Fuera de Concurso
Crítica de Cine: Pequeñas voces a grandes gritos

Pequeñas voces a grandes gritos

  • Título: Pequeñas voces
  • Oscar Andrade, Jairo Eduardo Carrillo
  • 2010
  • Colombia

Los colombianos siempre decimos y repetimos lo aburridos que estamos de que estrenen películas que tratan sobre el conflicto armado, sobre narcotráfico, prostitutas, guerrilleros y sicarios, pero es que ya tenemos tan cerrada la mentalidad y tan arraigada esa idea que no nos damos cuenta de que los tiempos han cambiado, por ejemplo: en 2011, la mayoría de películas que se estrenaron no fueron sobre eso: Cuarenta, Karen llora en un bus, Lecciones para un beso, La vida era en serio, Poker, El jefe… incluso Saluda al diablo de mi parte y El páramo que, aunque la rodean, tampoco tienen esa temática central. Y con el pasar del tiempo vemos más y más cine, de otros géneros y con otras temáticas, producido en este país (Colombia), así como la recién nominada al premio de la Academia: El Abrazo de la serpiente.

Y aunque si, tal vez también ha habido un par de producciones cuyo tema fue algo cercano a eso, no fueron producciones para quejarse y decir “¡Vaya, que mala película!”, como sí lo fueron otras que no merecían los 1.189.607 espectadores que asistieron y que no tenían nada que ver con ello. Pequeñas voces es la principal película a la que me refiero con esto, pues sí tiene que ver con el conflicto armado, incluso hasta ser catalogada como cine documental, pero he de confesar: ¡Qué magnífica producción!

Creo que mi punto de vista no es el único que califica esta película como una de las mejores producciones colombianas —en cuanto a técnica, realización e historia—; en realidad son cuatro historias paralelas que ocurren en un mismo sitio y son relatadas por los niños reales cuya experiencia fue la inspiración para esta película. Cuatro niños se ven envueltos en el conflicto y son desplazados con sus familias; uno de ellos tiene que abandonar a sus perritos al irse a la ciudad, otro es reclutado por la guerrilla y obligado a portar un arma, otro pierde un brazo y una pierna debido a una mina y a la cuarta niña se le llevan al padre cuyo destino es desconocido. A pesar de su poca acogida en las salas de cine colombiano (únicamente 10.000 espectadores), ninguna de las personas que conozco y tuvo la oportunidad de verla en la pantalla grande salió decepcionada; en cambio, a todos les encantó; incluso puedo arriesgarme a decir que de haber tenido más tiempo en cartelera, ese número de espectadores habría ido aumentando progresivamente, ya que cada persona que salía —incluyéndome— la recomendaba con entusiasmo, pero esa no es una opción en esta industria en la que se requiere velocidad y otro tipo de publicidad más que el “voz a voz”. Incluso para los niños habría sido una bonita experiencia, pero lastimosamente solo tuvo una corta semana en cartelera de la mayoría de cinemas, mientras otros la mantuvieron un tiempo más (en una única función, tipo 9 p.m.); eso porque la mayoría de colombianos no están dispuestos a pagar 3.000 o 5.000 pesos más en su boleta de cine, ya que es una producción 3D.

Como el mismo director menciona, nada de lo que se hizo en la producción fue al azar. Por ejemplo, la película está realizada con los mismos dibujos de los niños que hablan en ella y dan su testimonio de vida; ellos, con sus propias manos y sus propias voces, cuentan la historia,  ya que la película quiere mostrar su punto de vista y su experiencia en todas sus formas; los personajes dibujados no tienen una voz propia, pues eso los habría sacado un poco de la realidad e incluido un poco de la ficción; que tengan, en cambio, tarareos, risas y balbuceos la hace aún más conmovedora y eficiente, no nos distrae con diálogos innecesarios sino que nos permite disfrutar las imágenes y la narración de los pequeños. Pero además de ser bella y conmovedora, también es cruda y triste; al iniciar la película uno está feliz comentando con sus acompañantes lo excelente que se ve el 3D, lo tiernos que son los dibujos, lo hermoso, lo chistoso, lo fascinante, lo hilarante… pero llega un momento —justo cuando disparan a un niño que se partió una pierna y no pudo seguir con el entrenamiento militar de la guerrilla—, que quedamos en silencio y con un sabor amargo en la boca, desde ese punto se deja de comentar tan alegremente la película y la única opción que queda es mirar sin hablar.

Ojalá todos tengan la oportunidad de ver esta película en algún momento, pues en realidad no solo nos emociona y entretiene, sino que los niños nos enseñan valores que hemos olvidado; algo tan sencillo como la felicidad, el perdón y la nobleza… nunca dejan de creer, no importa lo que pase, nos hacen luchar por ellos… son pequeñas voces a grandes gritos.

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