I Edición
Crítica de Cine: Roma: Un buddy film antes de Cristo

Roma: Un buddy film antes de Cristo

  • Título: Roma
  • Título Original: Rome
  • John Milius, William Macdonald, Bruno Heller
  • 2005
  • EE.UU.

Es un fenómeno indiscutible que con las decrecientes aptitudes que ofrece el panorama cinematográfico reciente, más gente haya optado por buscar la calidad audiovisual en el terreno televisivo. Breaking Bad, The Bing Bang Theory, Perdidos, Juego de tronos, True Detective, The Walking Dead, etc. Muchos son los títulos de series de televisión que los fans sacarán a colación para defender como su obra favorita. En internet se suceden homenajes, parodias y debates acerca de ellas, por la calle se pueden ver piezas de merchandising que los aficionados ostentan orgullosos esperando reacciones cómplices. Resulta difícil no conocerlas, y si no estás al día acerca de ellas, es probable que te veas condenado al ostracismo en más de una conversación con tus “colegas”.

Por ello conviene reivindicar algunas series que, a pesar de su reconocida calidad y de contar con un grupo de fieles defensores, han sido ignoradas por el gran público. Es el caso de Roma, una producción de HBO (de quién si no) creada por John Milius (director de Conan, el bárbaro y co-guionista de Apocalypse Now), William J. MacDonald y Bruno Heller.

Este serial se emitió entre 2005 y 2007 y, a diferencia de otras obras coetáneas, no ha gozado del resurgimiento tardío en el imaginario colectivo, ni del unánime apoyo crítico póstumo, como ha ocurrido con Los Soprano o The Wire. No se trata de comparar ni de elegir cuál es mejor, pero sí reclamar algo de atención hacia un producto que hace 10 años ya nos deleitaba con algunas de las características que hoy vemos en nuestras series de culto.

La historia nos transporta al convulso periodo político que transformó la República en el Imperio Romano. Roma es la mayor ciudad del mundo, y en ella se hacinan personas de diferentes religiones y culturas. El poder es un bien ansiado y por él pelean personajes históricos como Julio César, Marco Antonio, Cicerón, Cleopatra u Octavio. Si bien los guionistas se tomaron las necesarias licencias al modificar detalles y fechas, la recreación histórica es de una fidelidad inesperada en un producto hollywoodense. Siendo especial el acierto al contrastar la inmundicia y el caos en que viven las clases populares, con la vida de excesos, opulencia y maquinaciones de la nobleza.

El elemento vertebrador de la trama es la relación de enemistad, luego amistad, luego enemistad, luego amistad… entre Lucio Voreno y Tito Pullo. Centurión el primero y legionario el segundo, aunque toda su historia es ficticia, están basados en dos personajes reales que Julio César mencionó en sus Comentarios sobre la guerra de las Galias. Ambos personajes se verán involucrados en acontecimientos históricos clave, poniendo a prueba su lealtad y sus propios principios morales. La serie gana mucho al contar con dos protagonistas rebosantes de carisma que saben que no son dueños de sus destinos. Deberán sobreponerse a crueles infortunios y bailar en manos de entes más poderosos que ellos, lo que les llevará a situaciones límite que contribuyen bastante a conseguir la empatía del espectador.

Como todo gran show catódico, Roma es una obra que rebosa entretenimiento. Se trata de una serie muy divertida de ver, sin dejar por ello de ser compleja, con un considerable cuidado por el detalle y la coherencia de los personajes. Todo aficionado que actualmente se sienta deslumbrado por las historias de los Lannister, Stark y demás habitantes de Poniente, debería saber que años antes, las puñaladas traperas, los complots, el sexo y la violencia descarnada ya eran sellos de identidad en Roma.

Cualquier alabanza a la factura técnica se quedaría corta, pues haciendo honor a la fama del canal Home Box Office, estamos ante un espectáculo mayúsculo visualmente. No en vano, los productores no escatimaron en gastos y hoy en día sigue siendo una de las series más costosas de la historia. Los impresionantes planos generales en el foro romano, el Collegium Aventinum o las escenas en Egipto dan fe de ello, alejándose de las idealizadas imágenes de los péplum del Hollywood clásico, para enseñarnos urbes decadentes y sucias.

En cuanto al equipo artístico, el reparto está lleno de caras relativamente desconocidas, que en casi todos los casos alcanzaron aquí las mayores cotas de sus carreras. Destacan en los roles principales la presencia y energía de Kevin McKidd (en su único trabajo de importancia aparte de Trainspotting) y Ray Stevenson (desde entonces actor frecuente en el cine de acción norteamericano). Sin olvidar al siempre estupendo Ciarán Hinds como Julio César, a un sorprendente James Purefoy como Marco Antonio y a Polly Walker encarnando a la ponzoñosa Atia.

En definitiva, estamos ante un material que, si bien no perfecto, es de obligado visionado para todo aquel que se considere amante de las series. Como se decía en latín: “Questa seriae cojonuta est”.

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