I Edición
Crítica de Cine: La soledad del corredor de fondos

La soledad del corredor de fondos

  • Título: Steve Jobs
  • Danny Boyle
  • 2015
  • EE.UU.

El anonimato del guionista parece estar llegando a su fin en los últimos años. Desde la aparición de Charlie Kauffman y la posibilidad de encontrar huellas autorales de su obra identificadas en filmes de distintos directores, la teoría del autor de Truffaut toma un par de pasos atrás. En el caso de Steve Jobs se puede ver más claramente como en cada reseña del film los críticos han buscado una continuidad discursiva con La red social (David Fincher, 2010) y Moneyball (Benneth Miller, 2011) más que en la filmografía de Danny Boyle. Y es que el diálogo largo fragmentado en caminatas y la incompatibilidad de la estabilidad emocional y el sueño americano son sellos personales mucho más presentes e importantes en Steve Jobs que el rápido ritmo de corte por el que es conocido Danny Boyle (estilo que aparece tímidamente en algunas secuencias del film).

Hay que reconocer que Sorkin hace una jugada con el formato narrativo de la película que resulta novedosa y efectiva. Contada en 3 actos, la película muestra la preparación previa de la presentación de los productos más importantes (a nivel de éxito o fracaso) de la vida del creador de Apple: la Macintosh, la (¿intencionalmente?) fallida Next y la iMac. Sorkin nos introduce a los minutos previos de estos momentos, dando espacios cortísimos para el desarrollo de estos productos en mercado, o para la planeación técnica anterior. Los 3 momentos escogidos por Sorkin parecen, en teoría, menos interesantes que otros hitos de la vida de Jobs, sin embargo, a fuerza de creatividad narrativa la película sale airosa de este ejercicio, pero con algunos reparos. Existe un arquetipo de personaje ingenioso desarrollado en los últimos años donde creatividad e inteligencia se mezclan. Impulsado principalmente por series (Dr. House, Walter White), son personajes que juegan su terreno en un peligroso umbral de verosimilitud, donde estilo prima sobre realismo. En el caso de una película biográfica este umbral se vuelve más delicado, y el juego entregado por esta estilización debe ser tratado con delicadeza. El solo improvisado de “Folsom Prison Blues” en la biopic de Johnny Cash es uno de los muchos ejemplos donde se prioriza dramatismo y guion por sobre verosimilitud. La astucia de Sorking juega peligrosamente con cruzar este límite, mostrando un Steve Jobs debatiendo su carrera entre genio comercial y comediante. La cantidad de punch-lines entregadas por Jobs resultan excesivas a medida que la cinta progresa. El discutir el significado de versos de canciones de Bob Dylan a literalmente segundos de levantar al telón es otro ejemplo de como el guion de Sorkin sacrifica parte de su realismo en virtud de un ritmo narrativo que no da descanso.

Respecto a estas incongruencias narrativas, el final redentor de Jobs con su hija peca de la mayor inverosimilitud en la cinta. En una película que traza un personaje mostrado como un monstruo emocional, donde el único humanismo que posee está en su fanatismo por la música folk, los últimos minutos mostrando a un emocionado y arrepentido padre entregan un forzado final que nos recuerda que a pesar de la novedad narrativa estamos ante un film hollywoodense en todos sus aspectos. Por más dibujos que haya guardado en su bolsillo sabemos que Jobs sigue siendo un incompetente a nivel humano. En contraste, el final redentor de Zuckerberg en La red social muestra como se puede cerrar con un mensaje parecido, pero creíble y profundo.

El punto más interesante de la cinta viene de la mano de las preocupaciones ideológicas de Sorkin. Declarado demócrata, su obra contrasta los ideales del sueño americano y el liberalismo económico. Una de las principales discusiones, mostradas en flashback es librada entre Jobs y su compañero de inicios, Steve Wozniak, respecto a si realizar un sistema abierto o cerrado. Mientras que Wozniak defiende la idea de que a la gente le gustaría tomar participación activa dentro de los sistemas operativos, Jobs sostiene que necesitan algo previamente armado para comprar, con una de las frases claves del film: “la gente no sabe lo que quiere hasta que lo ve”. Esta teoría sobre la publicidad y sobre la facilidad de conducir a la gente en el consumo es la gran guerra que Jobs mantiene con su compañero. En los dos primeros segmentos no está bien claro quién será el ganador, sin embargo en el tercero queda claro cómo la idea de Jobs prevalece. Pese a esto, existe una victoria emocional para Wozniak, Wozniak no renuncia a ser una persona funcional, y no renuncia a su humanidad. Esta sub-historia encapsula las ideas más interesantes de la cinta, y hace un paralelo respecto a la misma obra que estamos viendo. ¿Es una película un sistema abierto o cerrado?

1 Comentario

  1. Está muy interesante la crítica sobre la película, me gustaron bastante la mayoría de apreciaciones que haces sobre aspectos narrativos y cinematográficos… solo hay una cosa en la que difiero y es cuando hablas de la parte emocional “incompetente” del personajes de Jobs; no hablo en la vida real, pues no lo conocí – jejeje – pero creo que el personajes si va abonando de a poco momentos casi imperceptibles sobre la relación con su hija – quizás no sobre su entera humanidad -, comenzando por la primera vez que los vemos juntos, el solo juego de miradas e intensión en sus palabras – bien jugados por el director – cuando la ve dibujando y cuando dice que utilizó el “paint”, se nota que no se trata del todo de la máquina… sino mas bien de los dos…

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