parecen no poder resistirse a esta reconfortante vía de escape. Todos salvo Joel (Jim Carrey), quien en un primer momento actúa movido desde el despecho, pero que es incapaz finalmente, de eliminar por completo de su vida a quien por tanto tiempo fue una parte primordial de esta. Joel prefiere convivir con su dolor a erradicar lo que a día de hoy es, inevitablemente, una parte de sí mismo. En definitiva, y citando a una de mis película preferidas, “Somos el resultado de la suma de todos los momentos de nuestra vida” (Antes del atardecer, 2004).

Cabe destacar en su ámbito formal, un marcado tono onírico, que se manifiesta literal y metafóricamente. Argumentalmente, la fase REM es la utilizada para llevar a cabo el proceso de borrado de memoria. Estéticamente, a través de escenarios mágicos, planos cortantes e inconexos, personajes que aparecen y desaparecen, y tiempo alineal. Y esta no linealidad es la que muestra con un especial encanto las distintas fases de una relación: la excitación de los primeros momentos, la magia de conocer en profundidad a alguien con quien conectas, el dolor proveniente de los rencores y rencillas que van surgiendo inevitablemente con el paso del tiempo, y la resignación, seguida de tristeza, por el final que se aproxima y finalmente llega un día cualquiera.

Olvídate de mí. Una película para pararse a pensar. Una película para ver más de una vez.

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