II Edición
Crítica de Cine: La cara simpática de la nostalgia

La cara simpática de la nostalgia

  • Título: Operación U.N.C.L.E.
  • Título Original: The Man from U.N.CL.E.
  • Guy Ritchie
  • 2015
  • EE.UU.

Si quieres ser testigo de un viaje en el tiempo a una historia de espías de los años sesenta este es el título. Una coreografía de diálogos con un sólido pellizco de sentido del humor ofrece un homenaje a las cintas de la época. Desde la secuencia de apertura se establece un velo de complicidad con aquel espectador que se define por ser un firme admirador de los inicios de 007 y que presenta la cara más simpática de la nostalgia acerca de las películas artesanales de espionaje.

Resulta irremediable revivir el recuerdo de las primeras entregas de James Bond, donde los malos derrochaban lujo y sofisticación y era de obligado cumplimiento que los buenos fuesen saliendo indemnes de todas las encrucijadas, no sin las dificultades propias. El guión propone un viaje por diversas localizaciones europeas al más puro estilo de novela negra y agentes de inteligencia con dudoso pero siempre único código de honor. Inmejorable la labor de ambientación que transporta al espectador a una era de férreas fronteras entre naciones.

Para Henry Cavill (El hombre de acero) uno de los papeles que hasta el momento mejor le han permitido explorar las cualidades intrínsecas de sus orígenes, su porte de gentleman inglés. Para Alicia Vikander (La chica danesa) una oportunidad bien aprovechada de mostrar que la chica buena puede explotar sus aptitudes y representar la antítesis de mujer explosiva, rompiendo así el prototipo de la exuberancia como ideal de atractivo femenino. Si hablamos de Armie Hammer (Mirror, Mirror), bien defendidos los rasgos de agente soviético frío e implacable con el toque justo de debilidad que deja entrever su humanidad.

Un elenco respaldado por Hugh Grant. Bravo por el eterno indeciso de Notting Hill, por aceptar un rol propio de los años que va cumpliendo y que cuenta ya con cincuenta y cinco primaveras. Hay que agradecerle que no resulte uno de esos actores que se resisten a aceptar el paso del tiempo y que se aferran en defender personajes a los que llevan veinte años de desventaja y de los cuales no consiguen más que un constante recordatorio de lo inevitable del tic tac del reloj.

Limpieza en la ejecución de los efectos especiales, sin malabares innecesarios y que en la mayoría de las películas actuales luchan por convertirse en el protagonista principal en lugar de servir a la causa y propósito del argumento. En este sentido un trabajo bien ejecutado que logra contribuir a esa sensación de film clásico, anterior a la carrera de suma y sigue a ver cuántas acciones novedosas pueden caber en un largometraje.

Toda una oda a una época analógica, con sus encantadoras desventajas y anhelos de cuando la privacidad no estaba en tela de juicio de forma permanente. Un tradicional pulso entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría y con los desafíos que presentaba el telón de acero.

Excelente uso de la utilización de la luz sobre todo en los primeros planos que, junto a las pausas, consiguen un efecto dramático al servicio de la trama. Al igual que las melodías, que en cada acorde refuerzan esa idea de estar ante un relato más que veterano.

De la mano del cineasta británico Guy Ritchie, a quien hay que reconocerle su afición a dirigir historias detectivescas, esta adaptación cinematográfica de una serie de televisión estadounidense de los años sesenta cuenta con las composiciones musicales del también nacido en el Reino Unido Daniel Pemberton, nominado a un Globo de Oro a la mejor banda sonora por el film Steve Jobs.

La cinta cumple su propósito, entretener y entretener. Tan sólo hay que dejarse llevar por el lance que no defrauda porque no persigue giros inesperados jamás nunca vistos. A veces no está de más saber lo que ocurrirá en la siguiente escena y poder disfrutar así de cada fotograma, en lugar de devanarse la mente intentando seguir un guión enrevesado y repleto de falsas pistas. Quizá sería mejor más argumentos con un formato claro, relatados cual artista que crea una sólida pieza con elementos probados por su eficaz resultado.

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