I Edición
Crítica de Cine: Un talento terrorífico

Un talento terrorífico

  • Título: Posesión infernal
  • Título Original: The Evil Dead
  • Sam Raimi
  • 1981
  • EE.UU.

Yo odiaba las películas de terror hasta que descubrí el cine de los 80. Ese aroma a experimentación cinematográfica, a bajo presupuesto, a obra de culto camuflada bajo la apariencia de una película de clase B, me enamoró casi de manera instantánea. No es fácil adentrarse de lleno en un género que se encuentra maltratado en la actualidad a base de alargar sagas destinadas al público adolescente sediento de sustos efectistas y entretenimiento vacuo, pero de la mano de maestros como John Carpenter (La cosa, 1982) o David Cronenberg (La mosca, 1986), uno empieza a apreciar ese mundo sobrenatural que abre sus puertas de manera generosa a aquellos directores con el talento suficiente como para traer a la gran pantalla los secretos más terroríficos que tras ellas se esconden. Y ese es el caso de Sam Raimi y su ópera prima: Posesión infernal.

Realmente, Posesión infernal fue el resultado de convertir en largometraje uno de los primeros cortos que realizó el director, titulado Within the Woods. Sorprende que el resultado final, proyectado posteriormente en importantes festivales como Cannes o Sitges en 1982, estuviese realizado con un presupuesto bajísimo, lo que conllevó al uso de técnicas y efectos bastante rudimentarios durante su rodaje, hasta el punto de que, para conseguir las sorprendentes tomas en las que el mal se arrastra entre la niebla del bosque, tuvieron que atar la cámara a un tablón de madera y correr con él en peso. Toda una muestra de ingenio.

El argumento de Posesión Infernal, repetido hasta la saciedad en numerosas películas que lo han tomado posteriormente como referente, narra la historia de un grupo de cinco adolescentes que, ingenuamente, se adentran en lo más profundo de un tenebroso bosque para pasar unos días en una cabaña que, bueno, por decirlo de algún modo, no aparece de las primeras en las búsquedas de hoteles de aquella zona perdida de Tennessee.

Lo que nuestros crédulos protagonistas descubrirán allí, desatará una serie de escalofriantes acontecimientos, en los que el mal comenzará a invadir uno por uno los cuerpos de los adolescentes, desatando una sangrienta vesania.

Seguramente los efectos especiales hayan envejecido algo mal después de tanto tiempo, pero teniendo en cuenta que fueron realizados de manera artesanal por los propios realizadores del film, no son, ni mucho menos, motivo de vergüenza. La caracterización de los poseídos, la sangre derramándose a borbotones, las descuartizaciones, y demás efectos sanguinolentos están muy bien conseguidos si tenemos en cuenta la escasez de medios que comentábamos anteriormente. Destacaría la técnica de stop motion utilizada en una de las escenas más impactantes y perturbadoras de la cinta, en la que una chica es atacada por los propios árboles del bosque, cuyas ramas se enroscan alrededor de sus brazos y piernas como si de serpientes hambrientas se tratase.

Es en medio de esta vorágine de cuerpos poseídos y demencia diabólica, donde aparece nuestro héroe Ash, protagonizado por un jovencísimo Bruce Campbell. El joven, desesperado e histérico, comenzará a plantar cara a los entes malévolos que no permitirán que nadie abandone el bosque con vida.

Sigue dándome escalofríos lo excepcionalmente bien que se mueve la cámara de Sam Raimi a través de las sombras que acechan la cabaña; los planos arriesgados que consigue al colocarse en ángulos bastante inusuales, como dentro de una tumba, o debajo de una escalera; provocando que el espectador sienta la necesidad de apartar la vista de la pantalla por un momento, no vaya ser que el corazón se salga por la boca al bombear sangre a tanta velocidad. Una muestra más de que el talento siempre consigue abrirse paso a pesar de las dificultades que se interpongan por el camino.

Adéntrense en el bosque, visiten el terror de los 80, déjense llevar por los efectos cutres y el talento puro, el mal los espera, bajo la espesura de las hojas de este lugar maldito.

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