I Edición
Crítica de Cine: El Sexo y la Bomba

El Sexo y la Bomba

  • Título: ¿Teléfono rojo? Volamos Hacia Moscú
  • Título Original: Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb
  • Stanley Kubrick
  • 1964
  • Reino Unido

Demoledora sátira sobre la guerra fría, realizada en pleno apogeo de la misma (1964), y única comedia en toda la filmografía de Stanley Kubrick. La historia: un general norteamericano pierde la cordura y activa el protocolo para que una serie de bombarderos B-52 ataquen la Unión Soviética con armas nucleares, iniciando la Tercera Guerra Mundial. Cuando el presidente y resto de mandos descubren el hecho, naturalmente cancelan el ataque. Pero uno de los bombarderos, con problemas en las comunicaciones, no es informado de la contraorden y sigue adelante con su objetivo…

Remarcar que cada vez que Kubrick ha hecho una primera incursión en un género cinematográfico siempre ha intentado sentar cátedra en el mismo. Ya sea en el género bélico (Senderos de gloria) o en la ciencia-ficción (2001: odisea en el espacio). En el caso de la comedia, como no podía ser menos, Dr. Strangelove no es una comedia convencional. Su estructura y sobre todo su aspecto formal es harto infrecuente.

La original puesta en escena del film consiste en rodar una comedia como si no lo fuera. Aunque parezca un contrasentido, en las manos de Kubrick, deja de serlo. Y es que el contraste entre lo absurdo de la historia y la manera como se nos muestra es una de las bazas del film. Fijémonos por ejemplo en el increíble detallismo obsesivo del director y el gran realismo empleado en mostrar la cabina del B-52 donde transcurre buena parte de la acción. Uno llega a plantearse si es un decorado o bien un avión real. O el plató del gabinete de crisis donde se reúne el presidente de los EEU.UU. con sus colaboradores. ¿Verdaderamente es un plató? O los combates alrededor de la base militar recuerdan una película bélica con todas las de ley. Claro que si vemos la lucha fraticida entre las dos facciones de soldados con un gran cartel al fondo que reza “Nuestro oficio es la paz” mientras estallan las granadas y resuenan los disparos, el contraste que persigue Kubrick cobra sentido.

Mención a parte merece destacar la importancia soterrada del sexo en la película. Parece que Kubrick también se haya divertido mucho tratando este aspecto. El sexo es uno de los ejes centrales sobre los cuales bascula el film, aunque no lo parezca. Ya en la escena inicial, durante los títulos de crédito, vemos un avión militar repostando combustible en pleno vuelo. Hasta ahí nada extraordinario. Pero al contrario de toda lógica la banda sonora en este momento no es una música militar, sino que Kubrick opta por insertar una canción de tintes románticos. Y es que en el fondo estamos viendo dos cuerpos (dos aviones) unidos por un tubo por el que transita un fluido del uno al otro (¿dos aviones copulando?). Con Kubrick, todo es posible.

No olvidemos que el sexo es el detonante del drama. Cuando el general Jack D. Ripper (atención al nombre), confiesa los motivos de sus actos al oficial inglés interpretado por Peter Sellers, vemos que el hecho de haberse quedado impotente es lo que le ha motivado a creer que los comunistas han envenenado el agua de su país y lo que provoca su contraataque ordenando el bombardeo. O el personaje de George C. Scott, más pendiente a veces de su amante que de la crisis que vive el país, está también claramente dominado por el sexo. Por otro lado, cuando el desastre parece inminente, y va a ser necesario vivir durante mucho tiempo bajo tierra, los miembros del gabinete de crisis ya se friegan las manos contabilizando cuantas mujeres (todas ellas activas sexualmente) “tocarán” por hombre.  De hecho, el personaje más negativo del film, el doctor Strangelove que da título al film (y que no aparece en la novela), yace impedido en una silla de ruedas. El único personaje claramente asexual del film es el que se dedica a fabricar armas de destrucción masiva…

Más allá del estilo y del sentido del humor que bascula por todo el film, Dr. Strangelove está repleto de detalles y momentos para el recuerdo. Para empezar, la excelente composición de Peter Sellers en un triple papel: presidente de Estados Unidos, oficial inglés y el propio doctor Strangelove. O los muchos momentos hilarantes del film:  las conversaciones del presidente norteamericano con su homólogo ruso a través del teléfono rojo o el brazo del doctor Strangelove que no puede ser controlado y realiza saludos nazis espontáneamente. O la importancia de una máquina de Coca-colas para evitar el desastre nuclear. O el piloto yankee cabalgando sobre la bomba… Para el final del film, Kubrick nos depara una última nota de humor satírico, casi negro y hasta un punto cruel. Un gran final para una película absolutamente inclasificable.

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