I Edición
Crítica de Cine: Mujeres en pie de guerra

Mujeres en pie de guerra

  • Título: Sufragistas
  • Título Original: Suffragette
  • Sarah Gavron
  • 2015
  • Reino Unido

Es muy frágil el limbo que separa la necesidad de contar una historia que merece ser contada; y la engolación que eso puede provocar en el discurso de una película, esa pátina de encontrarnos ante algo importante, ante lo que, como aquí es el caso siendo el tema central de la cinta la Justicia más que el feminismo, es difícil establecer dobles lecturas o ambigüedades. Y a pesar de la diferencia de opiniones que Sufragistas ha provocado al respecto, pienso que la importancia moral de su trama y su mensaje no ahoga –del todo– su carácter artístico.

Y esto ocurre principalmente porque su equipo, delante y detrás de las cámaras, es casi enteramente femenino, luego su visión no sólo está contada desde un punto de vista discursivo, sino también vivencial. Es decir, Sufragistas es una película hecha para el cerebro pero con corazón, que sabe encontrar coherencia entre el drama íntimo y su carácter histórico. Además, al no plegarse específicamente a ser una biografía al uso (que podría haberlo sido, sobre el personaje de Emmeline Pankhurst, pionera del movimiento feminista; o el de Emily Wilding Davison, víctima auto inmolada por la causa), se libera de las cargas del género y puede ofrecer una visión más poliédrica del conflicto de esas mujeres sometidas al yugo de un mundo de hombres.

Es cierto que ciertas decisiones de la cinta le restan vuelo a la historia, como el dibujo de los personajes masculinos, a los que no obstante dos actores tan buenos como Brendan Gleeson y Ben Winshaw aportan complejidades; o el formal academismo de su puesta en escena y su desarrollo, arropado sin embargo por un excelente diseño de producción capaz de evocar de forma magistral los claroscuros de aquellas vidas contadas en mujer, por un guión en el que Abi Morgan encuentra más equilibrio que en aquel retrato de La Dama de Hierro; aunque por supuesto no llega a la superlativa cota artística de su obra maestra como guionista, Shame, obviamente.

Y aunque este párrafo que viene es una obviedad, sería casi una falta de respeto hablar de Sufragistas y no hablar de sus actrices, una serie de intérpretes, desde su protagonista hasta la actriz que sólo tenga una frase en su metraje, cuya convicción y pasión por la historia hacen que cualquier error de la película parezca nimio. Desde la suprautilizada imagen de Meryl Streep como Pankhurst, que aporta su carácter icónico al de esta mujer de tanto valor, hasta el trabajo rico en sutilezas de secundarias maravillosas como Helena Bonham Carter, Anne-Marie Duff o Romola Garai, y por supuesto la vital entrega de Carey Mulligan, cuya maestría como actriz no asombra porque ya ha hecho trabajos emocionales tan extraordinarios como este (An Education, Nunca me abandones, Shame, Drive, Lejos del mundanal ruido…), pero que crea a una heroína anónima desde su base, desde la complejidad de ser una mujer común a convertirse en una activista, en un arco de radicalización (una palabra hoy muy usada como algo peyorativo, pero esencial en la búsqueda de cierta justicia, como defiende Sufragistas) en el que toda la intimidad de lo que su personaje hace y siente se ve a través de unos ojos que siempre dicen la verdad. Su trabajo, como el de todas las actrices de esta cinta, es una especie de monumento a tantas mujeres que han rechazado poner la mejilla (una simple buena sonrisa) para convertirse en un individuo no mejor, ni desde luego peor, sino simplemente igual que cualquier hombre

Julio Rojas

26 diciembre, 2015
2.95 (22)
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