I Edición
Crítica de Cine: La languidez de Pacino

La languidez de Pacino

  • Título: Señor Manglehorn
  • Título Original: Manglehorn
  • David Gordon Green
  • 2014
  • EE.UU.

Hubo un tiempo en el que Al Pacino era un referente tanto de calidad como de taquilla. Como le ha pasado a tantos otros (incluido su eterno antagonista Robert De Niro), los años han hecho mella y así como su talento sigue siendo el mismo (otra cosa es que lo saque a relucir), los papeles que elige ya ninguna relación guardan con aquel Michael Corleone que quedó para la posteridad.

Dada dicha escasez de ofertas, es difícil verle llenando las marquesinas actualmente. Por eso, cuando se ve inmerso en un proyecto atractivo, lo más normal es que pase desapercibido a los ojos del público. Señor Manglehorn a priori no lo es: la historia de un tipo mayor, cascarrabias y atormentado por el amor que no pudo ser es un género en sí mismo. Existen referencias muy recientes como la divertida St. Vincent (Theodore Melfi, 2014) o casi cualquiera de las últimas películas de Jack Nicholson. Pero cuando el film está dirigido por uno de los autores más personales del cine alternativo reciente, se merece la debida atención.

David Gordon Green tiene un extenso currículum, plagado de títulos desconocidos en España pero que brillan con luz propia en los festivales de medio mundo. En 2013 tuvo dos estrenos: por un lado la maravillosa Prince Avalanche en la que hablaba de la amistad y la naturaleza; y por otro Joe, una película de corte amargo con la que consiguió que Nicolas Cage se volviera a sentir actor. Y, como ocurre con Tarantino, se ganó la fama de un gran director de actores. Por tanto, Pacino a sus órdenes auguraba, al menos, buenas interpretaciones.

El peso de la película recae exclusivamente sobre el actor italoamericano. Su imagen ajada casa con la solitaria y desastrosa vida del personaje y esa sempiterna voz en off que guía la narración acaricia el oído del espectador con la elegancia de las baladas de Leonard Cohen.

Green, por su parte, exhibe musculo artístico sintiéndose seguro en su manera de rodar habitual, extendiendo los planos, fijando la mirada en objetos nimios y cediendo la belleza del conjunto a la banda sonora de los tejanos Explosions in the Sky. Es de lamentar únicamente ciertos despistes casi oníricos con los que pretende ensalzar el desdoblamiento del señor Manglehorn que se alarga hasta la extenuación.

Estando bien interpretada y mejor dirigida, se estaría hablando entonces de un título portentoso; sin embargo, no es así. El libreto del debutante Paul Logan tiene graves agujeros de los que no es capaz de salir, escondiendo mal las pocas cartas que tiene y relegando el interés de todo el conjunto a esos momentos lacónicos de nostalgia en los que se vislumbra el pasado del protagonista. Un pasado que se menciona pero no se ataca, que pilla de sobresalto cuando el hijo aparece en escena.

Señor Manglehorn no consigue escapar del cliché de título menor. En su propia concepción debió de sentirse la idea de película pequeña. Bien por un desgreñado Al Pacino al que ni le exigen ni se exige pero sale airoso. Mejor por un Gordon Green que ya ha sucumbido a los cantos de sirena de Hollywood. Y muy flojo el debut a las teclas del protegido del director. El bucolismo, la ensoñación y el desamor no elevan el vuelo pesado del tedio.

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